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El racismo hasta en las entrañas
Por Kajkoj Maximo Ba Tiul - Guatemala, 13 de diciembre de 2016
ajpop2004@yahoo.es

Un intelectual coherente debe denunciar las injusticias. Empezando por las de su propio país.(Ignacio Ramonet,)

Me recuerdo los primeros años en la escuela. Cuando hablábamos en nuestro idioma, llegaban los maestros y nos decían: “no estén hablando en lengua, porque de repente están hablando mal de nosotros”. En otros momentos, como burlándose de nosotros, nos decía: hablen en lengua pues muchá. Y para los días 12 de diciembre, el que se llamaba “día de la shiguala o día de la virgen de Guadalupe”, llegaban a nuestras casas a prestar los cortes de nuestras hermanas, para presumirlas durante la misa y así vestirse de “inditas”, como decían en ese entonces y como siguen diciendo. Se tomaban la foto en el parque y al fondo la imagen o la estampa de la virgen de Guadalupe, los hombres vestidos de “Juan Diego”, con bigote pintado con carbón, sombrero y pañuelo rojo en la cabeza, camisa y pantalón blanco, una faja roja y un par de sandalias.

Mi mamá y mi papá, decían a mis hermanas: “Ma kemelej taq a so’, wi’ inkaj qi kojom, ki loq qe’ (no presten su ropa, si ellos quieren vestir como nosotros que compren su propio traje, porque a nosotros nos ha costado y ellos nunca nos van a prestar algo)”. Esta frase podría sonar como a egoístas, pero no es así. La forma de vida que hemos tenido no solo desde la llegada de los Españoles, que aunque se diga, que ya basta de echarles la culpa, pero esa es nuestra realidad y no podemos negarla, porque desde que llegaron ellos, nosotros hemos vivido como personas de segundo nivel y eso poco a poco se fue reproduciendo, hasta hacerse famosa la frase: “soy pobre pero no indio” y esto sigue hasta hoy, sin importar si eres “indio permitido o no”, siempre hay un “álito de racismo y discriminación en las relaciones”.

La “gente de las comunidades son unos ignorantes”, se dice siempre, cuando llegan las elecciones, votan solo porque les regalan algo. Pero acaso, han sentido Ustedes el hambre que estruja el estómago de los niños mayas, porque llevan muchos días de no comer y si comen, solo es “tortilla con chile”, pero eso no quiere decir que estemos tristes o frustrados. A pesar de eso siempre somos alegres, reímos cuando debemos llorar y lloramos cuando debemos reír, por eso también nadie nos entiende y nos comprende, porque aquí el reloj gira de forma diferente. Entre los Q’eqchi’, cuando se comienza una reunión siempre se dice: “¿Ma’ sa’ sa’ ech’ool?” (¿están contentos?) y todos responde: “¡sa’ li q’a ch’ool!” (si estamos contentos). Puede ser que el Otro, el Kaxlan, perciba nuestra música como triste, pero no es tristeza, lo que pasa es que por medio de ella trasmitimos “ternura y amor”, porque a la naturaleza, a la belleza, a la tierra, al mundo, hay que tratarlo con ternura y con amor, con ese amor que nace de lo profundo de ser “hijo o hija de la tierra”.

Sí es cierto, que desconfiamos de todos. De la izquierda y de la derecha, de ladinos e incluso de indígenas que dicen ser intelectuales y líderes, del socialismo y del capitalismo, de quienes promueven la refundación y de los que no, de quienes promueven la democracia burguesa, representativa. De quienes escriben y hablan por nosotros y sobre nosotros (aunque digan que su método es compartir saberes). De quienes reproducen el racismo y la discriminación, de los interculturalistas, multiculturalistas o monoculturalista, pluralista, folkloristas. De las religiones y sus líderes. De extranjeros y de cualquiera que es ajeno a nuestras comunidades. Si los recibimos es por cortesía, pero no porque confiamos en ellos. Y eso por experiencia, así les pasó a nuestros abuelos y abuelas, cuando llegaron los españoles. Cuándo Hernán Cortez llega a Tenochitlán, Moctezuma lo recibe con oro y plata, plumas de quetzal y guacamaya, era una forma de ser cortes con los visitantes, pero el español, pensó que le decían entra y llévate lo que quieras y traicionó la cortesía. ¿Acaso, se nos va a olvidar, la quema y el asesinato de nuestros líderes Kaji Imox, Belejeb’ Kat, Belejeb’ Tz’i en Iximche’?. ¿Cómo se nos va olvidar la traición que hizo un sacerdote a Manuel Tot?. ¿Cómo decirle a un joven o señorita que le arrebataron a sus papás en plena guerra a que confíe?. ¿Cómo nos quieren pedir que les miremos a los ojos, si durante años el patrón, el maestro, el militar, el sacerdote, el pastor, el funcionario público, el intelectual, siempre nos miró con ojos dominantes y nos obligó a agachar la cabeza?, ¿Cómo creerle a un nuevo partido o movimiento, que nos describe como desconfiados y tristes?, ¿Cómo confiar en un nuevo partido, cuando los anteriores nos han engañado?.

Esto no es rencor, tampoco esencialismo, es nuestra historia, que está grabada en lo profundo de nuestra mente y nuestro corazón y que si la olvidamos se volverá a repetir. Desde allí, hemos resurgido y seguiremos resurgiendo para nuestra autonomía, como lo dirá Frantz Fanón: “Las grietas del colonialismo, ante todo subjetivas, son el resultado de una victoria del colonizado sobre el antiguo temor y sobre la desesperación ambiente destilada día tras días por n colonialismo instalado en una perspectiva de eternidad”1.

Por eso nos indignamos cuando uno de los nuestros, se vende solo por una condecoración, una medalla o un espacio que le regala el sistema que nos ha oprimido durante años. No es cierto que nuestros abuelos se dejaron engañar con espejitos. Nuestros abuelos resistieron a la colonización y nosotros estamos resistiendo a esta nueva colonización. Desde las montañas y valles, escuchamos que se matan, se envenenan, se pelean, se traicionan y se revuelcan por controlar su poder.

Nosotros sabemos, que nuestro tiempo no ha llegado. Por eso, siempre hemos dicho, que “nunca más sin los pueblos”, pero eso no quiere decir que estemos pidiendo que nos incluyan, frase que está siendo mal manejada, por quienes dicen ser organizaciones mayas. Nuestras verdadera forma de organización es el Komon. Es el awixb’aal (Poqomchi), el kaleb’aal (Q’eqchi). Nuestro tiempo volverá a llegar, pero no desde la inclusión, sino desde el cambio profundo. No son las ONGs, no son los partidos, no son las asociaciones, tampoco los COCODES, quienes harán los cambios, sino “Li Tenamit” (Q’eqchi’), “Re’ Tinamit” (Poqomchi), el pueblo.

Cuando criticamos el racismo que impera en Guatemala, no lo hacemos desde nuestro esencialismo, como lo han querido afirmar quienes defienden las ideas de don Edelberto Torres. Podemos reconocer los aportes que han hecho personas, como Edelberto, que posiblemente son importantes, tanto en el campo de la sociología, de la antropología, de la filosofía, la historia, la arqueología, etcétera, pero eso no quiere decir que por eso no es susceptible de discursos racistas o discriminadores y al ser persona pública se expone a toda clase de críticas.

(1) Fanon, Frantz, Sociología de una Revolución, Ediciones ERA, México, 1968.

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