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Habemus Data
Por J. Santos Coy - Guatemala, 19 de agosto de 2005

Con el aparecimiento de miles de fardos de documentos amontonados en una de las dependencias de la Policía Nacional Civil surge una luz de esperanza para quienes, desde hace años, desean saber qué ocurrió con sus familiares desaparecidos dentro de un esquema de guerra sucia contrainsurgente para la seguridad nacional.

Hay recomendaciones que han formulado algunos expertos en preservación y manejo de documentos históricos. Lo primero, dicen, es preservarlos de una posible destrucción. Y si las fuerzas oscurantistas que perviven no han tenido escrúpulos en exhumar de noche los restos de los masacrados, para evitar que sean encontrados los huesos de sus víctimas, cuanto más tratarán de destruir estos documentos que pueden contener información que comprometa, si no a individuos sí a instituciones tales como la Policía Nacional, PN, que siempre ha negado haber cometido crímenes contra la Humanidad en la lucha contra la oposición popular. La mentira va rápido pero la verdad la alcanza y eso es lo que está ocurriendo en este caso.

En opinión de los expertos lo segundo que debe hacerse es planificar cuidadosamente la logística que permita aprovechar la información contenida en los fardos. Varios pueden ser los métodos para preservar, clasificar, utilizar e interpretar todos esos miles de folios a efecto de aprovechar su contenido en aras de la justicia.

Será interesante, por ejemplo, separarlos inicialmente por épocas. La Guatemala del período entre los años 1931 al 44, no puede ser la misma que la correspondiente al período de la Revolución de Octubre; igualmente, la época de la contrarrevolución corresponderá a otro tipo de información almacenada y así sucesivamente. Recordemos que la contrainsurgencia en su forma más cruel -las desapariciones forzadas y las torturas- llegó con las dictaduras militares. Es dudoso que la información clave de las operaciones de los servicios de inteligencia del Ejército esté contenida en alguno de los paquetes. Pero sí puede estar la parte de trabajo sucio que correspondió hacer a los chontes.

Por otro lado, será importante hacer separata con criterios basados en el tipo de información contenida. No es lo mismo, en términos de represión, las redadas de charamileros y bolitos que hacía Galápago, que las capturas y desapariciones selectivas de la judicial o del BROE; a eso nos referimos con el análisis de contenido. Siempre se supo que todas las capturas realizadas por la PN eran reportadas al Ejército y a la oficina de la CIA en Guatemala. Por tanto, deberán constar nombres, fechas y motivo de las capturas políticas. Que no ocurra lo que pasó con la información desclasificada que llegó en cajas desde los Estados Unidos hace unos años y que al final resultó ser un fiasco puesto que la información vital venía eliminada mediante franjas negras ocultadoras.

Será útil, además, tratar de establecer un hilo conductor en el desarrollo descriptivo de los documentos. Si cada paquete es analizado como un bloque de sucesos, es difícil que puedan establecerse cadenas de mando, estructuras organizativas e hilación de operaciones. Los fines perseguidos con las acciones ilegales de los cuerpos represivos, será necesario deducirlos y encajarlos dentro de un plan global de seguridad nacional.

Por lo anterior, no sólo se requiere de la participación de preservadores sino también de historiadores, sicólogos sociales, politólogos, analistas y gente que entienda la lógica y la ideología de los grupos represores. Es responsabilidad de las instituciones pro derechos humanos el que esta información, si no vinculante, sirva de mentis a quienes creyendo preservar al país de la amenaza comunista, se dedicaron a descargar sus iras antisociales mediante procedimientos criminales de lesa humanidad.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 758


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