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Siguiendo la ruta de nuestros ancestros: La III Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas de Abya Yala
Por Kajkoj Ba Tiul - Guatemala, 27 de marzo de 2007

El escenario geopolítico de la III Cumbre. Cuando el calendario maya esté marcando el Oxlajuj Aq’ab’al y en el gregoriano el 26 de marzo, la ciudad maya de Iximche’, a escasos 80 Km de la capital de Guatemala, se llenará con la presencia de innumerables indígenas que vendrán de los cuatro puntos cardinales del universo, para iniciar una jornada de discusión sobre los principales problemas que les aquejan.

Este encuentro tiene los antecedentes del I encuentro de México y la II Cumbre de Quito, Ecuador en 2004, por lo que se espera que en esta III Cumbre los compromisos sean mucho más contundentes y consecuentes con las demandas históricas de los pueblos indígenas y sus perspectivas para este siglo XXI.

Si bien es cierto que esta III Cumbre, se da a inicios del Nuevo Baqtun , también hay que tomar en cuenta que se está realizando en un mundo polarizado, por las estrategias políticas y económicas de las potencias mundiales, sobre todo del imperio norteamericano, que bajo la justificación de su guerra antiterrorista y anti narcóticos, en donde pretende gastar millones y millones de dólares, cuando su objetivo real es controlar a los países pobres y ricos en recursos naturales para su proceso de expansión colonial.

Pero, por otro lado, en América Latina, se están dando cambios importantísimos para la reconfiguración del poder por parte de lo pueblos indígenas y los pobres, pero todavía es incipiente, porque no existe un proceso consolidado de resistencia y rebeldía ante el imperio, a no ser lo que realizan los movimientos sociales en los foros mundiales, nacionales o regionales, pero por parte de los nuevos gobiernos: Venezuela, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Ecuador, Nicaragua y Brasil, cada uno de ellos sigue luchando de acuerdo a sus necesidades nacionales, pero sin democratizar la democracia, sino refuncionalizando los Estados Liberales actuales. (Petras, Rebelión, Marzo 22).

Otro elemento importante, que marca el escenario político de la III Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas, son los Tratados de Libre Comercio y acuerdo sobre inversiones bilaterales y regionales y las imposiciones de los organismos multinacionales como el Banco Mundial, El Banco Interamericano de Desarrollo y del Fondo Monetario Internacional, que no son más que concesiones de los países ricos, que no han sido alcanzados por la OMC, pero que siguen siendo procesos de colonización económica, política y social para nuestros pueblos .

Dentro de este campo político, no debemos perder de vista los acontecimientos políticos en Bolivia, principalmente porque rompe con la tradición política de América Latina al elegir a un presidente indígena-aymara, por eso este momento se muestra trascendental, y aunque se niegue, provoca un proceso de “embriaguez política” de indígenas para aspirar a puestos de elección popular en nuestro Continente, por un lado refuncionalizando la democracia y bajo las premisas de un posible “esencialismo mesiánico”, que es al final lo único que permite el proceso de reconocimiento impulsado tanto por el viejo indigenismo, como por el neoindigenismo conocido hoy como multiculturalismo.

De esta manera, la III cumbre debiera ser no solo un espacio para discutir nuevamente las demandas históricas de los pueblos indígenas, las cuales han sido manifestadas en un sin fin de actividades de los movimientos indígenas, tanto nacionales, como regionales y mundiales, tampoco debe servir para la consolidación de caudillos o figuras indígenas, reproduciendo los espacios generados en la democracia liberal, sino debe ser contundente y reivindicativa desde un proceso de liberación, que permita discutir las limitaciones del modelo de reconocimiento que promueven las actuales democracias desde el multiculturalismo, para avanzar hacia una proceso intercultural liberador.

Demandas históricas de los pueblos indígenas. Los pueblos indígenas, desde la creación de los actuales Estados Nacionales, han sido excluidos y relegados de la toma de decisiones políticas, económicas, sociales y culturales de los diferentes gobiernos, y sólo han sido tomados en cuenta como folklore o como mano de obra barata para el desarrollo de la economía de los grupos poderosos, que desde el proceso de independencia de mediados de 1800 se constituyeron como la clase hegemónica en los diferentes países del Continente de Abya Yala.

De esta cuenta, todas las movilizaciones indígenas, desde principios de 1800 hasta la fecha, han estado relacionadas con la recuperación o restitución de la madre tierra y del territorio como derecho histórico y colectivo y así orientar el derecho a la autonomía y al autogobierno, concepto que, actualmente, ha sido mal manejado por las corrientes multiculturalistas y pluralistas, tanto indígenas como no indígenas, que pretenden hacer funcionar el sistema indígena dentro del sistema democrático liberal.

A partir de la demanda de autonomía y autogobierno, los pueblos y nacionalidades indígenas de América Latina, hacen valer sus otros derechos como: recursos naturales, desarrollo, identidad, cosmovisión, organización y participación política, alianzas y redes, desmilitarización y el derecho a la no discriminación, como elementos principales para constituirse como pueblos y nacionalidades.

El mismo concepto de pueblos y nacionalidades no puede estar desvinculado del derecho a la tierra y al territorio, a la autonomía y a la libre determinación, siendo as, estos derechos son fundamentales para iniciar el proceso de construcción de nuevos Estados y la democratización de la democracia, como requisito fundamental para la constitución del socialismo del siglo XXI.

Estas demandas están ya recogidas por diferentes investigadores y especialistas (Guzmán Gómez; 1991; Juncosa 1992; Girardi 1994; Matías Alonzo 1999), también en varias documentos políticos de los movimientos indígenas, entre los que se destacan: la Declaración de San Andrés Larraizar, el Acuerdo Sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas, el Proyecto Político de la CONAIE, el Proyecto del MAS, entre otros, además de comunicados de prensa, conclusiones de seminarios, foros, cumbres, etc., en donde los representantes de las organizaciones indígenas, han manifestado con sus demandas el rechazo a los Estados y al imperio.

De tal forma, que con este rechazo, intencionalmente se pretende recuperar el concepto de pueblo y devolverles el poder a las comunidades indígenas, como el origen para la construcción de un nuevo “sujeto político, histórico, social y colectivo” , que en determinadas ocasiones lo hemos presentado como el motor para el cambio en América Latina.

Este sujeto político, que aunque no sea nuevo, porque es histórico, lo caracterizamos como nuevo porque ha iniciado una lenta pero segura descolonización de su pensamiento como de sus propuestas, para comenzar el difícil camino de la libertad, tratando de seguir la ruta trazada por los ancestros desde hace muchos siglos.

De esa cuenta, que las demandas históricas actualmente no son hacia el Estado actual, sino hacia la construcción de un modelo de Estado con una nueva visión de “desarrollo” y un nuevo modelo de sociedad, porque estamos claros que hasta el momento ningún modelo llamado de “desarrollo” ha servido para la liberación de los pueblos, sino para su sometimiento o integración y en muchas ocasiones para su cooptación como es en sí el objetivo del proyecto multicultural.

¿Y la ruta a seguir? Si los años 70 están marcados por un desarrollo del movimiento indígena de América Latina (Payeras, 1997; Bengoa, 2000; Ba Tiul, 2003 y 2005, Bastos y Camus, 2003) y los años 90 la crisis de los movimientos sociales de izquierda, paralelamente se presenta ante todos un nivel alto de movilización social y comunitario de los movimientos indígenas, éstos tienen su culmen con el levantamiento de la CONAIE en Ecuador de 1991, el levantamiento del EZLN en 1994, el proceso de COPMAGUA en Guatemala que diera como resultado el Acuerdo Sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas y otros.

Para el año 2000, comenzamos a experimentar las primeras crisis de estos movimientos, por un lado el fracaso de alianza Pachakutik-CONAIE y el Partido Social Patriótico, el proceso de desideologización y luchas internas en COPMAGUA, la separación entre las reivindicaciones del Movimiento Katarista y Pachakuti con las del MAS en Bolivia, y otros acontecimientos que llevaran a los movimientos indígenas de América Latina a un proceso de oenegenización constante.

A pesar de esto, los movimientos indígenas de América del Sur han estado buscando alternativas para salir de la crisis, pero hasta el momento ha sido infructuoso, aunque el rol que está jugando al asumir una postura anti imperialista y anti hegemónica le ha permitido vincularse a los foros mundiales de los movimientos sociales. No es así el caso de los movimientos indígenas de Mesoamérica que enredados con el discurso oficial del multiculturalismo y de la lucha en contra de la discriminación, asumiendo el modelo de acción afirmativa, constituyéndolo como un movimiento coyunturalista y asumiendo el esencialismo ligth como elemento reivindicativo.

Dentro de todo esto, los movimientos indígenas del continente de Abya Yala, si bien es cierto que aun discuten las demandas históricas de los pueblos indígenas, hasta el momento constituyéndose como un conglomerado de ONGs, que buscan movilizarse por los recursos económicos de la cooperación y con una dirigencia que muchas veces está desvinculada de las comunidades.

De esta manera, estamos ante la presencia de un movimiento social que exige el reconocimiento de sus derechos por parte del Estado liberal y muy pocas veces ha logrado presentar su visión de un nuevo Estado, desde la perspectiva de los pueblos indígenas, aunque éste no es caso del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, que aunque con sus limitaciones está siendo uso de su derecho al autogobierno y a la autodeterminación.

Esta situación la podemos percibir analizando el listado de aproximadamente 15 temas, con dos temas principales que se tratarán en la III Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas del Continente de Abya Yala, en donde volvemos en este siglo XXI, al inicio del nuevo Baqtun o del nuevo Pachakutik, a discutir lo que se ha discutido desde hacer muchos años.

Si bien es cierto que es urgente un nuevo Continente de Abya Yala, es también urgente una revisión de la estructura organizativa del movimiento indígena, y seria muy provechoso que una de sus conclusiones pudiera ser, iniciar el proceso de des-oenegenización de las organizaciones e iniciar un proceso de construcción de un sujeto político-histórico-social y colectivo que venga desde las comunidades y pueblos y devolver a las comunidades “el poder para tomar el poder”, entonces de esa cuenta, podríamos si estar encaminados a iniciar el proceso de la “Resistencia al Poder”.

Si al finalizar la Cumbre en el día Kijeb’ Kej o 30 de marzo, todos y todas, hermanos y hermanas indígenas del Continente, que participan como representantes de sus organizaciones en la Cumbre, se comprometieran a someter a una autocrítica su organización, sus proyectos y sus acciones, estaríamos ante un proceso que nuestros abuelos y abuelas iniciaron al formar y moldear a los primeros hombres y primeras mujeres de este territorio, que sigue siendo ambicionado por las potencias a través de sus proyectos de “cooperación al desarrollo”, denominados ahora “inclusión social”, dentro de los Tratados de Libre Comercio como el nuevo modelo de colonización.

Finalmente, deseamos a todos los hermanos y todas las hermanas indígenas, que estarán discutiendo sobre la vida de los pueblos y nacionalidades del Continente, que el “Fuego Sagrado” encamine los pensamientos y las acciones, hacia la liberación definitiva, para dejarles a nuestros descendientes un nuevo Continente.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1170 - 260307


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