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Alto a la discriminación
Por Jorge Raymundo - Guatemala, 16 de marzo de 2005

El juicio por discriminación es una gran lección para todos, los discriminadores ahora pensaran dos veces antes de cometer tal delito.

En estos días hemos asistido al juicio por discriminación y racismo que la premio Nobel de la Paz 1992 Dra. Rigoberta Menchú Tum ha seguido contra cinco miembros de una turba que la agredió física y verbalmente en octubre del 2003, en la Corte de Constitucionalidad.

De este juicio se ha dicho mucho. Se ha dicho por ejemplo que es histórico, que es el primero que se lleva a cabo en Latinoamérica, que es ejemplar, etc. En Guatemala, país diverso en lenguas y culturas, la discriminación por razones étnicas es una enfermedad muy enraizada, especialmente contra población maya.

Lo más grave es que estas actitudes y prácticas discriminatorias están tan arraigadas al punto de que en el mismo juicio han aflorado en la manera en que los encausados y sus defensores se comportan e intimidan a la ofendida.

Por ejemplo, uno de los abogados defensores, a la hora de formularle preguntas a la Premio Nobel, lo hacía con los mismos ademanes que utilizaron los acusados el día de los hechos, con las manos, los gestos, las miradas y la voz, como queriendo intimidar de esa manera a la testigo. Al punto que el presidente del Tribunal le llamó la atención al abogado y tuvo que retirarse al estrado, desde donde debió hacerle las preguntas.

Se ha dicho también que si esto ocurre en instituciones como la Corte de Constitucionalidad o en este caso en la Corte Suprema de Justicia, qué puede esperarse de lo que sucede a diario y en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

La discriminación se da de diferentes formas y en diferentes sitios, especialmente por razones étnicas y de género. Este juicio sólo ha sido posible gracias a la tenacidad, el apoyo y los recursos políticos con que cuenta la Premio Nobel. Sin embargo, no ocurre así con innumerables casos de discriminación denunciados y no denunciados, que se dan especialmente en contra de población maya.

En la medida en que avancemos en permear estas actitudes y conciencias racistas en la escuela, en los medios de comunicación, en las universidades y en los hogares, no habrá necesidad de llegar a tribunales para hacer que se respete a las personas como tales.

En el presente caso quizá no se espera que a los acusados los condenen con cárcel, porque el sistema de justicia será benevolente con ellos, pero sí se espera que sean declarados culpables por el delito de discriminación y como tal, merecen castigo.

Además, el hecho de estar ante un tribunal y oír de la ofendida, de los testigos, de expertos y expertas que los insultos proferidos contra una mujer indígena es discriminación, eso ya es bastante como para sentirse mal, eso ya es indigno para ellos, sus hijos y nietos. De aquí en adelante los discriminadores eternos de este país lo pensarán dos veces antes de cometer tal delito.

Fuente: Prensa Libre www.prensalibre.com


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