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Volver a las fuentes de la izquierda
Por José Mariano González Barrios [1] - Guatemala, 6 de diciembre de 2007
magopsi@yahoo.com.mx

Advertencia

La presente reflexión tiene diversas fuentes. La principal es el desasosiego y preocupación que causa el dominio del pensamiento conservador en los grandes medios de comunicación y, mucho más importante aún, en la sensibilidad cultural hegemónica, en el ejercicio del poder en distintos ámbitos y en la vida cotidiana como lugar fundamental de reproducción del sistema. Una sensibilidad de derecha (de tinte neoliberal) se ha logrado posicionar como sentido común y ha logrado hacerse efectiva en la gente[2]. Esto es lo verdaderamente crítico. Frente a ello, creo necesario volver a escuchar las fuentes vivas de la izquierda, que se encuentran en el sujeto humano. Lo que aquí se dice procura mostrar brevemente algunos aspectos de esta raíz profunda de la izquierda.

En términos conceptuales, las referencias están indicadas en la bibliografía, aunque quisiera plantearse que el contacto con Franz Hinkelammert y Helio Gallardo en un curso de 2006 en Costa Rica fueron decisivos. Sobra decir que ambos pensadores no tienen ninguna culpa por lo que aquí se expresa. No obstante, espero que su huella no sea malinterpretada.

Una fuente más inmediata es el artículo “La propiedad privada de la izquierda” de Mario Castañeda, que aparece en la página de la revista electrónica www.albedrío.org. En su última línea lanza la pregunta: ¿qué es ser de izquierda en el presente? Aquí se intenta dar una respuesta: ser de izquierda en el presente es asumir criterios y valores que ya han sido producidos por una rica tradición pero que la hegemonía de derecha ha condenado al olvido o ha condenado a la creencia de que ya no son válidos y más aún, que nunca fueron válidos. Por supuesto que lo que aquí se plantea es una respuesta posible. Y más que eso, habida cuenta del carácter sintético y fragmentario que posee (planteándose como tesis), es tan solo una invitación a la siempre permanente exigencia del ejercicio del pensamiento y la reflexión.

Por último, quisiera señalarse que cierta urgencia interna ha alentado plantear estas reflexiones incompletas y construidas a partir de materiales muy desiguales, con un también desigual tratamiento. El riesgo de presentarlo así se compensa por las dificultades que exigiría en términos de tiempo, fuentes y talento, el realizar una reflexión más acabada y originar así, su postergación indefinida.

Volver a las fuentes de la izquierda

Tras sucesivos enterramientos, múltiples acomodos e infinidad de descalabros, desilusiones y decepciones personales y colectivas, a cuál más doloroso y traumático, vale la pena volver a escuchar las palabras del pasado y retomar las fuentes del pensamiento y prácticas de izquierda. Quizás la actitud de escuchar palabras que vienen del pasado tenga mucho más que decir sobre el presente y sobre el pensar a futuro de lo que para el sentido común se hace sospechar.

Como la izquierda no es iglesia ni sus postulados son dogmas religiosos, se puede y se debe reflexionar continuamente sobre sus fundamentos, sus objetivos y sus métodos. Plantear el recurso a las fuentes de la izquierda, es reflexionar sobre la necesidad de crear una actitud y sensibilidad propias de la izquierda, buscando raíces vivas y criterios orientadores para el pensamiento y la acción de izquierda. Este recurso a las fuentes no significa, actitud muy difundida en algún momento, entresacar algunas citas de la ortodoxia, sino pensar sobre las condiciones que hacen posible y necesaria a la izquierda en el momento histórico en el que se vive y que, frente al pensamiento y gruñido únicos del pensamiento conservador, especialmente de la versión más agresiva que es la neoliberal, se pretende hacerla inerme, ineficaz y “desarmada”.

Proponer un criterio de izquierda no significa reducir el amplio espectro de la izquierda, que se expresa en múltiples formas y se dirige a luchas distintas. Ya se verá que existen diversos planos donde la acción de la izquierda o las izquierdas es valioso. La cuestión, no obstante, es pensar un criterio analítico que, en mayor o menor medida, sea propio de las distintas posiciones de la izquierda frente a la dramática realidad de miseria, exclusión y empobrecimiento del mundo “globalizado” en el que nos encontramos.

Al respecto, hay una proposición profunda de Marx que bien se pudiera usar de divisa respecto a una izquierda que no se involucre, desorientadamente, a una política de compromiso y que además, sirva como instrumento de discernimiento para una radicalidad necesaria:

La crítica de la religión desemboca en la doctrina de que el ser humano es el ser supremo (no la esencia suprema) para el ser humano y, por consiguiente, en el imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en que el ser humano sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable (APUD Hinkelammert, F. 2007[3]).

Se necesita tomar totalmente en serio esta idea de Marx. Si se considera que, por lo menos en las llamadas sociedades del tercer mundo, los contextos sociales son contextos en los que se producen relaciones en las cuales los seres humanos son continuamente humillados, sojuzgados, abandonados y despreciables, la tarea de la izquierda, en este sentido heredera con pleno derecho de las promesas más ambiciosas de la modernidad, no se dirige a buscar paliativos para esta situación, sino a trabajar por la consecución del imperativo categórico de echar estas relaciones por tierra y actuar en la raíz de los problemas.

En otras palabras, si lo real constituyente de estas sociedades es precario, violento y empobrecedor, la izquierda se plantea la tarea de buscar la transformación y liberar al ser humano de esa precariedad, violencia y empobrecimiento.

Conceptualmente se puede proponer que la dominación se expresa de múltiples formas y no existe un eje jerárquico de dominación al cual se supediten todos los demás. Hay formas de dominación socioeconómica, libidinal, cultural, política y geopolítica, que se combinan y refuerzan en lo real, pero que no son reducibles unas a otras. El campo de trabajo de la izquierda es, en consecuencia, amplio y abierto a las necesidades que se presentan frente a las distintas dimensiones de la dominación.

Existe una dominación real en el ámbito socioeconómico que es central. Al mismo tiempo en que se produce riqueza (aceptemos provisionalmente esta expresión), se producen posiciones sociales asimétricas y contradictorias, aunque el imaginario dominante y una mirada ingenua no puedan considerarlas así. En el mismo momento que se produce riqueza en una fábrica, se producen empresarios y trabajadores de maquila que se encuentran con posibilidades muy distintas en cuanto a la capacidad de hacerse sujetos de su propia existencia. Socialmente expresan realidades distintas, con diferenciales de poder muy distintos y con posibilidades vitales muy diferentes. Al mismo tiempo en que se reproduce el sistema, se crean opulentos y empobrecidos, lo cual es parte del funcionamiento normal del capitalismo que continuamente destruye las dos fuentes de riqueza: naturaleza y trabajo. Considérese la destrucción del medio ambiente como resultado de las elecciones racionales propias del capitalismo que en conjunto producen un efecto irracional.

De forma esencial, la izquierda es heredera de las promesas de la modernidad, pero también heredera de una espiritualidad que está presente en la religión cuando ésta pone su vista en este mundo y el acento se coloca en que la justicia se haga efectiva para todos. Se puede revelar sorprendente este “descubrimiento” de la tradición humanista y emancipatoria de la religión, pero bien lo han sabido muchas tradiciones cuando se colocan del lado de la justicia en este mundo (lo que significa colocarse a la par de los pobres, explotados, ninguneados…). Esta visión es la de una espiritualidad ligada a la vida real y concreta de los seres humanos:

“La tarea de la espiritualidad es recuperar la inspiración que en el pasado ha guiado a las religiones, a saber, hacer justicia en un mundo de miseria y necesidades. El aspecto realmente notable de esta reflexión es éste: si resulta que el punto de partida es la comida y el vestido, es decir, satisfacer las necesidades materiales, lo espiritual consiste en empeñarse en que coman todos. La espiritualidad es la palanca que moviliza al individuo o a la colectividad para que todos coman. Esa palanca tiene el nombre de justicia reparadora. La esencia de algo tan noble como lo espiritual es la comida para todos. La justicia no es fuego divino robado a los dioses, sino la aproximación a la boca de los necesitados del pan que les da vida” (Mate, R. 2006; 103).

Sin embargo, la emancipación de la dominación socioeconómica o de su rostro más doloroso, la pobreza, no es la única que se propone la izquierda. La dominación violenta del hombre sobre la mujer, o las creencias idolátricas y actitudes fatalistas producidas por cierto tipo de espiritualidad son expresión de otras formas de dominación. En el caso particular de países como Guatemala o Bolivia, la lucha contra el racismo es otro eje central de la izquierda. Contra todas estas formas de dominación es que la izquierda (o izquierdas) hace frente, resistiendo, buscando la emancipación y la liberación.

Este trabajo arduo y difícil no tiene un tiempo preciso de realización y no está garantizado más que en su propia práctica reflexiva, humana, liberadora. Es un proceso constante que no tiene un final feliz asegurado, pero que en su testimoniar, cumple parcialmente al menos, con la tarea de emancipación y humanización progresiva. Como no hace suyos valores del mercado como el éxito y la eficiencia, sabe que en la lucha continua y en la resistencia prolongada se encuentra también su valor y razón.

Por todo lo anterior, se debe superar la idea de que lo propio de la derecha es perseguir la “libertad” y lo propio de la izquierda es perseguir la “igualdad”; lo que se debe buscar desde la izquierda es el proceso constante de liberación de todo aquello que haga del ser humano un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable. De igual forma, es necesario arrebatarle a la derecha (se reconozca como tal o no) la bandera-fetiche de la libertad y plantear la necesidad continua de liberación como valor de una práctica de izquierda consecuente.

La práctica de la(s) izquierda(s) sobre el criterio de la emancipación y liberación utiliza todos los recursos posibles para mover y cambiar las condiciones de opresión y dominación. Esto incluye reacciones como la indignación, la cólera, la irritación y la vergüenza que se encuentra en las diversas situaciones de empobrecimiento. Esto se puede expresar bajo el concepto de “experiencias de contraste” (H. Gallardo), que muestra la distancia efectiva entre la vida actual y otras posibilidades de vida. También se encuentra en todas aquellas actitudes que provocan la reflexión entre la desigual e injusta estructura del mundo.

“Me acuerdo de cómo me gustaba Platón. Hoy sé que mentía. Porque los objetos sensibles no son el reflejo de ninguna idea, sino el resultado del sudor y la sangre de los hombres. Fuimos nosotros los que construimos las pirámides, los que arrancamos el mármol y las piedras de las calzadas imperiales, fuimos nosotros los que remábamos en las galeras y arrastrábamos arados, mientras ellos escribían diálogos y dramas, justificaban sus intrigas con el poder, luchaban por las fronteras y las democracias. Nosotros éramos escoria y nuestro sufrimiento era real. Ellos eran estetas y mantenían discusiones sobre apariencias. No hay belleza si está basada en el sufrimiento humano. No puede haber una verdad que silencie el dolor ajeno. No puede llamarse bondad a lo que permite que otros sientan dolor. (APUD Mate, R. 2006; 121).

¿Qué criterio puede orientar a la izquierda si las condiciones existentes no hacen posible la progresiva emancipación y liberación humana? Ante la idea de que la izquierda es utópica (desvalorizando el sentido de la utopía) y que no es realista, que no puede hacer “propuestas”, la izquierda recurre a la resistencia y a la crítica ante las condiciones de dominación y ante el pensamiento conformista. Está en el ambiente la idea, reaccionaria por cierto, que no es posible una protesta sin propuesta [4]. Pero si no es posible la construcción positiva, entonces la izquierda tendrá que realizar una acción negativa. Resistencia y crítica serán sus horizontes. La izquierda actúa y piensa como si lo dado no fuera definitivo. Es cierto que en determinados momentos como el que se vive, habrá sólo la posibilidad de resistir. Pero eso significa que algo es posible [5].

Esto tiene una derivación importante. La negación de condiciones de opresión también implica una profunda afirmación. Camus lo dice de manera muy clara: el hombre rebelde es el que dice no (Camus, A. 2005: 21). Pero al tiempo que dice no, que pone un límite a una condición intolerable, se está afirmando. Su propuesta es su no. Es la afirmación de su corporalidad y subjetividad. He allí un recurso de izquierda: la resistencia. Y en el plano intelectual, si no es posible la “propuesta positiva”, entonces se hará necesaria la actividad crítica. Es un trabajo constante de la izquierda que hace suya la idea de rechazar todo lo que es injusto para el ser humano. La resistencia y la crítica significan un rechazo a las condiciones violentas e injustas en nombre de la vida humana. Y la vida humana concreta: los seres humanos vivientes, corporales, necesitados (según la conceptualización de F. Hinkelammert).

¿Todos estos criterios/ valores de liberación, resistencia y crítica son fáciles de cumplir? Por supuesto que no. ¿Quién dijo que debieran serlo? Además de las dificultades que supone en sí el cambio, la sensibilidad dominante, que es sensibilidad de dominación, instala en la subjetividad social e individual profundos mecanismos inerciales, fatalismos, negaciones, etc., que se han impuesto poco a poco como sentido común, como verdad incuestionable del pensamiento único. Por ello y por condiciones históricas concretas, ahora es muy difícil remontar una actitud fatalista que mira a la izquierda encajonada en una sola forma de actuar, trasnochada, sin vigencia o castrada, encargada de administrar la crisis que le deja la derecha. Y se apuesta todo al compromiso y a la participación en un sistema que de entrada, le ata de manos.

Por ello es que hay que empezar a pensar desde la realidad en que se vive. No hay recetas específicas para la acción. Y no obstante, existe una tradición fuerte y viva de la izquierda que puede dar criterios de orientación y de análisis: liberación, resistencia y crítica que deben ser puestos en juego en la realidad y que demandan un conocimiento efectivo del mundo y no un conocimiento de cómo es el mundo a la medida de nuestros deseos.

Regresar al sujeto humano y regresar a la realidad doliente. Los profundos dolores que la realidad provoca en los sujetos empobrecidos son asideros para esta orientación de izquierda que se quiere plantear. El contraste entre una realidad que agobia, violenta y empobrece a los sujetos y los sueños, ilusiones, esperanzas, memorias de otras posibilidades son fuente existencial de la izquierda. Claro que se necesita organizar estas fuentes humanas; la acción de la izquierda no va a encontrarse dada por la existencia de una mano invisible o un soplo divino, sino del esfuerzo sostenido de aquellos que se dejen interpelar por una realidad dolorosa.

Nunca está desactualizado el empeño común de buscar nuevas formas de existencia que supongan una continua liberación o la creación de un mundo humano, donde exista la justicia como experiencia efectiva para todos los habitantes y no sólo como privilegio para algunos. Esta ambición es motor de las luchas de quienes no tienen el gozo efectivo de sus derechos y de la justicia. No se advierte por qué se tendría que quitar este motor de cambio, a menos que se haya decidido de antemano que o es ideal inalcanzable o las personas no lo merecen. Ninguna de estas razones hace justicia a las aspiraciones de izquierda. Que en última instancia encuentra su razón en el sujeto humano.


NOTAS

[1] Psicólogo, docente de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

[2] Esto es muy válido para Guatemala y muchos otros espacios geográficos y culturales. Otras experiencias como las que se realizan en Venezuela, Bolivia y Ecuador abren expectativas distintas y prometedoras, aunque no generalizadas.

[3] El paréntesis es agregado de Hinkelammert que coteja la traducción española con el original alemán.

[4]Como si la propia derecha tuviera una propuesta racional para adelantar y que no sea una formulación de deseos o pensamiento reificado. Para ser lo más gráfico, ni siquiera los estadounidenses saben cómo salir de Irak y se pide a los movimientos sociales tener “propuestas”. Esta es una sensibilidad reaccionaria, que sirve a la derecha, ¡que es de derecha!

[5]Otra vez se puede recurrir a una voz del pasado. Julius Fucik en su conmovedor libro “Reportaje al pie de la horca” recuerda que incluso en la prisión se hacía posible, necesaria y deseable la resistencia, esto es, conservar la sobrevivencia de lo humano en el hombre. “La “400” era una trinchera avanzada, totalmente cercada por el enemigo y sometida a un fuego concentrado, pero que jamás pensó en rendirse. Sobre ella flotaba la bandera roja y en su seno se manifestaba la solidaridad de todo el pueblo, en lucha por su liberación” (Fucik, J., versión electrónica).

BIBLIOGRAFIA

Camus, A. (2005) El hombre rebelde . Trad. Josep Escué. Alianza Editorial, Madrid.

Figueroa, C. (1999) Los que siempre estarán en ninguna parte. La desaparición forzada en Guatemala . Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP, México, D.F.

Fucik, J. Reportaje al pie de la horca , versión electrónica en http://www.pacocol.org/es/Biblioteca/fucik.pdf

Gallardo, H. (2005) Siglo XXI. Militar en la izquierda . Arlekin, San José.

Gallardo, H. (2006) Siglo XXI. Producir un mundo . Arlekin, San José.

Hinkelammert, F. (2003) El sujeto y la ley. El retorno del sujeto reprimido . EDAF, San José.

Hinkelammert, F. (2007) “Pensamiento crítico y crítica de la razón mítica”, Revista Pasos 130 en http://www.dei-cr.org/pasos.php?pasos_actual=130

Mate, R. (2006) Medianoche en la historia. Comentarios a las Tesis de filosofía de la historia de W. Benjamin . Trotta, Madrid.

Tafalla, M. (2003) Teodor W. Adorno . Herder Editorial, S.L. Barcelona.

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