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El erotismo todavía escandaliza
Por Jessica Masaya - Guatemala, 21 de julio de 2005
jmasaya@sigloxxi.com

Poemas de la izquierda erótica (trilogía). Ana María Rodas. Editorial Piedrasanta, Guatemala 2005. 246 páginas.

Cuando en 1973 la sociedad guatemalteca leyó los versos "Ya no sonriamos/ ya no más falsas vírgenes/ Ni mártires que esperan en la cama el salivazo ocasional del macho", de Poemas de la izquierda erótica, cundió el escándalo. Que una mujer, en aquel tiempo una Ana María Rodas de 36 años, se atreviera a hablar de esa manera, aunque lo hiciera por medio de la poesía, era algo impensable. El lenguaje ya no encubría con eufemismos lo que las mujeres piensan, y las cosas fueron llamadas por su nombre, de manera directa, tal como lo habían venido haciendo los hombres.

Ahora que se publica una nueva edición, 32 años después del escándalo inicial, todavía es raro que una mujer pueda sentirse libre y asumirse más allá del rol 'virginal' que se le impone. Si bien el contexto ha cambiado, pues el panorama social es otro y la conducta femenina ha evolucionado, la imagen con la que se pretende presentar a la mujer guatemalteca sigue siendo casi la misma. Por eso, la recopilación en un sólo libro de Poemas de la izquierda erótica, Cuatro esquinas del juego de una muñeca y El fin de los mitos y los sueños se presenta como un texto todavía coherente con las nuevas generaciones. A sus 68 años, Ana María Rodas aparece como una feminista incendiaria y apasionada, que encontró duramente el camino hacia la emancipación.

Lo anterior queda explicado en "La muerte de los padres. Carta a los padres que están muriendo", del libro Cuatro esquinas del juego de una muñeca, que salió en 1978. Puedo presumir que cuando entonces la leyeron las mujeres contemporáneas de Rodas fue como una revelación; también cuando yo la leí en 1999 causó un profundo impacto en mí. Y cuando la lean las mujeres de hoy les impresionará de igual manera. Y es que en esta carta una mujer está liberándose de lo que le había impedido ser ella misma. Pueden ser precisamente los padres, o quizá el novio, el esposo, los hermanos, los amigos, las instituciones, las influencias, el qué dirán, todo eso queda atrás. Rodas, y todas las mujeres que dan ese paso, termina con un irreverente "Y me largo" por despedida.

En la parte final del libro encontramos El fin de los mitos y los sueños, que apareció en 1984. En la presentación, la autora explica que estos versos fueron escritos a finales de los años 70, cuando estaba en una etapa de dolor, angustia y soledad, lo cual es evidente. "No hay palabras/ la prisión es demasiado grande/ y estoy sola".

Tal vez la razón por la que la mujer guatemalteca común puede identificarse con la obra de Ana María Rodas, es que no refleja una heroína feminista infalible. Por el contrario, en su literatura la vemos desde su papel de mujer oprimida que un día, luego de un largo proceso y conociendo perfectamente al dominador, le da la espalda y empieza a vivir su vida de otra manera. "Hoy he descubierto la belleza/ de ser yo misma".

Fuente: www.sigloxxi.com - Magazine 21


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