Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Los anticristos ya están entre nosotros
Por J. Santos Coy - Guatemala, 12 de marzo de 2007

Me ha entrado una seria duda sobre la hermenéutica aplicada a un artículo de nuestra Constitución después de saber que se le niega la entrada a quien llaman el anticristo. La negativa gubernamental a permitir el ingreso del caribeño fundamentalista, ¿es una violación a la libertad de cultos o atenta contra el derecho a creer? No vale la pena ir tan lejos ni gastar fósforo en el asunto; este anticristo puede que no presente su “show de luces y sonido” en Guatemala. Así que no nos perderemos nada que valga la pena porque en este país abundan los anticristos, aquellos que día a día, con actos de comisión y omisión, en solitario o en gavilla, atentan contra la filosofía de la doctrina que predicó el galileo.

Los pobres en espíritu también lo son de hecho y de bienes esenciales y no precisamente porque de ellos vaya a ser el reino de los cielos sino porque hay quienes nacen en el equipo contrario, contradicen la doctrina de Cristo, son ricos por herencia a ciencia y paciencia de un sistema expoliador. También hay anticristos en los que aún siguen impunes después de que, ejerciendo perversamente el poder, causaron luto, dolor y lágrimas en cientos de miles de familias guatemaltecas sin distinción de raza, credo y religión pero sí creando un enemigo que era tal por no pensar como ellos y por oponerse a la inequidad cotidiana.

Están los anticristos que garantizan la mansedumbre de la mayoría silenciada del país mediante el empleo sistemático del hambre, del engaño y la manipulación, del terror y el genocidio. Los hay que procuran el hambre y la sed de justicia retorciendo la ley y convirtiendo ésta en instrumento de poder que castiga al más pobre y privilegia al que más tiene. Son anticristos los que no pagan impuestos aunque ganen mucho y cargan lo impositivo sobre quienes más consumen.

¿Quiénes, si no los anticristos hambreadores, han dado la espalda a la conmiseración por quienes no tienen, no han tenido, ni tendrán lo mínimo para sobrellevar una vida fronteriza con la dignidad?

¿No son anticristos esos cucuruchos elegantes y jactanciosos que suben y bajan las imágenes del Nazareno crucificado y lo cargan en los turnos de honor ya sepultado, olvidándose que los días anteriores del año y posteriores a la semana santa crucificarán y hambrearán a quienes con su trabajo les permiten una vida de lujo, boato, holganza y comodidad?

Me gustaría saber si tienen limpio el corazón esos anticristos que gustan de recorrer kilómetros y kilómetros de tierra ociosa de su “propiedad” en vehículos blindados, helicóptero o avioneta encontrando a su paso a cientos de cientos de pobres que viven de la tierra y la única tierra que poseen es la que tienen en el pescuezo, en las uñas y en las orejas.

Y no falto a la verdad si llamo anticristos a quienes fomentan el odio y la violencia aliándose, desde sus posiciones de poder temporal o sus títulos universitarios, con los anticristos de clase alta que los emplean. También son anticristos los que persiguen a quienes luchan por las causas justas en el país, a quienes hacen del riesgo cotidiano su pan de cada día para tratar de reducir esa amplísima brecha entre la minoría rica y la mayoría paupérrima.

Anticristos que no cesan en la tarea de llenar las cárceles de pobres, de marginados y excluidos y, aún así, siguen exigiendo mayor cobertura en el desarrollo de la limpieza social para sanear la cloaca que ellos mismos han llenado de hambreados. Anticristos quienes vituperan y persiguen a los marginados y a los pobres, quienes no siguen las enseñanzas cristianas de dar, aunque sea un poco, a aquellos que nada tienen y dan.

Hemos aprendido en este país que a quien le da un pan a un pobre, los anticristos le llaman santo. Pero si este canonizado congénere pregunta por qué son pobres, entonces le llaman comunista, subversivo y procuran su aniquilamiento por aquello de los malos ejemplos. Así que no hay que negar visas ni rasgarse las vestiduras, ni enseñar el cobre de la intolerancia mis estimados fundamentalistas y fanáticos religiosos locales. Los anticristos conviven con nosotros y tienen a este país en la pobreza y el atraso desde hace muchísimos años. ¿Es que ustedes no los han visto ni han vivido los efectos de sus iniquidades?

Hubo quienes levantaron la bandera de la igualdad y promovieron el cambio desde las montañas y las ciudades. Ellos nos dejaron el ejemplo y muchos pagaron con su vida el atrevimiento de cambiar este país, el esfuerzo de neutralizar los alcances de las acciones antipopulares de los anticristos. Que la llama por ellos encendida no se extinga. Y dejemos ya de aplaudir la intolerancia. Este anticristo isleño es nada comparado con los anticristos criollos. A esos es a los que ya no debemos tolerar.

Lo expresado en el núcleo de este mensaje está en el sermón que el nazareno dirigió a los pobres en la montaña. O sea que los anticristos tienen ya mucho tiempo de estar sobre la faz de la tierra.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1178


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.