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Hijos de la violencia
Por Juan Luis Font - Guatemala, 18 de abril de 2005

Las fotografías de una gran profesional

Breve de estatura, silenciosa, risueña, Sandra Sebastián se mueve con tanto sigilo detrás de su cámara, que en el lugar de la acción parece ausente. Hasta que publica su trabajo, claro. Entonces uno puede acceder a la imagen más conmovedora.

Hay una en especial que no puedo recordar sin sentir ganas de llorar. En una camioneta extraurbana, una niña de poco más o menos dos años habla a su mamá, desfalleciente después de haber cometido la impertinencia de ponerse de pie mientras los asaltantes del bus y un pasajero armado cruzaban unas cuántas balas. La mujer no ha muerto aún, pero está a punto de hacerlo, como la pasajera del asiento de adelante, presuntamente abuela de la niña. Los asaltantes no están en el cuadro. Murieron a manos de ese hombre que desapareció sin dejar rastro ni permitirles que robaran a los viajeros. ¿Era un militar encubierto entre los pasajeros para ajusticiar a los ladrones? ¿Era un parroquiano harto de los abusos de los cuatreros? ¿Era un traficante que no podía permitir que le robaran lo que llevaba consigo?

Sandra iba esa mañana en el bus rumbo a la costa. Por eso tuvo acceso a la imagen más pura. Aún así o quizá precisamente por eso se hace difícil entender cómo los fotógrafos pueden sacar su cámara ante las circunstancias más penosas y buscar el encuadre y disparar sin preguntarse mucho si es eso lo que más conviene. Sandra lo ha hecho cientos de veces. En la exposición de su obra titulada Hijos de la Violencia, que cerrará el 30 de abril en en el Instituto Guatemalteco Americano, se encuentran ejemplos de esas ocasiones. Y se constata que la violencia es una gran puta. Cuando alguna vez los choferes de buses de este país, hartos de protestar con el paro en contra de la delincuencia a la cual se encuentran sometidos en la ciudad y en las carreteras quieran enfrentarnos a todos con sus padecimientos diarios, podrán acudir a Sandra Sebastián. De su talento se registra prueba casi todos los días en elPeriódico. No es la única de su familia con ese don. Su hermano Carlos es también un gran fotógrafo.

Sandra es una amante del buen cine y en esta redacción nos damos cuenta que sus recomendaciones suelen ser las mejores.

Es un acierto que empecemos a valorar la labor de quienes todos los días se arriesgan un poco para dejar testimonio de nuestras vidas y lo que nos rodea. Los fotógrafos en especial se encuentran sometidos a grandes riesgos y no suelen ser, en la escala laboral de los periodistas, los más reconocidos o acaso los mejor remunerados. Sin embargo, sus obras marcan nuestros tiempos y hacen huella en nuestra memoria de manera más inmediata y más elocuente que cualquier otro estímulo.

Aproveche en estos días la rara ocasión de encontrarse con algunas de esas imágenes. Visite la muestra de Sandra Sebastián.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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