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Luchas ideológicas: el uso religioso como herramienta
Por Jacobo Vargas-Foronda - Guatemala, 3 de noviembre de 2018

La religión institucionalizada, la judeocristiana, es una herramienta ideológica de dominación. La diferencia entre la creencia en una deidad superior a los seres mortales y la formación de una institucionalidad para controlarlos es que la primera responde a la interrogante de dónde procedemos y hacia dónde vamos al fallecer; mientras que la institucionalidad, con el surgimiento individualista de la familia, la propiedad privada y el Estado, se convierte en una forma ideológica de control, sometimiento y aceptación del orden de las cosas y se insiste en que el statu quo no puede ser alterado, cambiado «por ser de procedencia divina».

En la Guatemala, el recurso ideológico de la deidad judeocristiana se usa y abusa hasta en la sopa. Así, una ex vicepresidenta, en juicio por enriquecimiento ilícito, asegura haber hablado con dios, quien le ha dicho que «es inocente». Un militar vinculado al genocidio afirma quedar en libertad «gracias a dios». No falta quienes escriben, así como quienes hablan en la televisión, y no pierden oportunidad para mencionar a la deidad, ya sea para afirmar lo que expresan, o bien para dejar todo a la suerte de tal magna figura, con aquello de «solo él sabrá». El titiritero mandadero, embustero, ladrón y corrupto, que le hace los mandados a los infaustos poderes económicos y políticos, tanto civil como militar, violador de múltiples preceptos jurídicos, vive cobijándose en cuanta capilla o templo encuentre con la anuencia de las autoridades eclesiásticas, tanto católicas como evangélicas. En el país se pasan pregonando que no hay ideologías ni luchas políticas en la tragedia terrenal.

Veamos el uso de esta herramienta ideológica en países desarrollados como Canadá donde The Epoch Times, un periódico que circula semanalmente, multilingüe, con sede en Nueva York, de distribución gratuita en todas las capitales provinciales, en «sesudos editoriales» de la serialización divulgativa de un denominado nuevo libro chino, Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo [1], elaborado por un equipo editorial, recurre al uso de los conceptos de «dioses» y el «diablo» para «explicar» el acontecer nacional y mundial a partir de las decisiones de esos dioses y el diablo, lo cual implica explícitamente el uso de la religión como un excelente instrumento psicológico de penetración, confusión y dominación ideológica.

En todos los textos que utilizaremos, los cucos que representan al diablo son la otrora Unión Soviética y la República Popular China, con sus respectivos partidos comunistas, presentando el concepto socialista como la máxima expresión del diablo. Mientras que los portavoces de «los dioses», en plural, son las instituciones de los países del llamado «mundo occidental». Veamos algunos planteamientos en su capítulo uno, con varios subtítulos, y se presenta como «las estrategias del diablo para destruir a la humanidad».

La serie inicia con el subtitulado, «Subvirtiendo la cultura tradicional», afirmando que «la cultura» (ortodoxa y occidental) es una inspiración «divina de los dioses» y que «todo cambio a esa perspectiva tradicional con sus valores» es el diablo que ha inventado la lucha de clases para cambiar el sistema. Para ello, «ha degradado la educación» con las teorías de la evolución y el materialismo, «destruyendo a los clásicos de la literatura que se oponen a la demoniaca ideología». Todo pensamiento independiente es un lavado de cerebro para romper la tradición y la autoridad emanada de los dioses. Es decir, todo producto humano resulta ser una herramienta del diablo. El «único arte valedero» es aquel que aparece en las iglesias y lugares de culto, mientras que el arte que presenta la realidad de la vida humana y cotidiana, como el impresionismo, el realismo, el expresionismo, lo abstracto, es la expresión degenerada de la diabólica cultura.

Para esos editorialistas, la libertad de expresión es una forma de «controlar a los medios de comunicación» y los comunistas «tienen los medios financieros para controlar esos medios y secuestrar a la opinión pública,» para que no pueda discernir los «asuntos y hechos relevantes». Es decir, ahora resulta que el manejo económico de los medios de comunicación a nivel mundial ya no es de los grandes capitales y las empresas transnacionales, sino que de las personas socialistas. El diablo socialista promueve estilos de vida degenerados como la libertad sexual, fomenta lugares de juego, como los casinos, el uso de drogas y «la juventud se pasa pegada a los dispositivos electrónicos, videojuegos violentos y pornografía». Curiosamente, es el sistema capitalista, ese de los dioses, el que fomenta, casi de manera obligatoria, el consumismo de cuanta tecnología nueva aparece. Por cierto, no son ni China, ni Cuba, ni Rusia, los países más consumidores de drogas, ni mayores productores de películas y videojuegos violentos. Muy al contrario, las aseveraciones mencionadas son más propias del capitalismo, siendo Estados Unidos el más claro ejemplo.

Afirman que las honestas profesiones humanas son aquellas «que permiten retener la memoria de los dioses y su conexión con lo divino». Mientras que el diablo y sus innumerables demonios han traído la innovación que solo busca la fama y la ganancia con tendencias excéntricas y degeneradas. Vemos que se continua con la sistemática repetición de la mentira y tergiversación, ya que es justamente en la cultura occidental capitalista en donde a las personas se les mide, ve, de acuerdo con los «éxitos alcanzados», los cuales son siempre expresados en la cantidad de riqueza acumulada en manos individuales en detrimento de las enormes colectividades.

De acuerdo a esta ideologizada serie, el diablo comunista y socialista ha logrado erosionar a la religión e iglesia trastornando las enseñanzas, incluso alterando las «sagradas escrituras» con la creación de la teología de la liberación para difundir la ideología marxista y la lucha de clases, llevando la confusión y perversión moral entre el clero. Es más que conocido que la teología de la liberación aparece en la Conferencia de Medellín, Colombia, en 1968, una amalgama católica y protestante, que considera que el evangelio debe tener una preferencia por los pobres y combinar el recurso de convencimiento con las ciencias sociales.

De acuerdo con esa serialización, «los dioses crearon la familia, el Estado y la iglesia como piedras angulares se la civilización humana». En donde el diablo «ataca los roles familiares y de género tradicionales», con sus tendencias antipatriarcales, la liberación sexual, la homosexualidad, el adulterio, el divorcio y el aborto. Su principal objetivo es «destruir a la familia». Múltiples estudios e interpretaciones científicas han demostrado que fueron las relaciones sociales humanas las que establecieron el origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Mientras que la religión institucionalizada, las iglesias, fue la forma de establecer el control, el miedo, la sumisión de las personas al Estado como herramienta de represión contra los pueblos en abierta, corrupta y salvaje defensa e imposición de la explotación económica y discriminación cultural en beneficio de la excluyente propiedad privada.

En esta burda ideologización, el «divino orden occidental y el sistema estadounidense establecido por los dioses para los humanos» ha sido infiltrado por el diablo. Las leyes y moralidad divina han cambiado con la redefinición de los conceptos, la formulación e interpretación de las leyes se hacen al antojo del diablo para «desarraigar los conceptos morales del bien y el mal». En su manipulación financiera mundial, el diablo ha abolido el patrón oro, las finanzas sostenibles han perdido relevancia, el pedir préstamos a los bancos y al Gobierno ahora es una costumbre, y ha manipulado la globalización con perspectivas utópicas para establecer un gobierno mundial con organizaciones como la Organización de las Naciones Unidas y frases como la «integración regional y mundial». Se ha robado la paz y la seguridad con la fabricación de guerras y la agitación social, todo con la idea de establecer un hiper gobierno mundial de estricto control administrativo, demográfico e ideológico.

De acuerdo con estos sacros personeros, la inmigración masiva, los movimientos sociales y la agitación social son procesos impulsados por el diablo. Omiten, muy sesudamente, que las guerras de intervención, disfrazadas como ayuda humanitaria, los elevados índices de pobreza y ausencia de oportunidades laborales y educativas, los bloqueos económicos, todo ello promovido por el propio sistema capitalista de procedencia divina, son causales fundamentales para el surgimiento de dichos procesos. Para estos personeros, tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial fueron aprovechadas por el movimiento comunista mundial para explotar los movimientos de liberación nacional en Asia, África y América Latina. No mencionan ni recuerdan que ambas guerras fueron originadas por la ambición económica del capitalismo comercial, financiero, industrial e imperial.

En ese contexto, los procesos revolucionarios, las revoluciones, son el instrumento de los países comunistas que han exportado el activismo revolucionario y los disturbios ocasionados por las izquierdas locales para provocar la revolución mundial. En otras palabras, todos los procesos que buscan el cambio, terminar con el sistema explotador, saqueador, asesino de millones de seres humanos son herramientas del diablo contra la voluntad divina. Por eso, como factor impulsor de las revoluciones las crisis económicas son inventadas por el diablo para dirigir hacia el socialismo. Aquí nuevamente, se acusa a «los movimientos masivos de población nacional e internacional como el resultado de la manipulación intencional del espectro maligno». Donde, «los inmigrantes recién llegados son fácilmente reclutados como votos libres para los partidos de izquierda. Mientras tanto, la inmigración crea condiciones maduras para estimular las animosidades raciales o religiosas», desencadenando la violencia y la revolución.

El diablo, en los países «democráticos», desvía la atención de los temas importantes del bien público hacia cuestiones triviales y «los conceptos del pensamiento crítico y creativo son abusados para enfrentar a la generación más joven contra la autoridad, impidiéndoles absorber el conocimiento y la sabiduría en la cultura tradicional (prooccidental)», además de fabricar «turbas» dispuestas a marginar a la generación vieja, acelerando la llegada de la más joven, «dotada cada vez de más derechos, poder político y privilegios, donde los ancianos pierden sus posiciones de autoridad y prestigio, acelerando la ruptura y la tradición de la humanidad», sometiéndola a «las últimas tendencias en la moda» y con el «rápido progreso científico y tecnológico hace que los ancianos no puedan mantenerse al día y adaptarse a los cambios sociales masivos que se producen como resultado». Así tenemos que la juventud resulta ser enemiga de las personas adultas y el consumismo del sistema capitalista, ahora, es culpa de las ideas socialistas.

Para estos editorialistas, cuando hay conflictos, la «religión, moralidad, leyes y costumbres» emanadas de los dioses, son los facilitadores «para proporcionar la resolución y la cooperación». Por eso el diablo «desintegra a la sociedad, rompiendo las relaciones tradicionales entre los individuos y alienándolos entre sí». De esto resulta que la insistencia del individualismo es promovida por las ideas socialistas, cuando es conocido que, muy al contrario, el socialismo habla e intenta resolver las enormes dificultades económicas, sociales, culturales de las colectividades. Y esa individualización, que produce «un individuo atomizado y aislado que no tiene esperanza de resistirse a un gobierno que tiene acceso a todos los recursos de la sociedad», es, justamente, lo que siembra las relaciones sociales capitalistas con la supremacía de los «derechos» individuales sobre los derechos colectivos. Estos son algunos ejemplos de como utilizando los conceptos de «dios y el diablo», personajes de los mitos religiosos de la doctrina judeocristiana, esas creencias institucionalizadas continúan siendo una enorme herramienta en la lucha ideológica existente hasta nuestros días.

Estamos entonces frente a la enorme, masiva, renovada elaboración y utilización de las creencias religiosas institucionalizadas como la favorita herramienta ideológica para atacar a cualquier tendencia del pensamiento, sea política o social, que aspira cambios en beneficio de la humanidad. Y para incrementar su justificación, utilizan al socialismo y comunismo como los representantes del diablo, con lo cual incrementan el temor de las masas populares, clase media e incluso intelectual creyente. Al mismo tiempo, realizan el trabajo psicológico para que los pueblos de los llamados países desarrollados, como Canadá, rechacen las búsquedas, las luchas por nuevas relaciones sociales y económicas en los países del llamado mundo en desarrollo, como lo es América Latina.

[1] Ver: Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo. Equipo Editorial de «Los nueve comentarios sobre el Partido Comunista». Ottawa, Canadá, 30 de agosto – 5 de septiembre de 2018, pág., A7; 6-12 de septiembre, pág., A7; Y 13-19 de septiembre de 2018, pág., A7. Números utilizados en este escrito, el Autor. Traducción libre del autor.

Fuente: gazeta.gt


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