Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 13 - 2018

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Guatemala: poder y violencia
Por Kajkoj Maximo Ba Tiul - Guatemala, 19 de junio de 2018
ajpop2004@yahoo.es

Cuándo despertaremos sin que nos anuncien nuevos asesinatos. El país se está desangrando y no hay nadie que tenga la capacidad de pararlo. Claro, la violencia puede ser un negocio redondo. Puede ser que haya intereses muy oscuros para instaurar o desarrollar un clima de violencia. Pero también contamos con un Estado Indolente, que no le importa las muertes.

Así como van las cosas, nos pone a pensar que no solo nos enfrentamos a un sistema de delincuencia común, porque; que ya estén asesinando a líderes de organizaciones sociales, nos obliga a pensar seriamente, que la violencia que hoy impera en nuestro país, tiene varios significados y por lo tanto puede ser susceptible de muchos análisis.

En ese sentido, podemos definir, que existe una estrecha relación entre el poder y la violencia, sobre todo porque ésta, se está desarrollando sistemáticamente.

Porque no puede ser, que los hechos de violencia en el país sean cada vez más fuertes e incluso con formas que solo se pudieron vivir durante el recién terminando conflicto armado.

Para Hannah Arendt, “la arbitrariedad con la cual se utiliza la violencia, evidencia un peligro que el fin pueda ser superado por los medios y que por lo tanto, estos medios son necesarios para alcanzarlos”(1). Entonces es por eso, ¿qué después que el presidente Jimmy Morales, criminaliza públicamente a CODECA; se inicia una ola de muerte en contra de miembros de las organizaciones campesinas como CODECA y CCDA?.

Prensa Comunitaria en su cuenta de twitter, informa que; “Identifican a alcalde de San Pedro Pinula como uno de los tripulantes que viajaban en el carro en el que huyeron sicarios que asesinaron a Luis Marroquín. José Manuel Méndez Alonzo y sus dos guardaespaldas fuertemente armados”(2).

Si este dato, fuera confirmado por el Ministerio Público y por el Sistema de Justicia de Guatemala, entonces estaríamos ante un plan diseñado para provocar miedo y desorden en la sociedad guatemalteca, desde las estructuras del Estado.

Como lo afirma, Álvarez Aragón, “Los asesinatos de siete líderes campesinos, todos dirigentes significativos de sus organizaciones, no pueden ser vistos como casos fortuitos y aislados. Las formas e impunidad con la que han sido perpetrados denotan no solo un alto grado de planificación sino, sobre todo, hacen sospechar de cobertura y apoyo de parte de instancias del Estado y, particularmente, del gobierno de Jimmy Morales”(3).

Entonces, lo anterior puede ayudarnos a responder, sobre porque, el presidente del congreso Alvaro Arzú, en su cuenta de twitter, dice; “me pidieron que me reúna con representantes de los manifestantes para negociar. Yo no negocio con delincuentes que agreden a las mujeres. Hago responsables al CUC, CONGCOOP y a ASP de que las víctimas del volcán no reciban la ayuda que hoy se aprobaría y que tanto se necesita”.

En estos días de manifestaciones y plantones en la ciudad capital, se vio en los canales de televisión y medios alternativos, de cómo el diputado Galdámez, junto a uno de sus guardaespaldas, pateaban a los manifestantes que se encontraban atrás del congreso, protestando en contra de los diputados que estarían aprobando leyes espurias, como la ley de ONGs, financiamiento electoral y ley de amnistía.

Las preguntas que nos hacemos ante estos hechos, son: ¿la forma cómo el ya controversial diputado Galdámez, golpea a los manifestantes, forma parte de este ciclo de violencia?. ¿Será que es una forma de decirle a la población no organizada, miren como tratamos a estos delincuentes?, ¿Esta actitud de un diputado al congreso, es parte del plan de criminalización que luego genera violencia?. ¿El clima de violencia y las agresiones de diputados en contra de la población guatemalteca, forma parte de todo este plan de violencia?.

Ante esto, la propuesta de Arendt, es útil para comprender el alcance que tiene la violencia, al afirmar que “se constituye como un instrumento, para lograr el fin”(4).

Y en la situación que estamos viviendo en Guatemala, la pregunta sería; ¿qué es lo que se persigue con generar todo un clima de violencia en contra de hombres y mujeres, y que se convierta en anuncios, en los medios de comunicación del país?(5).

¿Y porque los medios de comunicación generan un modelo de morbosidad ante la muerte y no una forma de sensibilizar a la población a detener toda esta violencia?. Walter Benjamin, en la crítica a la violencia, afirma, que “la violencia no se práctica ni se tolera ingenuamente”(6), esto quiere decir, que para nuestra realidad guatemalteca, que la violencia actual, como todas las violencias que han existido, están diseñadas, para causar temor o un tipo de debilidad, para bajar la intensidad de las manifestaciones en contra del sistema establecido y como en el conflicto armado para debilitar el proceso de toma de conciencia de quienes simpatizaban con el movimiento armado o militaban en alguna organización social.

Para Benjamín, “el militarismo es el impulso de utilizar de forma generalizada la violencia como medio para los fines del Estado”(7).

Entonces siendo herederos de un modelo militarista que nace por poner épocas, en los tiempos de las dictaduras, desarrolla un modelo violento en contra de comunidades y poblaciones que están en constante movimiento o disputa con el Estado, en ese momento se le llamó, política contrainsurgente y hoy, analizándolo desde los discursos de funcionarios públicos, como el presidente Morales y el Presidente del Congreso, podemos contextualizarlo en la política antiterrorista del Estado de Guatemala.

Benjamín, seguirá diciendo, que; “la violencia implanta un derecho pero una establecido, no renuncia a la violencia. Fundación de derecho equivale a fundación de poder y por ende un acto de manifestación inmediata de violencia”(8).

Por eso, es la elaboración de leyes de control en el país.

Recordemos la ley TIGO, la ley túmulos y ahora las reformas a leyes como el de ONGs y otras que se les ocurrirá a quienes están detrás de la violencia, para seguirla desarrollando. La situación de violencia que hoy llena las páginas de los medios de comunicación escrita, los programas de noticias de la televisión, de la radio, las redes sociales, solo tiene una respuesta; y es que su escalada tiene sentido cuando se le entiende como una forma de disputar y controlar el poder. Entre un Estado corrupto que sigue siendo instrumento de los grupos de poder y pueblos y organizaciones que quieren cambiar esta relación de poder, pero que el sistema se los impide y por lo tanto generar un clima de violencia, implica generar un sentimiento de miedo y de terror.

Entonces generar este clima de violencia, tiene como fin desarrollar un modelo de destrucción, no solo de los cuerpos violentados, sino de la capacidad de organizar y resistir de las comunidades y pueblos y por eso, en la mente de los generadores de violencia, podría estar ésta frase: “si no mato no puedo imponer mi poder”. Por eso, es que a diario se escucha en los buses, en los parques, en los mercados, en la casa y en otros espacios públicos y privados, lo siguiente: “te voy a matar”.

Palabras que se vuelve cotidiano, incluso repetido por los niños y niñas en las escuelas.

Cómo dirá Arendt, “la violencia como el “último recurso” para mantener intacta la estructura de poder, se presenta a la acción violenta como “prerrequisito” del poder”(9).

De esa cuenta, “la violencia funciona como el último recurso del poder contra los delincuentes o rebeldes”(10). Y es lo que hoy estamos viviendo en Guatemala, como consecuencia de una historia de violencia, que nace con el modelo de colonización a principios de 1500. Ver al otro como rebelde, salvaje o delincuente, ha sido la norma. Aquí se explica el concepto utilizado por los españoles para definir a los mayas que no se dejaban cristianizar, como los “aj ch’ool winq”(11), que significa las personas salvajes.

Entonces, la pregunta, ¿cómo podemos detener esta ola de violencia que impera en nuestro país, cuando estamos delante de una estructura de poder que genera violencia, para seguir controlando el poder?. La respuesta podríamos encontrarlo al reflexionar críticamente nuestras estructuras organizativas, tanto locales o nacionales, si objetivamente estamos avanzando para cambiar estas relaciones de poder que generan violencia.

Esto debe detenerse, porque el nivel de violencia que hoy vivimos, no es la característica de un Estado o de un país, que se considera democrático. En una democracia no solo nos consideramos iguales, sino también diferentes, eso quiere decir, que las contradicciones se deben de definir en amplias convocatorias de diálogo, en donde los representantes del Estado tendrían que comprender que son servidores del pueblo, es este quien manda y no los grupos tradicionales de poder.

Otra forma de detener la violencia, es constituyendo movimientos sociales que avancen hacia el cambio de relaciones de poder, para desterrar la estructura que han utilizado quienes hasta el momento se consideran con poder, utilizando la violencia como medio.

Finalmente, como lo afirma, Alvarez Aragon; “En Guatemala la desigualdad social se ha afianzado en el autoritarismo de los que controlan el poder económico.

Mantener a las mayorías en la miseria y el silencio, ha sido posible porque se ha negado a los distintos sectores subalternos la voz y el derecho a participar en los beneficios más mínimos, que su trabajo incansable debería estarles proveyendo. La radicalización del movimiento social no es algo construido desde fuera, ni en las nubes, es consecuencia directa de las violentas formas en que el poder se ha ejercido para expoliar a los trabajadores, especialmente a los del campo, y para apropiarse de los mejores e indispensables bienes públicos como la tierra cultivable, el agua y los bosques”(12)

(1) Arendt, Hannah, Sobre la Violencia, Ciencia Política, Alianza Editorial, Madrid, España, 2da. Reimpresión,
2006.

(2) Prensa Comunitaria @PrensaComunitaria, tomado de @GtCodeca, visto última vez el 15 de junio 2018

(3) Álvarez Aragón, Virgilio, Hay que detener los asesinatos políticos, http://gazeta.gt/hay-que-detener-losasesinatos-politicos/, visto última vez el 15 de junio de 2018.

(4) Arendt, 2006

(5) Solo basta ver, como en los pueblos el periódico “Nuestro Diario”, es el que más se vende.

(6) Benjamín, Walter, Critica de la Violencia, Edición de Eduardo Maura Zorita, Ediciones Gandhi, Editorial
Biblioteca Nueva, Madrid, 2010.

(7) Benjamín (2010)

(8) Benjamin (2010)

(9) Arendt 2006

(10) Arendt, 2006

(11) Q’eqchi’

(12) Álvarez Aragón, Virgilio, Hay que detener los asesinatos políticos, http://gazeta.gt/hay-que-detener-losasesinatos-politicos/, visto última vez el 15 de junio de 2018.

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.
. En donde todos juntos nos tomemos de la mano, sin distinción de ninguna clase.

Este proceso que estamos viviendo hoy, no debe concluir en una mesa de diálogo entre mudos y sordos, por eso no al diálogo, este debe terminar con que todos y todas, nos propongamos a avanzar hacia nuestra emancipación. Se respira y se siente que algo nuevo puede pasar, pero necesita de todos y de todas nosotros y que los otros y otras, deben que los demás se unan. Decimos con Benedetti, “lento pero viene, el futuro se acerca despacio, pero viene”.

(1) Tomado del poema de Mario Benedetti.