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Miguel Angel Asturias, espejo de Guatemala
Por José Luis Díaz-Granados*/AG- Guatemala, 4 de noviembre de 2004

Un día 19 de octubre del año 1899, hace exactamente 105 años, nació en Ciudad de Guatemala uno de los más importantes escritores de su país, Miguel Angel Asturias, a quien debemos, además de su hermosa combinación de prosa perfecta con la más inusitada eufonía, el conocimiento cabal de la civilización maya y de sus maravillosas tradiciones y leyendas.

Siendo estudiante en París hacia 1924, trabajó bajo la dirección del profesor George Raynaud en la traducción del Popol-Vuh, el libro sagrado de los mayas, y años más tarde dio a conocer su primera obra Leyendas de Guatemala, la cual le dio notoriedad entre los círculos intelectuales parisinos, debido no solo a la carta-prólogo de Paul Valéry, sino a la portentosa y exuberante imaginación narrativa allí revelada.

Sus primeros poemas nos muestran a un Asturias más preocupado por la sonoridad y la belleza formal que del sentimiento, pero fue una novela, El señor presidente, la que consagró su nombre como una de las voces más auténticas del continente mestizo. Allí denunciaba las atrocidades y falacias de un tirano criollo a través de un idioma elegante entremezclado con juegos del lenguaje y experimentos surrealistas

"Alumbra lumbre de alumbre Luzbel de piedralumbre sobre la podredumbre...". Alumbra lumbre de alumbre Luzbel de piedralumbre... /Cada vez que se pasa el tren... Cada vez que se pasa el tren... Cada vez... Cada vez... Cada vez... Cadáver".

Asturias escribió novelas de una belleza nunca antes vista en nuestra América como Hombres de maíz y Mulata de tal, y de denuncia contra el saqueo imperial, como la trilogía bananera, inegrada por Viento fuerte, El papa verde y Los ojos de los enterrados.

Hace exactamente 40 años una invasión financiada por el gobierno de los Estados Unidos derrocó el gobierno popular de Jacobo Arbenz y Asturias padeció las penurias inenarrables del exilio. Pero su parábola vital se desbordaba de pasión creadora y maravillosas esperanzas.

Exiliado en Argentina y más tarde en Florencia y París, escribió sin descanso y viajó por el ancho y bello mundo predicando la paz y la amistad entre los pueblos.

En 1956 publicó un libro de cuentos sobre la infame agresión a su país, titulado Week-End en Guatemala y tres relatos poéticos muy bien recibidos por lectores y críticos, El alhajadito, El espejo de Lida Sal y Clarivigilia primaveral, publicados en 1961, 1963 y 1965.

Su obra poética, dispersa en revistas, plaquettes y antologías, fue recogida en un volumen titulado Sien de alondra, con prólogo del polígrafo mexicano Alfonso Reyes y dibujo de Toño Salazar. También por esos días escribió un canto a Bolívar y unos Ejercicios poéticos en forma de soneto sobre un tema de Horacio.

Cuando recibió el Premio Lenin de la Paz en l966, ya Asturias era admirado en el mundo como uno de los autores más enriquecedores del realismo mágico americano junto a Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo y Gabriel García Márquez. Además, ejerció durante muchos años el periodismo radial y escrito con una agilidad y destreza informativa ejemplares.

Y un 19 de octubre de 1967, cuando partía la torta por su 68 cumpleaños en compañía de su esposa argentina Blanca Mora y Araújo y de sus más cercanos amigos en la sede de la embajada de Guatemala en París, de la cual era titular, fue sorprendido con la noticia de que su prodigiosa carrera literaria acababa de ser coronada con el Premio Nobel de Literatura.

Con este galardón, la Academia Sueca reconocía en su obra literaria una de las creaciones estéticas más hermosas y rotundas de nuestra América, donde la más admirable sonoridad empata con la exactitud de su escritura para expresar el ardiente amor por su Guatemala natal, su pueblo y sus tradiciones, sus alegrías, dolores y esperanzas.

Al morir, el 9 de junio de 1974 en Madrid, España, dejaba varios libros inéditos y en preparación, especialmente uno de poesía que alcanzó a titular: Sonetos de Miguel Angel. Uno de ellos, llamado "Don Quimero", en alusión a sí mismo, dice así en sus dos cuartetos:

Mi libertad llamadla fantasía, /en todo lo demás soy prisionero. /Cárcel la realidad, la noche, el día,/la carne, el mundo, todo lo que quiero./Sólo me quedas tú, Santa Utopía,/para huir de mi instinto carnicero,/soñar despierto, sentirme todavía/como era yo cuando era Don Quimero"...

No cabe la menor duda que el pensamiento postrero de Miguel Angel Asturias fue para Guatemala, su "patria de las perfectas luces, de los perfectos mares, de los perfectos frutos".

*El autor es un escritor y periodista colombiano residente en Cuba. Colaborador de Prensa Latina.

Tomado de www.prensalatina.com.mx


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