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Lealtad étnica o refundar el Estado?
Por Kajkoj Ba Tiul - Guatemala, 17 de agosto 2007

“La autonomía no depende del mal gobierno, depende de nosotros”
“lo más esencial es el pueblo”
EZLN 2007

La coyuntura actual guatemalteca, creo que es el escenario propicio para escribir algo sobre la “lealtad étnica”, sobre todo, cuando vemos un crecimiento considerable de participación indígena (hombres y mujeres) en puestos de elección popular.

Aunque no se tienen datos exactos, de acuerdo a análisis y noticias preliminares, en estas elecciones aumenta el número de participación indígena y sobre todo maya. Por un lado obedece a la participación de Rigoberta Menchú, como candidata a Presidenta y por el otro la supuesta conciencia de las elites económicas, políticas, militares y religiosas en relación a la demanda indígena de estar incluidas dentro del aparato del Estado. Pero en realidad, tanto la participación de Rigoberta[i], así como ampliar el espacio para la participación indígena, son estrategias de los grupos del poder, para seguir instaurando el multiculturalismo neoliberal[ii] en Guatemala, como mecanismo para evitar el fortalecimiento de un movimiento indígena, que pueda reivindicar el derecho a la autonomía y a la libre determinación que tienen los pueblos.

Sobre el que no tenemos la menor duda, es que, desde que se comienza a hablar de “Guatemala como una nación multiétnica, plurilingüe y multicultural”, todos, incluso los grupos de poder están de acuerdo en eso y nadie lo discute. Pero estas características de Guatemala, universalmente aceptada, es aquella que NO rompe con la unidad de la Nación, con la guatemalidad, con la idea de la identidad nacional marcada por los cuentos y leyendas del cadejo, el sisimit, el sombrerón, la llorona y tanto más[iii]. Es la multiculturalidad que es condescendiente con el miedo ladino y por eso hay que decir las cosas en términos de lo “políticamente correcto” y hasta “étnicamente correcto”.

Es la multiculturalidad que no discute que los grandes males que aquejan a la mayor parte de la población guatemalteca, es por la misma estructura del Estado y hasta nos sentimos halagados o halagadas y les agradecemos cuando nos toman en cuenta para formar parte de algún consejo, comisión, grupo de trabajo, institución, etc., que “supuestamente” dará insumos al Estado y a su gobierno, para crear políticas públicas y políticas sociales para pueblos indígenas.

Con razón líderes, como Antonio Pop y otros, se oponían a este tipo de políticas, cuando criticaban las “replicas del indio disertadas por los ladinos” u otros documentos anónimos que escribían “réquiem a los homenajes mayas”, porque estás políticas “supuestamente de inclusión”, por un lado nos llevan a perder de vista nuestra dignidad no sólo como humanos, sino como parte de un pueblo que tiene un conjunto de valores que hemos ido heredado de nuestros abuelos y de nuestras abuelas en el correr de la historia, y por el otro, por la “llamada inclusión”, nos constituimos en obstáculo para la liberación de nuestros pueblos y comunidades.

Como digo al principio de este articulo, hoy es cuando “la lealtad étnica” o en todo caso “la lealtad maya” debe asumirse con mucha propiedad y con responsabilidad. La lealtad étnica está relacionada al valor de la reciprocidad y la palabra. Por qué digo esto, porque la participación de algunas hermanas y algunos hermanos indígenas en estas elecciones, tanto presidenciables como vicepresidenciables, diputados, alcaldes y consejos municipales, está llevando a simpatizantes o militantes indígenas, a llamar al voto “étnico.

En varias ocasiones hemos escuchado a hermanos y hermanas indígenas, decir: voy a votar por ella o por él porque al fin y al cabo es indígena” o los mismos candidatos o candidatas dicen: “voten por mi, porque soy símbolo” o también “porque yo he sufrido como ustedes”. Al mismo tiempo que se sigue reforzando la idea que por ser víctimas se tiene el derecho de ser incluidos y el derecho a la no discriminación, cuando los derechos se adquieren por ser “persona humana “ y en cuanto a pueblos indígenas, por pertenecer a una “colectividad de seres humanos” y que por lo tanto, no se participa por ser “victima” sino porque tenemos “derecho a participar” y la obligación de transformar el poder en beneficio de los más pobres y extremadamente pobres.

Otros, asumiendo su militancia en el ejército y las patrullas de autodefensa civil, durante el conflicto armado, consideran que ya les da el derecho de ser presidente, vicepresidente, diputado o alcalde municipal y que por lo tanto, consideran que los espacios políticos son de ellos y que imponiendo desde ya la “mano dura” o la otra “cara del militarismo del siglo XXI” y amparándose en proyecto sociales, pretenden seguir usurpando el derecho que no les corresponde y hasta militarizando el partido político, como lo demostró el candidato por el Partido Patriota, en el Foro de Presidentes y Pueblos Indígenas del día 8 de agosto, al decir que las “demandas de los pueblos indígenas ya las tienen contempladas en su plan de gobierno” y al mismo tiempo llama a dos de sus diputados indígenas (Ajcip y Cojtí) a asumir dichas demandas y tenerlas como plan de trabajo en el congreso; y éstos recibiendo órdenes como si fueran miembros del Ejército lo aceptan obedientemente.

De esa cuenta, en estas elecciones constatamos que el voto y la adhesión de personas, organizaciones y comunidades a algunos partidos políticos[iv], se da no en el marco de reales “proyectos políticos” que quieran implementar la construcción de un verdadero “Estado-Nación”, sino desde la defensa de “figuras” o de “personas”. Por otro lado, otros comprometen su militancia por el hecho que les ofrecen espacios dentro de la institucionalidad del gobierno durante los siguientes cuatro años, así mismo, los engaños del clientelismo político proponiendo “mano dura” para resolver la violencia, “más abono” para la pobreza, “educación” para formar personas educadas, “seguridad jurídica de la tierra” para el problema de la Reforma Agraria, etc.

Entonces si la lealtad étnica y sobre todo la lealtad maya, está relacionada a los valores indígenas, principalmente a la “reciprocidad” y la “palabra”, es oportuno ponerle atención: quiénes son los y las indígenas que están participando en estas elecciones y que no han traicionado la confianza de los pueblos y de las comunidades. Quienes sólo en el discurso se dicen ser mayas o indígenas y no viven y practican de la cosmovisión. Quiénes de ellos están asumiendo como proyecto político los “derechos colectivos de los pueblos indígenas” y quiénes no han empeñado lo indígena en manos de las élites económicas, políticas y militares de este país.

Si en estas elecciones hacemos un esfuerzo de complementar la lealtad étnica o la lealtad maya con quien nos presente un proyecto político que responda a las necesidades, demandas y derechos de los pueblos indígenas, nos daremos cuenta que hasta el momento nadie responde a nuestra situación, y seguimos siendo utilizados para el voto, tanto por ladinos como por indígenas.

Sin embargo el voto es un derecho y habrá que ejercerlo responsable y conscientemente y por eso es el momento de votar no por corruptos, ni tampoco por militares, ni por aquellos que son acusados de genocidio, tampoco hay que dar el voto a personas vinculadas al crimen organizado y al narcotráfico y ni mucho menos a indígenas (hombres y mujeres) que hayan traicionado su ser indígena, a su comunidad y a su pueblo.

Es el momento también de tomar conciencia que hay un camino por recorrer y esto habrá que hacerlo organizadamente, para tomar el poder y de esa cuenta juntos, lideres, comunidades, pueblos, organizaciones, etc., debemos estar unidos para lograr lo que tanto quisieron nuestros abuelos, nuestras abuelas, nuestros padres, nuestras madres, para nosotros y nosotros lo queremos para nuestros hijos e hijas, y es VIVIR BIEN y esto quiere decir, refundar el Estado y la Nación guatemalteca con visión indígena.


[i] Murga, Jorge, Relación Oligarquía-Rigoberta Menchú, 2007. Kajkoj Ba Tiul, Movimiento Winaq la Controversia: ni a la izquierda ni a la derecha, FLACSO-Guatemala, FES-Guatemala y el Movimiento Winaq, en la Coyuntura Actual, IDE, Guatemala, 2007.

[ii] Ver los planes de los cinco partidos políticos de derecha que encabezan las encuestas: Gran Alianza Nacional, Partido Patriota, Unidad de la Esperanza, Encuentro por Guatemala, Centro de Acción Social. El Proyecto Kabawil del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícola, Comerciales, Industriales y Financieras –CACIF-.

[iii] Estas son leyendas inventadas y desconstruidas durante todo el tiempo y de acuerdo a las motivaciones del tiempo y del espacio. Son inventos primeros de los españoles y luego reproducidos por los criollos y ladinos, para someter a los “indios” primero a la iglesia y luego a los intereses de las élites.

[iv] Véase el derecho de respuesta que asume la Coordinadora Nacional de Organizaciones Indígenas y Campesina –CONIC-, en contestación al comunicado de prensa de la Convergencia Waqib Kej.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1267


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