Interpretación histórico social, treinta y seis años después
Por Kajkoj Ba Tiul - Guatemala,
15 de mayo de 2008
Presentación. Es en el contexto de la transición entre la corriente del viejo indigenismo y el indianismo, en el que surgen dos importantes obras que sin duda le dieron un giro importante a las investigación en Guatemala y, por qué no decirlo en América Latina, estos son: La Patria del Criollo de Severo Martínez Peláez y Guatemala: Una Interpretación Histórico Social de Carlos Guzmán Böckler y Jean-Loup Herbert. Dos obras que a pesar de sus propias contradicciones, no sólo internas sino entre ellas, hasta el momento han sido de obligatoria consulta para investigadores y estudiantes de los diferentes centros de estudios en Guatemala, ya sea porque se comparten algunas hipótesis o tesis que plantean, o porque no se está de acuerdo con las mismas.
Como maya, intelectual, académico y militante del movimiento indígena, es un honor para mí, compartir algunas ideas sobre la actualidad del texto del Doctor Guzmán Bóckler.
El acontecer Latinoamericano. Los años setenta fueron escenario de innumerables discusiones sobre el proceso de movilización india en América Latina. Desde el Norte hasta el Sur, un grueso número de indianistas comienzan a discutir “cómo permitir que el indio recobre su voz”. Ya para esos años la hipótesis del indigenismo de entender al “indio como un problema”, y que permitiera que personas “no indígenas” hablaran a nombre de los indígenas (Bengoa: 2000), comenzaba a decaer paulatinamente, con el surgimiento de nuevos movimientos indígenas en todo el Continente.
La nueva propuesta indianista, que comenzaba a surgir: con Fausto Reinaga en Bolivia, con su “Revolución India”; de Agustín Cuevas en Ecuador con un incalculable número de documentos, de Bonfil Batalla que termina escribiendo su “México Profundo” en 1994, y tantos pensadores más, que quisieron “devolver la voz a los indígenas”, en un Continente en donde la lógica de la discriminación y racismo, se convertía en el fundamento para la construcción de Estados militaristas, que se empecinaba en contra de una población indígena que apenas tomaba las riendas de su historia. Este proceso concluye con los congresos de Barbados de 1971 y de 1977, en donde confluyen, sobre todo en el segundo, indígenas y antropólogos, para discutir la realidad del indio en América Latina.
El año de 1970 va a ser también la etapa en donde se cuestionan las políticas desarrollistas, sobre todo aquellas que fueron aplicados por el Programa Económico y Social denominado “Alianza para el Progreso”, en la década de los 60 y 70, y que luego pretende ser retomado por el “Consenso de Washington” de 1990. Estas propuestas económicas van a permitir el surgimiento de una inestabilidad económica interna, el uso excesivo del endeudamiento externo para financiar el desarrollo y se comienzan a sobrevalorar las monedas, y que culminan con la creación de políticas económicas inoperantes (Urquidi; 2005).
Se comienza a reconocer que las sociedades latinoamericanas, su configuración no pasan necesariamente sólo por las relaciones de clase, sino también por relaciones interétnicas. Una separación que opone a un sector que permanece estratificado, organizado y asociado y asociado directamente a la producción, contra un sector periférico, inorgánico y masificado que el aparato económico mantiene al margen de todo el proceso productivo (Favre: 1999) y además excluido de todas las decisiones de los Estados constituidos en ese momento, una población que aunque vendiera su mano de obra barata no era tomada en cuenta en las política públicas.
El grueso número que componen el sector masificado vive en ese momento en mayor precariedad y sin esperanza de vida. Son poblaciones que en un determinado momento les habían obligado a renunciar a su indianidad, pero a la vez los habían convertido en campesinos, otros que comienzan a migrar hacia las zonas urbanas-marginales, pero tampoco son tratados como urbanas. Una población que comienza a ser obligada a renunciar a su cultura e identidad e imponiéndole una sola categoría de cultura “la pobreza”.
Es precisamente en este sector marginado, explotado, oprimido y excluido de donde van a surgir las diferentes organizaciones indígenas en América Latina. Situación que permite por un lado toma de conciencia de la identidad étnica y por el otro de la situación social en la que se ha vivido durante muchos años.
De esta cuenta, aparecerán importantes organizaciones como: la Ecuarunari en Ecuador, Unión de Naciones Indias (UNI) en Brasil, posteriormente la CORPI, la COICA, el CISA, entre otros. La reunión de organizaciones indígenas en procesos de articulación, permitió la construcción de acciones hostiles en contra de los Estados-Nacionales. Es aquí en donde se cuestionan el tipo de nación que quiere construir el indigenismo y el que quiere construir el proceso indianista de la época. De esta manera la “cultura india será, a sus ojos, tanto más fuerte cuando más pura permanezca o vuelva a ser. Para ello es necesario que vuelva a los auténticos orígenes de su tradición y que se preserve de los contactos aculturativos indeseables” (Favre; 2000).
Las organizaciones indígenas de esa época comenzaron a discutir el derecho a la autonomía como mecanismo para recuperar los derechos territoriales ancestrales, como una herramienta para retomar su papel de pueblo y comunidades y por lo tanto no querían inscribir sus luchas desde las políticas culturales, educativas y sociales de los Estados-Nacionales.
Esta toma de conciencia de los indígenas y gestado, de alguna manera, en sus sectores profesionales (maestros, alfabetizados, algunos profesionales universitarios), obliga a que algunos intelectuales no indígenas, como Guzmán Bóckler, tomen conciencia de la situación del indígena, provocada por las ansias de poder de un sector minoritario y conceptualmente se contrapuso a la discusión marxista que sobre lo étnico se estaba comenzando a desarrollar, este el caso de Severo Martínez Peláez.
Guatemala: Una Interpretación Histórico Social: Historia o Actualidad. Me permito citar aquí la frase de Demetrio Cojtí, que está en la presentación que hiciera a la edición del libro: Guatemala: Una interpretación Histórico y Social, por la Editorial Cholsamaj en 1995: “se dice que los autores sólo son responsables de las ideas que expresan en sus libros pero no de lo que la gente haga con ellos”, creo que esa es la realidad de las discusiones que pueden darse en relación a esta obra y, por qué no decirlo, sobre la “Patria del Criollo”.
En la década de los 70, sectores de la sociedad guatemalteca, principalmente intelectuales de las ciencias sociales, empiezan a ver a los indígenas como parte de (su) país. (Bastos y Camus: 2003, Urrutia: 2003). De esa cuenta el debate producido por la obra de Martínez Peláez, de 1971, que ve a los indios como un producto colonial en proceso de asumirse como clases populares, y Guzmán Böckler y Jean-Loup Herbet, de 1970, que entienden la sociedad guatemalteca dividida en indígenas y ladinos, como dos clases socioculturales en pugna e introducen la noción de colonialismo interno para describir la situación de los indígenas en el Estado guatemalteco (Bastos y Camus, 2003).
Las dos obras intentan, de alguna manera, explicar el grado de complejidad de la estructura social guatemalteca en sus diferentes niveles. Pero a la vez nacionalizar la discusión académica, que hasta el momento esta monopolizada por la antropología norteamericana (Urrutia: 2003).
Para Guzmán Böckler analizar la realidad guatemalteca, utilizando únicamente el concepto de clase social, resultaba muy reducido, por la naturaleza de una formación social atravesada por diferencias étnicas (ídem). De esta manera, el aporte de Guzmán Böckler, sin dejar por un lado la influencia marxista que ya había en él, fue que en Guatemala la principal contradicción social y política, era esa relación que había entre indígenas y ladinos y que por lo tanto la el carácter del Estado guatemalteco era no de clase sino de etnia o cultural (ídem). Aquí es donde introduce la idea de la existencia de un estado ladino y que favorece las relaciones de colonialismo interno y externo y que favorecía a los ladinos y a Estados Unidos (ídem) y perjudicando así a la mayoría de la población, siendo en este caso los indígenas.
Los aportes brindados por Severo Martínez Peláez, es de una obra escrita desde su perspectiva del marxismo clásico. Para Martínez Peláez el indio será la continuación y permanencia del siervo colonial y por lo tanto producto de esa época. De esta manera, plantea que su cultura es la representación de su atraso y de dominación en que se encuentra, por lo que no puede utilizarlo como bandera de lucha, porque es producto de la servidumbre, esa cultura era pobre y sin elementos potencialmente liberadores (Urrutia; 2003).
El ladino, para el autor de la Patria del Criollo, es el único depositario de hacer transformaciones a la Nación, mientras que para Guzmán Böckler, el ladino carece de identidad y de un proyecto de nación y considera es incapaz de hacer transformaciones o desarrollar un proyecto de nación. Por otro lado, para Martínez Peláez, por estar en el contexto del inicio de la segunda etapa de construcción del movimiento guerrillero en las montañas totalmente indígenas, es decir, en el norte de El Quiche, considera que la Revolución la debe desarrollar el ladino y el indígena debe ser incorporado, pero mediante un proceso de “proletarización” o de su potencial “ladinización” . Guzmán Böckler, aducirá que al indígena le corresponde reivindicar su lugar en la historia y en el análisis de las clases y de los estratos sociales y retomando su historia el indígena deberá construir una nación viable.
En definitiva ambas obras causan grandes discusiones entre las organizaciones revolucionarias de la época y los académicos de izquierda. Unos sumándose a las hipótesis de Guzmán Bóckler y otros a Martínez. Entre los intelectuales de izquierda que reaccionaron en esa época están: Edelberto Torres-Rivas, Roberto Carmack, Joaquín Nobal, Julio Quan, Humberto Flores Alvarado y Carlos Figueroa Ibarra entre otros.
Lo que debemos rescatar de estas dos obras, y principalmente en la de Guzmán Bockler, es que ambas, como dirán Santiago Bastos y Manuela Camus, en sus obra: Entre el mecapal y el cielo: Desarrollo del Movimiento Maya, reconocerán tácitamente que el proyecto de “ladinización” había fracasado y que el indígena era un actor con el que había que contar.
Entonces, ¿es actual la obra de Guzmán Böckler? Si bien es cierto que uno de los problemas, cuestionado en su momento por lideres e intelectuales indígenas, es haber homologado pueblo indígena con clase oprimida, porque según intelectuales de la talla de Demetrio Cojtí, no todo el pueblo indígena es clase oprimida, aunque sí su mayoría.
Otro elemento que hay que tomar en cuenta para comprender la actualidad de los datos que nos presenta la obra de Guzmán Böckler, es haberse contrapuesto a las mentalidades racista de la época y que actualmente siguen presente en la toma de decisiones políticas del Estado guatemalteco, por otro lado, es importante por haberse contrapuesto a las mentalidades asimilistas que consideraban que la única forma que tiene el indígena para salir adelante era integrándose a la vida nacional.
Los datos que nos presenta Guatemala: una interpretación histórico social, son importantes para analizar la realidad de hoy en Guatemala, tomando en cuenta que la gran mayoría de los excluidos son indígenas, en Guatemala, pero también que, para la época que nos ha tocado vivir, tanto los principios de Martínez que considerar al indígena como producto de la colonia o de Guzmán Böckler, que interpreta a Guatemala desde una relación interétnica, los considero reducidos para este momento, porque incluso entendiendo Guatemala como una Nación multicultural, multiétnica y multilingüe, las relaciones son de Clase, de Etnia y de Género.
Por otro lado no es cierto, y lo hemos demostrado con el análisis histórico, que obras como las de Guzmán Böckler, sean el origen de la conciencia mayanista de hoy, como tampoco que las obras de Reinaga sean los elementos filosóficos de la lucha del movimiento boliviano, y no es así porque el desarrollo de la movilización y la conciencia étnica ha sido desde siempre, incluso en el mismo proceso del indigenismo, lo que debe reconocerse es que han tenido la virtud de levantar el debate.
Lo que si podemos afirmar es que conceptos como el colonialismo interno y externo fueron posteriormente discutidos en círculos de lideres e intelectuales indígenas, pero asumiéndolo como un proceso para la autonomía y la libre determinación y por lo tanto se reconfigura la categoría de pueblo, de nación, de comunidad, desde las categorías de los movimientos indígenas.
El que tanto Severo como Guzmán hayan motivado la discusión de las situación de los indígenas en las organizaciones revolucionarias de la época, así como entre los sectores marxistas ortodoxos, no implica que la incorporación de indígenas al movimiento revolucionario, constituyera una total confianza en esos movimientos, y por eso hubo muchas posiciones indígenas, dentro de las mismas estructuras revolucionarias, sobre los que hasta el momento no se ha escrito mayor cosa. Esto sucedía también con sectores de la iglesia, sobre todo católica, que comenzaron a hablar de los indígenas, acuñando la corriente “inculturalista”, como producto del Concilio Vaticano II y posteriormente de la Conferencia de Puebla de 1979, lo que no significaba que se concibiera a los indígenas como sujetos de su propio proceso, sino que debería actuar en los marcos establecidos por la institucionalidad eclesial.
Desde el campo de las ciencias sociales y desde el quehacer político, la obra sigue siendo un reto, porque después de tantos años sigue discutiéndose y utilizándose en centros académicos, no sólo porque con Guatemala: Una interpretación histórico social, se inicia el debate de lo que hoy podríamos llamar la “descolonización de la ciencia”, que tanta falta nos hace, actualmente, además porque sin pensarlo se estaba llegado a lo que Holloway llama más tarde: “interpretar el grito de los excluidos”. De esa cuenta, los aportes son importantísimos, pero a la vez habrá que ir más allá del propio análisis académico y político de la época, tomando en cuenta que hoy nos estamos enfrentando a la construcción de un Estado no sólo ladino, sino también criollo, como bien dice Demetrio Cojtí, además que la construcción de la nación multicultural actual, es la reconfiguración del indigenismo, que ahora no sólo asimila sino coopta y evitar hablar de problemas estructurales.
Estando colonizados por el proyecto neoliberal, que está construyendo sociedades consumistas, la situación se torna mucho más difícil, cuando observamos el caso de Guatemala, no es el ladino común y corriente quien promueve la discriminación y exclusión, sino sólo la reproduce, porque quien la promueve es el criollo, que es parte de los que ostentan el poder económico, social, político, militar y religioso en nuestro país.
Finalmente, el proceso debe ir mucho más allá de lo que plantea Guzmán Böckler, no sólo se trata de la construcción de una nación multiétnica y abanderada por los mismos indígenas, reconfigurando su historia y su identidad, sino buscar las formas para salir de la pobreza y la exclusión social y, en todo caso, cómo construir un proceso para refundar estos estados nacionales que, como nos dejan ver Guzman Böckler y Severo Martínez, no han cambiado su relacionamiento con los desposeídos, porque se ha vivido una permanente colonización y dominación.
Bibliografía
2003 Bastos, Santiago y Camus, Entre el Mecapal y el Cielo, Desarrollo del Movimiento Maya en Guatemala, FLACSO-Guatemala.
2000 Bengoa, José, La Emergencia Indígena en América Latina, Fondo de Cultura Económica, México.
1999 Favre, Henri, El Indigenismo, Fondo de Cultura Económica, México
1995 Guzmán Böckler y Jean-Loup Herbert, Guatemala una Interpretación Histórico Social, Editorial Cholsamaj, Guatemala.
2003 Hofmaister Wilhelm y H.C.F. Mansilla (editores), Intelectuales y Política en América Latina: el Desencantamiento del Espíritu Critico, Ediciones Homo Sapiens, Konrad Adenauer, Argentina.
1987 Martínez, Peláez, La Patria del Criollo, Ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca, Universidad Autónoma de Puebla, México.
2005 Murga, Jorge, Iglesia Católica, Movimiento Indígena y Lucha Revolucionaria (Santiago Atitlán, Guatemala), Facultad de Ciencias Económicas, IIES, USAC, Guatemala.
2005 Piñeiro Íñiguez, Carlos, Pensamiento Equinoccial: Seis ensayos sobre la nación, la cultura y la identidad ecuatorianas, Ariel, Quito, Ecuador.
2005 Urquidi, Victor, Otro Siglo Perdido: las políticas de desarrollo en América Latina (1930-2005), Fondo de Cultura Económica, México
Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1438 - 140508 |