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El peso de la colonización
Por Kajkoj (Maximo) Ba Tiul- Guatemala, 13 de diciembre de 2007

Durante estos últimos meses han sucedido innumerables acontecimientos, no sólo a nivel nacional, también a nivel internacional y regional. A nivel nacional las últimas elecciones para alcaldes, diputados; vice y presidente, fueron marcando la participación ciudadana; las que fueron muy bien manipuladas por los medios de comunicación, la oligarquía y el crimen organizado. Proceso que puso en claro la debilidad ideológica de las fuerzas progresistas del país y la fortaleza de las élites para seguir instaurando el modelo neoliberal, a costa de la construcción de un autodenominado “capitalismo de los pobres”, nueva consigna de intelectuales, columnistas y analistas políticos vinculados con las elites económicas, políticas y militares.

A nivel internacional, y sobre todo en el sur, la discusión de una nueva constitución en Bolivia y Venezuela, la elección de una nueva constituyente en Ecuador, las elecciones presidenciales en Argentina y por último el referéndum para decidir sobre la nueva constitución en Venezuela, que a decir de algunos, sobre todo neoliberales, fue una defensa de la democracia y un no al autoritarismo y a las dictaduras.

A tenor de lo anterior, hace unos días escribía algunas ideas relacionadas a los efectos en Guatemala, del referéndum en Venezuela, la huelga de hambre de hasta ahora 350 personas en Bolivia en contra de la propuesta de Evo Morales y ya la oposición desgastada de la derecha, sobre todo vinculadas al PRIAN en Ecuador, encabezado por el magnate del azúcar y la harina de la sierra ecuatoriana, para decidir sobre la forma de discutir el nuevo texto de la constitución.

Al final decidí no terminar con el anterior articulo que logré llamarlo en un primer momento “el efecto Venezuela en Guatemala”, porque redundaríamos mucho en afirmar sobre efectos negativos, principalmente los que podrían emanar del programa televisivo “Libre Encuentro” o de articulistas de todos los medios de comunicación, que aplauden la “no revolución”, el “no querer volver a la dictadura”, la “defensa de la democracia” o “la defensa de la economía de mercado”.

Los nuevos aires que vienen del Sur que no son meras “locuras de unos cuantos líderes”, y que mejor si en toda América Latina hubieran líderes locos como Chávez, Correa, Morales, Kirchner, etcétera, porque con ellos podríamos construir el “verdadero gobierno popular”, es decir el gobierno del pueblo y que significa construir la democracia real y con justicia social.

A pesar de decidir no publicar el articulo antes mencionado, algunas partes de ese texto las utilizo, porque considero que “estos nuevos vientos”, nos pueden ayudar a entender que en Guatemala, estamos tan lejos de emancipar al pueblo para su liberación y que por lo tanto el peso del colonialismo es tan grande que provoca una nueva forma de cooptación, que es el “auto asimilismo”, como una forma de entreguismo y servilismo de lideres sociales, que durante algunos años habían estado abanderando las causas de los pobres.

• El auto asimilismo como estrategia del capital

Hace unos días fui invitado por la Freedom House, para participar como ponente en un evento denominado: ¿Hacia dónde Vamos?, un diálogo sobre los Desafíos de la Gobernabilidad en Guatemala. En el evento participaron miembros y miembras de las organizaciones sociales, representantes del CACIF, de gobierno, estudiantes universitarios, etcétera.

Mis planteamientos giraron alrededor de que no es posible concebir una “buena gobernabilidad, con un modelo de democracia para unos pocos, donde no se respetan los derechos civiles y políticos, los derechos económicos sociales y culturales y los derechos colectivos y además con una estrategia de sometimiento y de colonización hacia los pueblos indígenas y la cooptación de “figuras indígenas-intermediarios dentro del aparato del Estado y de las institucionalidad de las élites”.

Aunque algunos y algunas analistas tanto de Guatemala como de otros países, plantean que este nuevo gobierno que tomará posesión el 14 de enero del próximo año, abre oportunidades para implementar políticas públicas que hasta el momento no se habían hecho, desde nuestro particular punto de vista no es así. Toda vez que la política de “utilización folklórica” de las propuestas indígenas siguen siendo una línea general de las políticas de este Estado y del próximo gobierno, el sometimiento de los indígenas, como propuesta del gran capital seguirá cuatro años más.

En esta reunión los miembros del CACIF, planteaban que las generalizaciones no son buenas, porque eso no permite un proceso de diálogo para fortalecer la democracia y la gobernabilidad en Guatemala, a la que yo respondía que, sin bien es cierto que no valen las generalizaciones, pero que en el caso de Guatemala, los únicos beneficiarios de las políticas del Estado han sido las élites económicas, políticas y sociales y que por lo tanto el modelo “de autoexclusión”, que ellos plantean solo es posible en un modelo en donde el “racismo y la discriminación”, sigue siendo la “columna vertebral” de este sistema.

El problema es que no existe autoexclusión, lo que si existe es un modelo de “auto asimilación” y esto tiene como causa el “peso del colonialismo. Es decir, que los “colonizados”, al encontrar algunos “medios espacios” abiertos por cualquier gobierno, como éste, comienzan a rivalizar entre ellos “para ver quien llega a ocupar cualquier de los puestos”, incluso, sin tomar en cuenta, cuantas veces puedan atropellar al vecino.

¿Qué tiene que ver el modelo del sur con lo que está pasando en Guatemala?, yo respondo mucho, a pesar de la “supuesta derrota de Chávez” y las otras situaciones que se viven en Ecuador y Bolivia. Éstos siguen siendo un termómetro para medir las posibilidades de construir un movimiento social guatemalteco antisistema, antineoliberal, antiimperialista, antiracismo, antipatriarcal. Además porque mientras la “dirigencia social guatemalteca”, está jugando el papel de “sujetos políticos colonizados y asimilados”, en el sur, están tratando de construir un sujeto político-social, libre y autonómico.

De esta manera, la estrategia del capitalismo sigue siendo “la entrega de espejos”, ahora denominadas “ventanillas indígenas o campesinas”, llevando a lideres históricos de los movimientos sociales a ocuparlas y que desde la firma de la paz, se han constituido como el obstáculo para el proyecto de liberación que están construyendo las comunidades rurales en los cuatro puntos cardinales del país.

Como decía una amiga, después de las elecciones del 2003, hoy estamos como pequeños “toritos y vaquitas, con mucha sed y hambre y el caporal lleva en su mano una cuantas libras de sal y todos amontados, peleándose unos con otros, tratan de alcanzar aunque sea un pequeño grano para satisfacer su necesidad”. Y léase bien “su necesidad” y no la de los demás, situación que se sigue repitiendo hoy.

• Entonces, ¿romper con el colonialismo?

La primera condición para quien no quiere seguir siendo colonizado, es querer “ser libre” y esta libertad implica asumir con decisión y compromiso las demandas de un pueblo que también quiere ser libre. Lamentablemente, para el caso guatemalteco, tanto la izquierda social como la izquierda partidaria, le han fallado al pueblo y aunque el pueblo quiera liberarse ya no confía en ellos. Así mismo le pasa al movimiento indígena y la mayoría de sus expresiones, se han constituido en lo que infinidades de veces hemos llamado ONGs y la mayoría de sus dirigentes (hombres y mujeres) tirados hacia el centro o centro derecha y aunque piensan en la reconstitución de los antiguos territorios indígenas, asumen posturas “étnicamente correctas” y buscando anquilosarse forzosamente no solo en el aparataje estatal, sino también con los proyectos de las ONGs de solidaridad y muchas veces de la multinacionales como el Banco Mundial (BM) Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Agencia Internacional de Desarrollo de los Estados Unidos (USAID), y algunos proyectos del Sistema de las Naciones Unidas.

El desafío en Guatemala, no sólo está en el marco de la gobernabilidad, también en el marco del quehacer político del movimiento social, que se desbarajustó con la Consulta Popular de 1999 y lentamente en cada una de las subsiguientes elecciones generales, sobre todo las del 2003 y estas últimas del 2007, en donde, cada uno de los dirigentes, antes y durante las elecciones negocian puestos dentro del Estado, sin importarles que lo que se ha estado hipotecando es el proyecto político de sus respectivas organizaciones y de todo un movimiento.

En América Latina tenemos muchas experiencias, en donde la participación de líderes o liderezas en puestos dentro del Estado, coadyuvó a la desarticulación del movimiento, sobre todo de aquellos que durante muchos años fueron lideres de algunas organizaciones del movimiento indígena o de algún movimiento social, como: Victor Hugo Cárdenas en Bolivia, Luis Maldonado en Ecuador, y varios destacados en Guatemala, sobre quienes ahora pesa una responsabilidad en la crisis del movimiento indígena en todo el continente y quienes de alguna manera iniciaron el proceso de oenegización, del cual ahora el mismo movimiento y las comunidades no pueden desprenderse.

Tampoco queremos restarle importancia a líderes y lideresas del movimiento social (de derechos humanos, de mujeres, sindicatos, etc.), quienes también han sufrido el peso del colonialismo, al creer que desde adentro se puede hacer algo, cuando en realidad no es así, porque si así fuera, el problema de los pobres y extremadamente pobres, la situación de los indígenas, de las mujeres, de los niños y de los ancianos ya se hubiera solucionado.

El discurso con la práctica hasta el momento no han sido complementarios. Por el contrario el discurso de los líderes y de las liderezas, cuando analizan la democracia, a los Estados, los Partidos Políticos y a los mismos políticos, pareciera que estuviéramos en un proceso de construir una alternativa, porque siempre los catalogan, como excluyentes, racistas, patriarcales, clientelares, etcétera., pero en su practica es todo lo contrario. Por ejemplo, mientras se piensa que el Estado es patriarcal, es racista, es discriminador, es excluyente, en la practica están pidiendo cuota de poder, piden ser tomados en cuenta a la hora de repartir los puestos y peor ahora, que a todos los presidentes se les dio, como el caso de Guatemala, por considerarse de “rostro indígena”, ahora ese rostro en vez de ser criticado por el liderazgo y el movimiento, lo están utilizando para sostenerse aunque sea de una migaja dentro de algún espacio institucional del Estado.

De esta manera romper con el colonialismo y con el proceso de “blanqueamiento” en América Latina, cada vez se torna más lento y difícil, toda vez que las “figuras y dirigentes” siguen presentándose como los lideres nacionales y los portavoces de un pueblo, que no quiere puestos, sino quiere liberación.

En resumen, los procesos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, deberían ser ahora los alicientes y los fundamentos para desblanquearnos y descolonizarnos, para que ya no vayamos por las migajas sino por la liberación y eso solo tiene un nombre “revolución”.

 

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1350


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