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La muerte ronda en Ixmulew
Por Kajkoj Ba Tiul - Guatemala, 9 de julio de 2005

Me preguntaron como vivía, me preguntaron,
Sobreviviendo dije, sobreviviendo

Canción de Victor Heredia

Cuando se firmaba el Acuerdo de Paz Firme y Duradera, el 29 de diciembre de 1996, todos los guatemaltecos y todas las guatemaltecas, que de alguna u otra forma, habíamos sufrido los embates del militarismo, promovido por la Escuela de las Las Américas y la CIA, estábamos conscientes que si bien, se firmaba la paz, que además de surgir de un proceso forzado, por la comunidad internacional y por el gobierno de Norte América, algunos no estábamos preparados para ese proceso y por eso la paz se presentaba como una construcción mucho más sufrida y dolorosa que la misma guerra.

Sufrida y dolorosa, por un lado, porque había que buscar el camino para la construcción de una sociedad guatemalteca mucho más justa, democrática y sin racismo, que significaba dejar las acciones del pasado que conllevaban una carga de racismo y exclusión y por el otro lado, se comenzaría a construir una nueva institucionalidad y esto significó, el desmantelamiento de las bases del movimiento guerrillero de esa época, pero también la transformación de las fuerzas militares y de policía, sobre todo aquellos que habían participado ejecutando las políticas de contrainsurgencia en contra de la sociedad civil, esté ultimo no se logró a cabalidad a pesar de la firma del Acuerdo sobre el Papel del Ejército en una Sociedad Democrática.

La sociedad civil con todas sus organizaciones, hicieron un trabajo incalculable para terminar con la etapa de terror, desde la elaboración de informes sobre la guerra, hasta el levantamiento de cementerios clandestinos, así como la reparación psicosocial de las víctimas, también implementar la persecución penal en contra de violadores a los derechos humanos durante el conflicto armado interno, como el caso: las dos erres, río negro, Xamán y ahora la demanda en contra de Lucas Garcia, Arredondo, Valiente Tellez, Alvez Ruiz en España.

Por su parte la comunidad internacional, jugó un papel importante para la construcción de la paz, como: el Comité Internacional de la Cruz Roja –CICR-, la Misión de Verificación para Guatemala –MINUGUA-, la Agencias, Programas y Proyectos del Sistema de las Naciones Unidas y ahora la Oficina de la Alta comisionada para los Derechos Humanos, impartiendo cursos, sobre: derecho internacional humanitario, el derecho internacional de los derechos humanos, derecho de los pueblos indígenas, los acuerdos de paz, entre otros temas, a miembros del ejército, policía y a otras instituciones del Estado.

A pesar de todas las acciones, tanto jurídicas, como psicosociales o bien de capacitación y formación, después de algunos años de terminar con el conflicto armado, no han dado su fruto y quizás nunca lo darán (aunque me llamen pesimista), por lo que se ve y se vive en Guatemala, la situación es mucho más profunda y tiene muchos años de comenzar a tener raíz.

Es curioso, pero después de la firma de la paz, comienzan otros fenómenos y que podrían ser uno de los efectos violentas de la no existencia de programas del Estado para la construcción de una verdadera paz: la delincuencia juvenil, las bandas de secuestrados, las bandas de robacarros, narcotráfico, que utilizando las mismas estructuras organizativas de los grupos paramilitares, comienzan a hace estragos hasta en los últimos rincones del país.

Todos los gobiernos de la posguerra (Arzú, Portillo y ahora Berger), han atribuido las acciones delincuenciales, únicamente al narcotráfico y ahora con el proyecto antiterrorista del gobierno de Bush, no tardaran en atribuirle al terrorismo internacional todos los hechos de violencia que están suscitando en Guatemala. Pero, la acciones delincuenciales, sobre todo los asesinatos en contra de mujeres indefensas, hoy conocido como “feminicidio”, los atentados en contra del movimiento social: allanamientos a oficinas, amenazas de muertes y ahora la toma de poblaciones por un nuevo grupo paramilitar, tienen una sola causa; y es que “los grupos de poder en Guatemala siguen siendo los mismos: militares y ricos”.

El comunicado de la Unión Nacional de Comunidades por los Derechos Humanos Integrales (UNACODHI) y del Frente Nacional de Lucha por la Defensa de los Servicios Publicos y los Recursos Naturales (FNL), denunciando el aparecimiento de un nuevo “escuadrón de la muerte”, en el departamento de Sololá [2] , asumiendo la consigna de iniciar un proceso de “limpieza social”, supuestamente en contra de los delincuentes juveniles.

El movimiento social guatemalteco, desde hace algunos meses y sobre todo con este nuevo gobierno, ha venido denunciando el aparecimiento de nuevos brotes de violencia en el país, y que está creando una situación de violencia “extrajudicial” y provocando muertes y zozobra entre la población, sobre todo en áreas, en donde los campesinos: mayas y ladinos, se están oponiendo al proyecto neoliberal y a las concesiones mineras. Amenazas de despido de dirigentes sindicales, constantes amenazas en contra de diputados que apoyan las demandas sociales y el acoso a los medios de comunicación sobre todo los medios alternativos.

Las manifestaciones en contra del proyecto neoliberal en Guatemala, también fueron demostradas en las consultas populares realizadas en Río Hondo [3] y en Sipacapa [4] , además de las grandes movilizaciones al inicio de este año, en contra de las concesiones mineras en todo el país, como parte del Plan Puebla Panamá, impulsado por el gobierno de México, con el apoyo del gobierno norteamericano y con orientaciones del Banco Interamericano de Desarrollo –BID- y del Banco Mundial –BM-.

Entonces, la acciones violentas en Sololá y en todo el país, no es más que un mensaje para quienes se opongan al proyecto neoliberal del gobierno guatemalteco y es un ejemplo claro, que en Guatemala, los grupos de poder que motivaron las causas que dieron origen a los treinta y seis años de conflicto armado interno, siguen intactos. El ejército sigue siendo eso, un aparato de control interno, que tiene potestades para crear grupos paramilitares que mantengan la zozobra entre la población y los grupos que ostentan del poder económico, no se han comprometido plenamente con el proceso de paz.

Las pésimas tierras, otorgadas a los excombatientes de la exguerrilla, a los desplazados y repatriados, era solo, un acto de mea-culpa, es decir, solo es un acto de salvar conciencia y que ha servido para mediatizar y obstaculizar lo que hace muchos años ha sido una exigencia del movimiento social, una “verdadera reforma agraria”.

Lo que si puede ser cierto, es que Guatemala, está pasando de una “Guatemala a una Guate Peor”, como lo dice el cantante Piero. Una Guate Peor, porque el proceso de paz no ha sido efectivo, la existencia de comunidad internacional, tampoco, los proyectos de formación y capacitación sobre “derechos humanos y derechos de los pueblos indígenas”, tampoco. Cayeron en el abismo los informes de MINUGUA y de otras comisiones, ojalá que no terminé así, el esfuerzo de una Oficina de la Alta Comisionada en Guatemala.

Guatemala, ya no necesita medias tintas, necesita proyectos reales y esto solo puede ser impulsado por el movimiento social. Un proyecto que retome, la reforma a la constitución, como un medio para cumplir con los acuerdos de paz. Esta reforma no solo debe servir para terminar con la discriminación y el racismo, sino que debe acabar con la pobreza, el hambre, la desnutrición, falta de educación y otras necesidades que aquejan a la mayor parte de la población. Esta reforma debe potencia, la autonomía y la autoderminación de los pueblos indígenas. En una palabra, una reforma que debe restituir los territorios y las tierras indígenas.

Guatemala, caminará por el camino de la paz, cuando se acabe el militarismo, cuando los grupos de poder, piensen que han sido los causantes de los grandes males en el país. Cuando el movimiento social, se una vez más “uno” y que retome el proyecto político con que se impulsaron los acuerdos de paz.

Ya no se quiere más muertes en Guatemala, pero hacemos propio el slogan de UNACODI, ¡Jamás nos damos por vencidos, lucharemos siempre por la vida!.


[1] Era el antiguo nombre de Guatemala.

[2] Sololá, está ubicado al occidente del país, durante el conflicto armado interno, fue azotado por las políticas contraiunsurgente, prueba de ello es la masacre de más de una decena de mayas tz’utujiles, a principio de los años noventa, cuando denunciaban los atropellos de la zona militar de Santiago Atitlán, desde ese momento, estas comunidades han estado siempre en contra de la militarización, de esa cuenta, han desmantelado la zona militar de Santiago Atitlán y de la Cabecera departamental de Sololá. En estos últimos meses, han abanderado la lucha en contra del neoliberalismo, sobre todo en contra de las concesiones mineras.

[3] Ubicado al oriente del país. Con una población mayoritariamente ladina-pobre.

[4] Ubicado al occidente del país Con una población mayoritariamente maya sipacapense.

Fuente: www.rebelion.org


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