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¿Puede hablar el indígena?
Por José Luis González González - Guatemala, 23 de agosto de 2016

¿Debe o no debe hablar el intelectual “por” el subalterno?

¿Quién habla “por” la Guatemala profunda?


Desde luego que no existe una prohibición como tal para que un individuo, en ejercicio de su derecho de libertad de expresión, pueda hablar y expresar lo que quiera y, aún, de lo que no ha vivido o de lo que sepa a medias, que creo que es bastante más común de lo que suponemos. Este es un derecho irrestricto que no debiera limitarse; sin embargo, la cuestión, a mi juicio, no se trata de hablar o no hablar físicamente, sino más bien si en Guatemala existen lugares de enunciación que permitan que las voces puedan ser escuchadas y, si cuando se pronuncia una persona que se autoadscribe como indígena, su habla adquiere un estatus dialógico y logra ocupar una posición discursiva desde la que puede hablar o responder.

Hay un factor de poder en este tema que no puede ser soslayado. La Guatemala que adoptó el proyecto de la civilización occidental, con sus normas, aspiraciones y propósitos, y que impuso el español para que en ese idioma, en todo su territorio, se expresara y gobernara, conforma —conformamos— el sector hegemónico. Y vale aclarar que esta noción gramsciana de hegemonía hace relación al papel del sistema legal, económico y político en la construcción de un sistema de dominación que, desde luego, cuenta con la aceptación de los grupos subalternos, conformados éstos por quienes están arraigados en formas de vida de estirpe mesoamericana, particularmente los idiomas con los que se expresan. Aquí debemos entender que el indígena se constituye en un sujeto subalterno porque acepta en forma pasiva y voluntaria las estructuras de dominación que ha impuesto el sector hegemónico.

Los pueblos indígenas que hablan en su idioma en su día a día, desde la perspectiva del sector hegemónico, conforman la otredad que resiste ser contenida, pero que mediante los incontrovertibles procesos culturales de hibridación, son asimilados, fusionados y transculturalizados. Sin embargo, el idioma autóctono es clave aquí, porque de esta forma el subalterno presenta posibilidades contrahegemónicas, no como una otredad inviolable desde el exterior, sino desde dentro del funcionamiento del poder, forzando contradicciones y dislocaciones en el discurso dominante.

Simone de Beauvoir señaló que en una sociedad moldeada por los hombres —que es un sector hegemónico—, las mujeres —sujetos subalternos— son seres relativos que existen en relación a los hombres. Si esta francesa fue acertada en este pensamiento, que creo que es difícil de contradecir, de la misma forma, Guatemala está moldeada, legitimada y regida por un proyecto de modernidad occidental que inició hace varios siglos atrás y que tratamos de explicárnoslo con conceptos “universales” que formulamos en español. Este es el lugar de enunciación en el que hablamos de nosotros y de los “otros”. ¿Y la voz del subalterno indígena desde qué lugar habla? ¿En qué idioma lo debe hacer para ser escuchado? Las historias que cuenta el sector subalterno, por su misma condición, son historias subterráneas que, a la par de la historia oficial, es la historia no historiada.

El filme Ixcanul hablado en Kaqchiquel es un excelente desafío y una necesaria posibilidad contrahegemónica. ¿Pero por quién está hablando ahí?

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