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Tiene razón el ministro Vielmann
Por J. Santos Coy - Guatemala, 22 de enero de 2007

En recientes declaraciones a la prensa –diríase que retomando la metodología gubernamental del pasado de echar la culpa de los males del país a los comunistas – el ministro de Gobernación aseguró, en su alocución a los medios, que la crisis del sistema financiero es un plan fraguado desde las oscuras entrañas del crimen organizado con el avieso fin de desestabilizar al país.

Para comenzar, traigamos a escena unos cuantos párrafos de la Ley contra la delincuencia organizada, Decreto 21-2006. En su segundo considerando, dicho instrumento plantea “que la delincuencia organizada es un flagelo que actualmente ha colocado a los habitantes de la República en un estado de indefensión, por su funcionamiento organizacional, lo que hace necesario (…) perseguir, procesar y erradicar la delincuencia organizada.” Ni hablar del peluquín… el señor ministro está en ley. Aunque sería más adecuado decir que mantiene a los guatemaltecos en estado de indefensión en su cotidianeidad.

Apuntemos ahora la definición de grupo criminal organizado del decreto para trazar una línea basal que nos permita medir, a la luz de la realidad, los grados la validez o invalidez de la aseveración del señor ministro. Dice el “Artículo 2.- Grupo delictivo organizado (…) cualquier grupo estructurado de tres o más personas que exista durante cierto tiempo y que actúe concertadamente con el propósito de cometer uno o más de los delitos siguientes: […] b) lavado de dinero u otros activos… e.5) Intermediación financiera, quiebra fraudulenta.”

Adicionemos el “Artículo 4) Asociaciones ilícitas (…) 4.1 las que tengan por objeto cometer algún delito o después de constituidas promuevan su comisión.” (…) Es circunstancia agravante si el delincuente ejerciera “funciones de administración, dirección o supervisión dentro del grupo delictivo organizado…” Suficiente para fines de comparación.

De pocos años para la fecha han quebrado 5 bancos. Pese a la danza de millones desaparecidos y de miles y miles de pequeños ahorrantes e inversionistas estafados no hay, a la fecha, ningún “directivo” de los bancos siniestrados condenado en sentencia firme. Los dos últimos casos de entidades bancarias, de octubre y enero, parecen ser la regla y ya no la excepción. Tiene razón el ministro Vielmann. Los préstamos, entre accionistas y banco, sin garantía ni respaldo es una acción dolosa. La colocación de millones de quetzales convertidos a dólares y situados extraterritorialmente es una operación riesgosa que, concretadas las actividades delictuosas, ha dejado prácticamente en la calle a miles de guatemaltecos que no fueron advertidos pero que mordieron el anzuelo. Y lo anterior es delito de estafa proveniente de una rama del crimen organizado.

Tiene razón el ministro Vielmann. Los hechos anteriores han desestabilizado al país y vulnerado el patrimonio de los guatemaltecos. Hay desconfianza entre la gente de la calle que ha optado por guardar su dinero en casa y sacarlo poco a poco, conforme lo necesite. Es dramático enterarse que un inversionista se suicidó porque perdió los ahorros de toda su vida. Es asqueante el otro caso en el cual una paciente falleció porque el esposo no pudo disponer de dinero para pagar su tratamiento ambulatorio.

Tiene razón el ministro Vielmann. Desde sus lujosas oficinas con secretarias elegantes y vista panorámica a la ciudad, algunos respetables accionistas y altos funcionarios de bancos se han confabulado para esquilmar a esa gran masa anónima de gente que confió sus fondos a sus respetables instituciones. En forma organizada y permanente, se han dado a la tarea de delinquir. Conste que no lo tipifico yo, lo dice claramente la Ley contra la Delincuencia Organizada.

Tiene razón el ministro Vielmann. Es el crimen organizado, en su faceta más respetable y pomposa, “un flagelo que actualmente ha colocado a los habitantes de la República en un estado de indefensión, por su funcionamiento organizacional…”

Tiene razón el ministro Vielmann. El Estado tiene la obligación legal de “perseguir, procesar y erradicar la delincuencia organizada”. Pero que no sea solamente jarabe de pico señor ministro porque al tenor de la ley, delincuente no es sólo el marginado, el tatuado, el excluido que consume drogas, ni el antisocial que mata a sus congéneres por motivos fútiles y abyectos. A la luz de los hechos recientes, delincuente es el que se organiza con otros delincuentes para perjudicar el patrimonio de otros en forma conciente y dolosa. No habla de tosotones y blasones, de alcurnia ni de abolengo. La delincuencia no conoce de estratificación social.

Entonces ¿por dónde va a empezar la lucha señor ministro? ¿Con acciones como la de Pavón en los bancos? ¿Con incursiones comando en la Superintendencia de Bancos donde no se dan cuenta de la captación ilegal de fondos de financieras autorizadas pero de operación ilegal? ¿En la Superintendencia de Administración Tributaria que no controla las ganancias de los accionistas de los bancos, ni repara en los préstamos millonarios que se recetan los banqueros utilizando fondos del público? ¿En los tribunales de justicia donde los casos agonizan en el tiempo tal el iniciado contra los bancos gemelos y que tiene años de estar estancado a raíz de lo cual mil doscientos millones de quetzales siguen sin aparecer?

En una sola cosa no coincidimos, señor ministro. Los desestabilizadores del sistema financiero no son los anonimistas que se han dado a la tarea de escribir y mandar e mails con información sobre otros bancos. La desestabilización se concretó en la desconfianza de todos los guatemaltecos en el sistema bancario y no a partir de e mails sino por los malos manejos de los directivos. No cuesta concluir que la crisis financiera, que ya damnificó a cientos de miles de ahorrantes, cuenta-habientes y pequeños inversionistas es producto de una acción criminal deliberada. La ley es clara y no deja dudas acerca de quiénes perpetraron el delito y son penalmente responsables.

Tiene razón el señor ministro Vielmann. El crimen organizado se ha confabulado para desestabilizar al país y pone en riesgo a la población guatemalteca que necesita ganar dinero para gastarlo en lo que le alcance para sobrevivir. Que no sea otra balandronada. Y que conste que no soy perjudicado. Yo –al igual que cientos de miles de chapines- tengo todo mi pistío invertido en deudas. Es más seguro que meterlo abajo del colchón.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1125


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