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El matrimonio entre “esos”, los diferentes
Por J. Santos Coy - Guatemala, 8 de julio de 2005

De generalizarse en las legislaciones de más países –además de Canadá y España- el matrimonio entre personas del mismo sexo, ¿qué ocurrirá con la institucionalidad actual del matrimonio? ¿Es de verdad el matrimonio una relación social-legal que asegura la estabilidad emocional de las personas –de diferente sexo- que lo contraen? ¿Tendrá el mismo efecto tranquilizador sobre los homosexuales que se casen? El matrimonio entre personas del mismo sexo ¿destruirá la vida familiar?

Un montón de tinta, papel y argumentos se están gastando para agregar más preguntas y más dudas al controvertido tema del matrimonio entre dos personas del mismo sexo aunque diferentes en sus preferencias de acoplamiento sexual. Entrecomillemos algunos de los argumentos que se esgrimen por parte de los sectores mojigatos y reaccionarios para después rebatirlos con lógica racional.

“El matrimonio entre dos personas del mismo sexo es antinatural porque no puede haber gestación ni descendencia.” El matrimonio no es sólo para tener descendencia. Si este argumento se insertara en alguna ley, habría que prohibir el matrimonio entre aquellos hombres y mujeres que, por una u otra razones, son estériles y que, casados, no pueden tener descendientes.

“Es pecado en contra de la religión.” La relación entre homosexuales que se unen es entre adultos que consienten hacerlo en ejercicio de sus libertades individuales. ¿Qué es más grave y pecaminoso: que ambos consientan una relación homosexual o un abuso sexual de un cura pederasta en contra de un menor o el estupro del padre Amaro? La mejor religión es dejar hacer a los demás lo que quieran siempre que no viole derechos de otros humanos.

“El matrimonio es una institución en la que debe prevalecer el amor natural”. El matrimonio permite que dos o más personas que componen la familia nuclear se demuestren amor unas a otras, que compartan un ambiente agradable que les permita desarrollar y demostrar su afecto. Nada impide que eso se dé entre personas del mismo sexo. ¿No ama una madre a sus hijos varones y mujeres? ¿No ocurre lo mismo con el padre? ¿No se profesan amor los hermanos entre sí sin distingos de sexo?

“El tener dos padres del mismo sexo acarrearía graves daños sicológicos a los hijos, en caso se permitiera la adopción.” El niño necesita afecto, amor y atención. La distinción entre padre y madre es un maniqueísmo cultural y social. ¿No prevalece en Guatemala el crecimiento en número de hogares materfocales? ¿Qué es más traumático para un niño: resolver una dicotomía social-cultural o no tener el afecto de una pareja? ¿No será menos traumático que un niño crezca en un hogar, aunque sea formado por dos personas del mismo sexo, que el convivir en hogares donde la violencia y el abuso de uno o ambos padres es el pan de cada día? ¿Cómo creen que se han desarrollado los huérfanos del conflicto armado que fueron acogidos por madres viudas?

“El matrimonio asegura la fidelidad entre cónyuges”. El matrimonio monogámico ha fomentado la poligamia irresponsable y, en menor medida, la poliandria. Debe tenerse en cuenta que el humano, y todos los seres vivos, no son monógamos; está demostrado que son monógiros –esto es, se aparean con una sola pareja a la vez-.

“El matrimonio así concebido puede acarrear caos y provocará que se casen ya no sólo dos, sino tres o más personas sin importar el sexo”. El acoplamiento sexual entre humanos, físicamente hablando, sólo puede darse entre dos a la vez. En otras palabras, el humano tiene limitaciones que lo hacen monógiro aunque la realidad nos demuestra que no siempre es monógamo.

“Mejor abolir el matrimonio para cortar de tajo la posibilidad de aberraciones”. De hecho, el matrimonio como institución está en crisis. Cada vez más es mayor el número divorcios al igual que el de jóvenes que conviven por un tiempo para conocerse y después deciden separarse o continuar unidos en la mayor parte de los casos. Una visita a los registros civiles demostrará que el número de matrimonios legales, en términos cuantitativos, ha disminuido y es casi igual al número de divorcios legales.

“Los homosexuales son incapaces de sostener relaciones duraderas y enriquecedoras”. Al contrario, los homosexuales llevan relaciones de pareja de más largo aliento y estabilidad. Que la exclusión social las mantenga entre cuatro paredes es otra cosa. Porcentualmente hablando, la separación entre parejas normales y homosexuales difiere muchísimo en términos cuantitativos.

¿Cómo resolver la cuestión? La respuesta está en la Constitución: todos los guatemaltecos somos libres de hacer lo que la ley no prohibe. Y emitir una ley que prohiba los matrimonios entre homosexuales no detendrá el acoplamiento vivencial entre parejas del mismo sexo. Normar una libertad tan básica es tan ridículo e ineficaz como hacer una ley en la que, obligadamente, la sele de fut gane todos sus partidos siempre y vaya a todos los mundiales y nos traiga la chibola dorada esa que se llama “iuls rimé”.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 759


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