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En una noche de luna llena
Por Kajkoj Maximo Ba Tiul - Guatemala, 3 de enero de 2018
ajpop2004@yahoo.es

Terminamos el año 2017 y comenzamos el 2018. La noche nos sorprendió con una luna llena.

Una luna radiante y majestuosa, fue testigo de lo que pasó durante toda la noche. Los abrazos, felicitaciones y buenos deseos, que se transmitieron, fueron acompañados de una luna que para los indígenas, augura una buena siembra para una buena cosecha.

Estamos dejando un 2017, lleno de situaciones que ameritan, no quedarnos en el simple deseo de otro año más, sino en el compromiso de asumir con responsabilidad los cambios políticos, sociales, económicos y culturales que quiere nuestra sociedad y avanzar, aunque suene utópico, hacia el destierro del Estado oligárquico-burgués-militar y narco, que abandera como sistema el neoliberalismo salvaje y depredador.

El 2017, no vale olvidarlo, porque nos dejó marcado con criminalización, despojo, desalojos, racismo, discriminación, persecución, control, encarcelamiento, asesinatos, violaciones sexuales. Un gobierno títere que termina el año, bajándose los pantalones ante Estados Unidos, reconociendo la política intervencionista de Trump, al aceptar trasladar la embajada guatemalteca a Jerusalén, desconociendo la lucha del pueblo Palestino, que lleva años de estar demandando el reconocimiento a su autonomía y libre determinación. Una clase política corrupta, impune, vende patria e incapaz de escuchar al pueblo que exige mejores condiciones de vida. Una clase burguesa y oligárquica, que sigue las normas del mercado para su beneficio, a costa de la pobreza y extrema pobreza de las mayorías.

Terminamos el 2017, con un movimiento social, que generó momentos de esperanzas, al desarrollar movilizaciones en contra de la corrupción y la impunidad, pero incapaz de generar alianzas estratégicas conjuntas para avanzar hacia la refundación o construcción de un nuevo Estado. Un movimientos social que se quedó con movilizaciones urbanas, incapaz de entender y asumir las luchas locales o territoriales. Un movimiento social que sigue el camino de la oenegeización y con un liderazgo muy caudillista. Un movimiento de social que se ha quedado en las puras demandas, sin una ruta para generar rebeldías que promuevan la revolución. Por eso, seguimos avanzando con un movimiento social, que aunque se plantee la refundación, sigue pensando en pedir derechos al Estado criollo.

Los llamados partidos de izquierda, siguen la misma forma de partido empresarias y clientelar de los partidos de derecha. No hay ningún solo partido que se denomine de izquierda en Guatemala, que sea realmente anticapitalista, aunque lo demuestre en sus comunicados e intervenciones políticas. Los partidos de izquierdas y los nuevos partidos denominas progresistas, hasta el momento no son y ni serán la alternativa para que los pueblos tomen el control del poder, a pesar de que uno de los caminos para hacer revolución es participar en las próximo evento electoral.

Los pueblos, aunque seguimos pensado que deben ser la vanguardia, sus demandas se quedan en lo local y no se ha podido generar un movimiento entre pueblos, que pongan en aprietos al poder establecido, a no ser por las tomas de carreteras dirigidos por algunas organizaciones, pero que carecen de ser legítimamente de pueblos. Las comunidades igualmente estuvieron desarrollando acciones aisladas unas de otra y que si se tuviera la capacidad de articularlas nacionalmente, podríamos encaminarnos hacia la destrucción del modelo capitalista.

En términos sociales y de acuerdo a informes de organismos internacionales, nuestro país es uno de lo que siguen rezagados en resolver los problemas de hambre, desnutrición, educación, vivienda y trabajado de las poblaciones. Aunque terminamos con un decreto gubernativo que eleva el salario mínimo, esa medida no es real, porque los empleadores, seguirán haciendo de las suyas, como sucede con algunas fábricas, que niegan el derecho a la sindicalización o el derecho a prestaciones laborales de los y las trabajadoras.

Las políticas medio ambientales y la utilización de los recursos naturales en territorios indígenas, siguen siendo para la gran empresa y la industria. Las políticas de reservas forestales, áreas de conservación y parques nacionales, siguen siendo un modelo que viola los derechos de los pueblos indígenas, como ha sido evidenciado por relatores de pueblos indígenas de Naciones Unidas. Hasta el momento no hay en el mundo un área de reservas y de protección ecológica que no hay producido muerte y despojo a las poblaciones originarias.

Estas políticas medio ambientes, siguen pensándose para el gran capital, es decir, cuidarlos para que sean devorados por el capitalismo ambiental.

En el mundo, el año 2017 hubo un fortalecimiento no solo del modelo neoliberal, sino del conservadurismo capitalista y por lo consiguiente una retoma del poder político por la extrema derecha, sin importar la forma y los medios que utilicen para conservarlo, como lo sucedido en Honduras, en donde el extremismo dirigido por Juan Orlando Hernández, se reelige por medio de un fraude electoral, apoyado por el gobierno y la derecha de los Estados Unidos y por algunos otros gobiernos, títeres del imperio. Por otro lado, la paz sigue estando lejos de construirse, los diálogos siguen siendo un mecanismo de control y de desmovilización, como lo que está sucediendo en Colombia, que aunque se haya firmado la paz con las FARC y está
en marcha el proceso de paz con el ELN, sigue hacia adelante el modelo de genocidio, contrainsurgente y de muerte en contra de movimientos sociales y grupos que promueven la justicia social.

De esa cuenta, terminar un año, implica generar un proceso de reflexión sobre lo que hemos avanzado, estancado o lo que dejamos de hacer, ya sea por miedo o por cobardía. Abrazos de felicidad y éxitos para el próximo año, no deben ser simplemente símbolos o deseos vanos y vagos. Desear buenas nuevas para el próximo año, no deben quedarse en meras utopías discursivas, sino en construcciones políticas reales, que implican dejar intereses personales por intereses más colectivas.

El nuevo año, implica terminar con aquello que no nos deja unirnos, para avanzar hacia la construcción de un mundo más justo y más humano. Eso significa dejar nuestros egoísmos institucionales y organizaciones, para avanzar hacia la articulación de un frente común fuerte, para la revolución definitiva que exige nuestro país, el continente de América Latina y el mundo.

Que la lucha por la justicia social y el desmontaje de la estructura capitalista neoliberal, anime nuestra acciones en este año 2018.

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. En donde todos juntos nos tomemos de la mano, sin distinción de ninguna clase.

Este proceso que estamos viviendo hoy, no debe concluir en una mesa de diálogo entre mudos y sordos, por eso no al diálogo, este debe terminar con que todos y todas, nos propongamos a avanzar hacia nuestra emancipación. Se respira y se siente que algo nuevo puede pasar, pero necesita de todos y de todas nosotros y que los otros y otras, deben que los demás se unan. Decimos con Benedetti, “lento pero viene, el futuro se acerca despacio, pero viene”.

(1) Tomado del poema de Mario Benedetti.