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Otro 20 de enero(1)
Por Kajkoj Maximo Ba Tiul - Guatemala, 20 de enero de 2016
ajpop2004@yahoo.es

Algunos coyotes/dicen que los macehuales/despareceremos,
que los macehuales nos extinguiremos/que nuestro idioma
no se escuchará más/ nuestro idioma no se usará más/
Los coyotes como estos se alegran/los coyotes esto es lo que buscan/
¿Por què es así, por què causa busca que desaparezcamos.
(Visión de los Vencidos)

Todo comenzó a cambiar desde aquel 23 de diciembre de 1981, cuando estalla una bomba en la comisaria de la Policía Nacional, que se encontraba en las instalaciones de la municipalidad del municipio. Todo sucedió cuando todos estaban bailando al son de la marimba que amenizaba las posadas. Porque antes de esa fecha todo era alegre.

Desde esa fecha la gente entraba a su casa a eso de la siete de la noche. Cuando comenzaba a anochecer, la gente corría de un lado para otro, para llegar lo más temprano posible a la casa, sin importar que hiciera falta algo para comer o desayunar al otro día. Lo importante era llegar a casa, no importa cómo, porque entrando la noche, comenzaban a pasar por la calles del pueblo, unos pic up, marca Toyota, color blanco, que llevaba consigo a gente vinculado a la G2 y que a la vez eran de la seguridad de las compañías HOCHTIEF(2) (alemana) y COGEFAR(3) (italiana), quienes eran las empresas constructoras de la hidroeléctrica de Chixoy. La HOCHTIEF tenía su campamento en la finca Venecia, hoy campamento ACJ, que se encuentra a aproximadamente un kilómetro del cementerio del lugar y la COGEFAR, sus instalaciones estaba en Santa Cruz Verapaz, donde actualmente se encuentra Park Hotel.

Entonces, el pueblo y las aldeas, comenzaban a sentir la soledad y el miedo. Ya no se podía caminar de noche y todo había que hacerse durante el día. Comenzaron los días de terror. Muertos por aquí y por allá, desparecidos por todos lados, se escuchaban los bombardeos constantes en las aldeas, sobre todo las que se ubican a orillas de la sierra de Chamà y la Sierra de Pampakche’. Los comisionados militares, las PAC, los orejas y otros vinculados al Ejército, eran los únicos que podían caminar de un lado para otro y tener sus propias reuniones, quién sabe si era para planificar alguna acción armada contra la población civil.

En el pueblo se acostumbró desde la colonia, celebrar dos fiestas: la del Barrio San Sebastián, que era considerada la “fiesta de los indios”, la que se celebra el 20 de enero y la feria titular que se celebra en el mes de julio y considerada la fiesta social. En la primera, se bailaba en las zarabandas y al ritmo del arpa y la chirimía y donde participaba en su mayoría la población pobre y en la segunda, considerada la fiesta de la clase alta y que tenían posibilidad de contratar grandes orquestas como: Alma Tuneca, Combo Melódico Tropical, Combo Brasilia entre otros.

El 20 de enero de 1982(4), cuando el pueblo, y a pesar del miedo, estaba celebrando la fiesta de San Sebastián. Sabían muy bien que deberían de terminar lo más temprano posible, para eso se había pedido autorización al grupo de comisionados, jefes de patrullas, policía nacional, ejército y gobernación departamental. Alguien cuenta que estaban en plena fiesta, cuando entre siete u ocho de la noche, un personaje vestido de verde olivo, simulando ser un guerrillero, entra y toma la palabra diciéndoles, que siguieran bailando y no salieran a la calle. Es en ese entonces cuando se comienzan a escuchar ráfagas de armas de fuego y granadas de fragmentación, utilizadas solo por el ejército. La gente entra en pánico y comienzan a salir corriendo y buscando el camino para su casa.

Otros comentaron que más de dos columnas de miembros de la zona militar número 21 de Cobàn, entre soldados y G2, además de algunos miembros de las PAC y comisionados militares, entraron al pueblo, disparando a diestra y siniestra sin importar quien estaba en la calle, aprovechando que la gente estaba saliendo de la fiesta y comenzaron a disparar contra la gente que corría buscando su casa. Lanzaron granadas de fragmentación dentro de las casas, sin importar si eran viviendas o negocios, como sucedió con la tienda la Campanita que estaba en ese momento en donde hoy está la agencia del Banco Agrícola Mercantil (BAM), donde hicieron estallar una granada y la tienda comenzó a arder en llamas, agarrando fuego todo lo que había y comenzando una confusión entre cohetes y balas.

Al poco tiempo, el sonar de las ambulancias de los bomberos voluntarios de Cobán y San Cristóbal Verapaz, tratando de auxiliar a heridos y a gente que se desmayaba por el pánico y ayudado a recoger los cadáveres de hombres y mujeres que lo único que había buscado en esa noche era pasar un momento alegre.

En esa noche de miedo y de muerte, murieron Ana y Alfonso, una pareja jóvenes, que su único delito es ser mayordomos de una de las imágenes del barrio San Sebastián y que por el compromiso que habían adquirido salieron esa noche a bailar. Recordamos, que estaban vestidos con sus mejores vestimentas. Ana llevaba consigo su chachal de plata, que no sabemos en qué manos fue a parar y Alfonso, con pantalón, saco y camisa.

Doña Felisa Cojoc, una mujer muy conocida, porque junto a su esposo, vendían carne de marrano en el mercado del lugar. Su único delito, fue porque estaba en la ventana de su casa, esperando que su hijo entrara a casa.

Pablo, màs conocido como Palu’, quien era encargado de un molino de nixtamal. Alli quedó tendido con su escudo de mayordomo y su candela, porque también era mayordomo del Barrio.

En total fueron 19 muertos, regados por las calles del municipio de San Cristóbal Verapaz, esa noche las calles se tiñeron de sangre. La luna, las estrellas, lloraron sangre. El viento soplo a muerte. La gente llorando por todos lados.

Y los asesinos, huyeron cobardemente, algunos a sus casas, posiblemente a reírse por lo que hicieron y los demás a la base militar de Cobàn, donde posiblemente comieron, si lavarse las manos, porque según testimonios de algunos, que para ellos tener sangre en la mano, es símbolo de hombría y valentía. Pero en realidad, lo que los hacía hombres son las armas, porque después, lloraban como unos niños, arrepentidos de lo que hicieron.

Va esto como un homenaje a los hombres y mujeres, que inocentemente fueron asesinados por hombres transformados como coyotes. Chacales de su propio pueblo. Algunos aún viven y otros, estarán entregando cuentas a los abuelos y abuelas, porque difícilmente pasaran a formar parte del circulo de ancianos, porque quien llega a ser anciano, tiene que haber demostrado vivir bajo los principios humanos sobre la sagrada tierra.


(1) Relato de los hechos de violencia criminal el 20 de enero de 1982 en San Cristòbal Verapaz.

(2) https://www.linkedin.com/company/empresa-constructora-hochtief---tecsa

(3) http://www.paginasamarillas.com.gt/empresa/
cogefar+de+guatemala+sa-guatemala-15806079

(4) Segùn informe de la CEH fueron 19, la mayoría sin identificar, tomo VII

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