Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 13 - 2018

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Panzos, 40 años después
Por Kajkoj Maximo Ba Tiul - Guatemala, 29 de mayo de 2018
ajpop2004@yahoo.es

¿A dónde caminas, tú joven?

(Popol Wuj)

Guatemala, ha sido escenario de grandes contradicciones y disputas. Una de esas contradicciones, es que se declara un país democrático en donde se respetan los derechos humanos y la mayoría de la población guatemalteca, principalmente mayas, viven en condiciones más que de pobreza, de miseria. Son innumerables las comunidades en donde las familias viven en situaciones precarias de salud, educación y vivienda(1).

Teniendo estas condiciones de vida, las comunidades mayas, sostienen la economía del país. Trabajando en las fincas como mozos colonos, enviando a sus hijas a trabajar a las casas de las familias en las áreas urbanas, enviando a sus hijos a prestar servicio militar o trabajo de policía, sea esta nacional o privada y muchas veces tienen que migrar a las áreas urbanas del país y a Estados Unidos.

Las mujeres que se quedan en el campo, no solo se dedican al cuidado de la casa, sino a desarrollar y fortalecer la economía familia, sin trabajar fuera de casa, su horario de trabajo va desde la madrugada hasta el anochecer y esto no es tomado en cuenta como parte de la economía del país en los informes.

De esas contradicciones, nacen las disputas y una de ellas es la tierra, elemento importante para la perpetuación y el fortalecimiento de la vida comunitaria y sobre todo de la vida familiar. La lucha por la tierra, ha sido desde la colonia, su objetivo es recuperarla y administrarla de acuerdo a su pensamientoLos problemas relacionados al control de la tierra, se dan principalmente en la región, conocida por los dominicos como la “Tierra de Guerra”, reafirmada hoy como “Tierra de Resistencia”(2). Los pueblos que habitaban, eran: Q’eqchi’, Poqomchi, Ch’ol, Akala’, Lakandon, Mopán, y fueron sometidos por dominicos, muchos de ellos dejaron sus tierras, para no ser ubicados en pueblos de indios y llegaron a las montañas de la Sierra de Chamá, Sierra Pampakche’, Sierra de Pambach y Sierra de las Minas, creando grandes zonas de refugio.

La Conferencia Episcopal de Guatemala, en 19883, reconoció que uno de los problemas que aquejan al país y que es una voz que clama hacia el cielo es la tierra. “EL CLAMOR POR LA TIERRA es, sin duda alguna, el grito más fuerte, más dramático y más desesperado que se escucha en Guatemala. Brota de millones de pechos de guatemaltecos que no solo ansían poseer la tierra, sino ser poseídos por ella. “Hombres de Maíz” que, por una parte se sienten tan profundamente identificados con los surcos, la siembra y la cosecha y, por otra, se ven expulsados de la tierra e impedidos de hundirse entre sus surcos fértiles por una situación de injusticia y de pecado”(4).

Desde hace muchos años, “la lucha por la tierra no ha cesado y la violencia tampoco. Mucha lluvia ha caído sobre esas tierras y las lágrimas de muchas víctimas del injusto régimen colonial que se instaura como característica de este país”. Esta misma antología de FLACSO-Guatemala, sigue manifestando, que “los señores de la tierra han cambiado varias veces, generación tras generación, pero la injustica no. Ha habido períodos más calmos, pero sólo para terminar en explosiones violentas y sangrientas, en rebeliones campesinas, rebeliones indígenas una y otra vez vencidas y otras tantas resucitadas en cada ocasión con demandas más osadas”(5) .

Es esa la triste realidad de la mayoría de los guatemaltecos que claman por la tierra.

Aquí es donde estábamos, cuando comienza a desarrollarse la política contrainsurgente, promovida por los gobiernos de turno, como parte de la doctrina de seguridad nacional y fortalecido con la presencia de Estados Unidos, que tenía dentro de sus objetivos, no permitir una Cuba más en la región.

Las constantes amenazas de los terratenientes en Guatemala, principalmente en la región de Alta y Baja Verapaz, Izabal y Peten, ha sido como el mecanismo para desarrollar una política de terror en contra de comunidades mayas. Desde la matanza de los Ch’ol, a principios de la colonización dominica, como parte del control hacia los pueblos, hasta las masacres de mayas Poqomchi y Q’eqchi’ en la
Sierra de las Minas y Sierra de Chama, dirigido por finqueros alemanes, son muestra que la recuperación de la tierra, trae como consigo la muerte para las comunidades mayas.

Los discursos de líderes mayas de la región, cuando se refieren a la recuperación de sus tierras, dicen: “si para eso tengo que morir, no importa, porque la tierra es fundamental para que puedan mis hijos, mis nietos y las nuevas generaciones vivir”(6).

Hace unos días en una de las comunidades que está sujeta a desalojos por finqueros alemanes, un líder joven aún, llorando amargamente decía: “yo lo único que pido es que me ayuden para que me den la tierra, para que me devuelvan lo que es mío y que nos ha ido quitando poco a poco”(7).

Estas lágrimas de ayer son las mismas lágrimas de hoy. Aunque ahora quienes reclaman la tierra, son nietos de quienes hace muchos también lo hicieron. Si antes sus reclamos fueron ante la monarquía o la iglesia, hoy lo hacen ante el Estado, que igual que la institución de la colonia, no le importa el sufrimiento de los mayas, pero si tolera el abuso de los finqueros para apoderarse de las tierras mayas.

La masacre de Panzós de 1978, forma parte de toda una serie de masacres que se habían ejecutado desde la colonización dominica, pasando por las realizadas por alemanes y posteriormente por el ejército. Las mismas se realizaron como parte de una campaña contrainsurgente permanente(8).

En el territorio de Tezulutlán, entrando el mes de mayo, ya comenzamos a prepararnos para esperar las constantes lluvias, las mismas que con gran ternura esperaban los campesinos, para comenzar la primera siembra de maíz y el frijol, que se enredarían en las varas de la milpa y junto con los ayotes, se convierten en la comida de todos.

El 29 de mayo de ese año, una de esas mañanas, con un nivel alto de humedad, como son frecuentes en la región. Acostumbrados a chapotear lodo y al ritmo de las gotas de la lluvia, las mujeres Q’eqchi’ se levantaban temprano, como aún lo hacen en muchas comunidades, para tortear las tortillas que los hombres llevan en sus
morrales, ahora mochilas, para sus almuerzos. Cocinar un poco de rax uq’un9 (agua de masa), como una bebida refrescante, que nos hace cada vez más ser “Aj Raal Ch’och’”(10) , hijos de la tierra. Posteriormente las mujeres se quedan a darle de comer a los animales o participar en alguna actividad comunitaria.

Antes del 29 de mayo, junto a varias organizaciones sociales, un grupo jóvenes de entre 14 a 22 años, algunos estudiantes, otros campesinos, principalmente Q´eqchi´, Poqomchi y Ladinos, hombres y mujeres, nos unía, la esperanza de tener mejores condiciones de vida.

Buscar tierras no solo para tener una casa, sino para sembrar, era parte de la lucha, porque para nosotros la vida no tiene sentido si no tenemos “Ixim”11 (maíz), de allí el principio que todos venimos de ese alimento, que desde que nuestros abuelos y abuelas lo domesticaron, se convirtió en nuestro alimento principal. Habíamos iniciado una serie de reuniones para apoyar el proceso de recuperación de tierras, que ya habían iniciado muchas comunidades de la región.

Porqué digo nosotros, porque antes que sucediera la masacre de Panzós, algunos de este grupo de jóvenes, visitábamos constantemente la región. Por eso, volver a pensar en estos hechos, vuelven a nuestra memoria, rostros de hombres y mujeres, con nombres y apellidos, con quienes compartimos sentimientos e ideales.

Muchos de ellos no sabemos si murieron en la masacre, pero lo que sí es cierto y con mayor probabilidad que varios estuvieron presentes en las reuniones en donde se reflexionaba por la vida y por la tierra, como es del sentimiento de los Q’eqchi’ y los demás pueblos mayas.

Cómo olvidar las reuniones en lo que antes era la aldea de “Telemán”, en un salón parroquial todo sencillo, en donde se discutía nuestros problemas y los problemas de las comunidades, utilizando a veces versículos del Antiguo Testamento, como, “los principios y valores que unía a la primera comunidad cristiana” y lo que iban aprendiendo de documentos que llegaban a nuestros manos. Se discutía la situación de racismo y discriminación en la que vivían las comunidades, ante las políticas del Estado, como práctica colonizadora.

No podemos hacer una reflexión sobre la masacre de Panzós, sin tomar en cuenta las reuniones en las comunidades a las orillas del río Polochic, en la montaña conocida como “el gigante dormido”(12). En Jolom i Jix(13), en donde platicábamos por la noche, a la luz del candil(14) o con ocote, en donde se volvía discutir los problemas que habían sido objeto de reflexión en reuniones más amplias en los lugares urbanos. Esto alimentaba el espíritu rebelde y comprometedor de las comunidades mayas de la región.

Las organizaciones y algunos sectores de la iglesia (La Tinta, Teleman, Panzos)(15), apoyaban a los campesinos para recuperar o defender sus tierras. Se hablaba de liberación, se utilizaba la figura de Móises y Jesús, como los primeros libertadores de los pueblos. Se predicaba que de “nada sirve rezarle a Dios, sino hay un compromiso con el hermano de caminar juntos para la recuperación de la tierra y la liberación de las comunidades”

Así alimentados, por llamarle de algún modo, de versículos bíblicos, de las ideas revolucionarias y de las discusiones anti racistas y discriminadoras de ese momento profesionales, hombres y mujeres, acompañaron este caminar de los campesinos, por recuperar sus tierras, que en un tiempo atrás ya les había dado en derecho de posesión el Instituto de Transformación Agraria.

Posteriormente estas tierras fueron adjudicadas al finquero Flavio Monzón, quien con engaños hizo firmar a los ancianos del lugar y con estas firmas tramitó ante el INTA su derecho de propiedad sobre las tierras, como ha sucedido con la tierra de las comunidades Q’eqchi’ y Poqomchi de la región.

Engañar a los campesinos mayas, ha sido una práctica histórica de los finqueros y tolerados por la estructura del Estado. Empresarios dueños de los mega proyectos, finqueros, funcionarios públicos, dueños de hidroeléctricas, utilizan esta misma táctica para engañar a los mayas y robarles las tierras(16).

Este fue el mismo escenario, donde se tejió la Masacre de Panzos, y que fue perpetuada en la mañana del 29 de mayo de 1978, durante el gobierno de Kjel Eurgenio Laugerud Garcia, y cuando el comandante de la zona militar de Cobán, era el Coronel Guillermo de la Cruz, conocido como el Chacal del Norte, los campesinos dirigidos entre otras por Adelina Caal Maquin, llegaron al municipio invitados por el Alcalde Walter Overdick García, los citó a una reunión en el lugar para discutir el problema de la tierra.

Juan Maquin, hijo de Adelina Maquin, en su testimonio ante un juez, dice: “él junto a su madre y otros vecinos de las comunidades Sebcoch y Cahaboncito llegaron a la Municipalidad de Panzós para intentar hablar con el alcalde de esa época, Wálter Overdick García, padre de Wálter Overdick, alias el Tigre, durante la gestión del expresidente Kjell Eugenio Laugerud García, para entregarle la nota del Inta”(17).

Overdick, Flavio Monzón y otros finqueros de la región, al tener iguales intereses, sobre la tierras, tendieron una trampa a los campesinos, quienes al llegar parque central del municipio, fueron recibidos a balazos por miembros del ejército, gente armada de los finqueros, guardaespaldas y los mismos finqueros, apostados en lugares estratégicos se dieron a la tarea de masacrar a los campesinos, de los cuáles hasta el momento no se sabe con certeza cuantos murieron, ni de los nombres(18).

Hoy, después de 40 años, el pueblo de Panzós no solo recuerda la masacre, la que nunca ha sido esclarecida a profundidad, como muchos de estos casos. Los Q’eqchi’ del Polochic, siguen reclamando sus tierras y sus territorios. Tierras que ahora no solo están en manos de familias finqueras alemanas y guatemalteca, sino
también en manos de militares y comisionados militares, que dirigieron la guerra constrainsurgente de la guerra pasada.

En la memoria queda la lucha de Adelina Maquin, conocida también como “Mama Maquin”, quien nace en el año de 1915. De origen Maya Q’eqchi’. Que junto a su familia se desplaza de Carchá hacia el Polochic, es decir de Norte a Sur, en busca de tierras y obtiene un terreno en la finca la Soledad de Panzós. Doña Adelina, desarrollo un fuerte liderazgo al frente de movilizaciones campesinas para impulsar
actividades culturales del Pueblo Q’eqchi’. Por el reconocimiento que las comunidades le dieron a su liderazgo, encabezó la movilización el 29 de mayo de1978, donde perdió la vida.

Después de esta masacre, se instaló un cordón de seguridad militar, constituyendo posteriormente los destacamentos de Sepur Zarco, Tinajas, Telemán, La Tinta, quienes mantuvieron bajo control y miedo a las comunidades Q’eqchi’ y Poqomchi de la región del Valle de El Polochic.

Este control y cerco militar, como parte de toda esa política salvaje contrainsurgente, dio como resultado, más muertos, desaparecidos, mujeres violadas, niños y niñas desparecidas, desarrollo del miedo y el sometimiento de comunidades al poder finquero y blanco.

La Masacre de Panzos, formó parte de esa seria de masacres cometidas por el Estado en contra del pueblo Maya. La masacre de Las Pacayas, Najtilabaj, Santa María, Agua Blanco, El Naranjo en San Cristóbal Verapaz. Las masacres de las Conchas, Peñas Blancas, Gancho Caoba en Cobán Alta Verapaz. La masacre de Rio Negro entre Alta y Baja Verapaz. La masacre de las Conchas en Chisec Alta Verapaz y en toda la región, que dejó un número considerable de muertos, desaparecidos, torturados y una cantidad grande de comunidades Maya Poqomchi, Q’eqchi’ y Achi, desplazadas.

Después de 40 años, los Maya Q’eqchi’ de Panzos, siguen esperando respuesta del Estado, sobre porqué fueron reprimidos y masacrados. Hoy esta masacre, no solo nos debe llevar a recordarlo, sino a buscar caminos para el esclarecimiento de todos hechos y que los culpables sean llevados a juicio como parte de todo el proceso de reconciliación y de sanación. Pero a la vez para fortalecer la lucha por la recuperación y la liberación de la tierra.

La Masacre de Pánzos, al conmemorarse otro año más, nos debe llevar a comprometernos seriamente a avanzar, sin divisiones de ninguna clase, a caminar sobre la ruta del cambio profundo que urge no solo en la estructura del Estado, sino en la sociedad misma, para que le pongamos un alto al racismo y a la discriminación, pero también a las prácticas de sometimiento que emanan de los grupos de poder colonial.

Como una de las frases de las Comunidades de Población en Resistencia, “de las cenizas de nuestros mártires, hemos resistido”, así hoy los pueblos y comunidades mayas, hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianos, siguen resistiendo,

buscando caminos planos y llanos, como lo dice el Popol Wuj, para encontrar la liberación.

Los tantos años de sufrimiento y de silencio, deben de alimentar la lucha de los pueblos para la descolonización, aprendiendo de los antepasados, Jun Ajpu’ e Ixb’alamke, quienes lograron vencer a los de Xib’alb’a, para darnos la esperanza que muy pronto llegará el día de nuestra liberación.

(1) Velásquez, Luis Ernesto, Guatemala: 3 de millones de personas viven en pobreza, http://desarrollohumano.org.gt/blogs/guatemala-3-millones-de-personas-viven-en-pobreza-extrema/, visto
ultima vez 28 de mayo de 2018.

(2) López Barrientos, Mario, Comunidades que luchan. Negatividad y Resistencia en Ribacó (Purulha, Baja Verapaz, 1990-2014, tesis doctoral, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla México, 2016.

(3) Conferencia Episcopal de Guatemala, El Clamor Por la Tierra, Guatemala 29 de febrero de 1988, visto
última vez el 27 de mayo de 2018.

(4) opcit

(5) Cambranes, JC (Editor), 500 años de Lucha por la Tierra, Estudios sobre propiedad rural y reforma agraria
en Guatemala, FLACSO-Guatemala, 1992.

(6) Agustin Misti, Sierra de las MInas

(7) Ilario Choc

(8) Quiere decir, que desde la colonia el pueblo maya, siempre ha sido criminalizado, como parte de un plan
contrainsurgente permanente e histórico.

(9) Q’eqchi’

(10) Q’eqchi’

(11) En todos los idiomas mayas

(12) Porque tiene una forma de un gigante acostado

(13) Cabeza de tigre en Q’eqchi’

(14) Una lámpara, con una mecha de hilo y gas.

(15) Atendidas por curas dominicos

(16) Caso Pankajok de la Sierra de las Minas.

(17) Prensa Libre, Sobreviente de la Masacre de Panzós declara,
http://www.prensalibre.com/noticias/justicia/masacre-Panzos-testimonios-Ejercito-0-1178882173, visto
ultima vez el 27 de mayo 2018.

(18) Porque muchos de ellos fueron enterrados en fosas comunes sin identificar, otros en su huida fueron arrastrados por las aguas del Río Polochic, uno de los más grandes ríos de Guatemala y de la región.

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.
. En donde todos juntos nos tomemos de la mano, sin distinción de ninguna clase.

Este proceso que estamos viviendo hoy, no debe concluir en una mesa de diálogo entre mudos y sordos, por eso no al diálogo, este debe terminar con que todos y todas, nos propongamos a avanzar hacia nuestra emancipación. Se respira y se siente que algo nuevo puede pasar, pero necesita de todos y de todas nosotros y que los otros y otras, deben que los demás se unan. Decimos con Benedetti, “lento pero viene, el futuro se acerca despacio, pero viene”.

(1) Tomado del poema de Mario Benedetti.