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Guerrilleros que cuentan su historia
Por Juan Luis Font - Guatemala, 1 de noviembre de 2004

“Insurgentes”, el libro del comandante Santiago, sale al mercado esta semana.

Si en súbito arranque de sinceridad uno de esos oficiales, genios crueles que lograron para el Ejército el triunfo en la guerra, se atreviera a escribir su versión de la Historia, imagine usted lo que podría contarnos. Supongamos, por ejemplo, que el coronel Alpírez, el hombre de los fondos de la CIA, se animara a contar lo suyo. Imagine lo que podría decirnos Byron Barrientos.

Piense en Ortega. No olvide a Callejas. Si tan sólo uno de ellos estuviera dispuesto a abordar con franqueza lo que vivió en aquellos pavorosos años en que los militares regenteaban cárceles clandestinas, mantenían como prisioneros a los sospechosos de pertenecer a la guerrilla, torturaban con exquisita escuela y aprovechaban hasta la última gota de información para desbaratar a una red de insurgentes dispuestos a tomar el Palacio.

Si lo hicieran con la mitad de la franqueza con que el comandante Santiago de la ORPA narra su versión de la historia, aprenderíamos mucho todos. Y tendríamos, sin duda, un éxito de librería instantáneo que trascendería fronteras. Pero no tenemos eso. Tenemos el libro Insurgentes, la historia de Santiago, el médico que subió en 1981 a la montaña. Fue el último de cuatro hermanos, huérfanos de madre y con un padre apenas presente, en incorporarse a la guerra. Es de toda su familia el único sobreviviente.

Su libro me ha hecho recordar la emoción de la primera lectura de El Trueno en la Ciudad, de Mario Payeras. No hacía mucho tiempo que Santiago se había sumado a la guerra cuando sobrevino ese impresionante desastre para la guerrilla que supuso el desbaratamiento de la organización clandestina urbana. En su libro describe la angustia de percibir que los suyos han sufrido grandes bajas y la interminable espera hasta confirmarlo. Sus dos hermanas cayeron en esa exitosa arremetida conducida por los señores de la Cofradía militar. Una de ellas murió con el fusil en la mano. La muerte de la otra se pierde en la bruma de aquellos tiempos en los cuales los militares hacían cualquier cosa para obtener los datos que los condujeran a descubrir a más enemigos. ¿Hablamos de franqueza? Pues en el libro se habla de la muerte no deseada, pero sí provocada del Cónsul de Noruega en Guatemala, del asesinato de la mujer del comandante ‘Pancho’ en México, atribuida por algunos a la desaparición de fondos de la guerrilla. Se habla también, con lujo de detalles, de la responsabilidad en la masacre de El Aguacate.

Es una obra que vale la pena leer, incluso para quienes ven con indiferencia esta tragedia nacional que llevó a miles a sumarse a una lucha tan trabajosa como lacerante. Insurgentes es apenas una oportunidad para conocer más.

Ya vendrá algún día, con suerte, la otra versión de la Historia.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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