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Por una mínima articulación
Por Kajkoj Maximo Ba Tiul - Guatemala, 17 de julio de 2018
ajpop2004@yahoo.es

Desde las montañas y valles donde vivimos los mayas eternos y rebeldes. Descendientes de quienes nos dejaron un legado científico y filosófico, del cual somos orgullosos. Nos dejaron un modelo político y económico, que descansa sobre el principio del komon y el winaq. Una forma de gobierno, basado en el principio de “mandar obedeciendo”. Nos enseñaron a cuidar la tierra y el territorio para todos. Una forma de organización social que descansa sobre el principio del junqab’al(1), kaleb’al(2) y tenamit(3). Una identidad basada en el principio del “aj raal ch’och4 o raq’un aq’aal”(5).

Nuestros territorios siempre habían sido de paz, hasta la llegada de civilizaciones que nos trajeron amargura y tiniebla, pero nosotros siempre hemos resistido y muchas veces nos hemos rebelado, ante sus actitudes de barbarie. En estos últimos años, nos enseñaron a andar desde su democracia y derechos humanos, pero en vez de cumplir con lo que dicen reconocer, nos ha querido acabar y por eso consideramos que vivimos en un genocidio continuado. Algo, así cómo cuando nos dijeron que nos traían un Dios de amor y en nombre de ese Dios, nos persiguieron y nos mataron. Pero aún así, nosotros seguimos resistiendo, rebelándonos y desde hace muchos años, somos insurgentes.

Hoy en nuestros territorios, campea la pobreza, la extrema pobreza, la desnutrición, el analfabetismo, el racismo, la discriminación, el despojo de tierras, el despojo de territorios, los desalojos, los presos políticos, los perseguidos, los que tienen orden de captura, la falta de vivienda, la falta de trabajo y salarios justos, la falta de educación, la falta de salud, el control de los medios de comunicación, la falta de escuelas, el bajo nivel del sistema educativo desde la primaria hasta el nivel superior, la migración, los diferentes tipos de violencias, las muertes por diferentes causas, las pandillas, la corrupción, la impunidad, el consumismo, el narcotráfico, la militarización, etc.

Si así estamos, entonces; ¿no será causa suficiente para construir políticas de alianza entre nosotros?. ¿Por qué nos tenemos que dividir o tenemos que traicionarnos, solo para que nuestros explotadores se fortalezcan?. ¿Por qué todavía hay hermanos y hermanas nuestros que nos denuncian y nos intimidan, solo porque reciben un pago de parte de los explotadores?. ¿Por qué ahora que estamos ante un año de elecciones, hay muchos partidos de izquierda, que si se unieran fueran más fuertes?. ¿Por qué seguimos divididos entre movimientos, cuando podríamos articularnos en un solo proyecto político?.

Las comunidades mayas, siempre se han reconocido desde la unidad, a pesar de estar divididas en pueblos. El junajil(6), runujel junam(7), xa’ jenaj(8), radica en que comparten un mismo conocimiento, una misma filosofía, un mismo espíritu, una misma forma de organización, una misma historia, un mismo proyecto político. En función de esto las comunidades han logrado, en diferentes momentos de su historia, muchos círculos de unidad, que ha sido roto por espacios organizativos occidentales, que promueven la colonización y el silencio.

Si tomamos en cuenta está unidad a la que siempre se refieren las comunidades mayas, hoy ante este tiempo y espacio, urge la unidad, la articulación y la alianza para la toma del poder. Si decimos que nuestro mayor enemigo es el capitalismo o el neoliberalismo, a este no lo podemos derrotar, si no estamos aliados entre nosotros. Al “ladrón solo se le sujetará o se le controlara si estamos unidos para defender nuestra casa”. De igual forma, el único camino para desterrar al Estado criollo y su sistema capitalista, es promover la unidad de los pobres y de los pueblos. De aquellos, que sufren la cotidianidad de la represión neoliberal en los territorios.

Como dijera Fidel Castro en el Foro de Sao Paulo de 1993, “vean cómo a pesar de la diversidad de organizaciones tenemos un gran número de puntos en común y luchas en común, y esa declaración, que puede tener una coma más y una coma menos, una palabra más y una menos, una que nos satisfaga más y otra que nos satisfaga menos, es prácticamente un programa de lucha”.

No será; que estas comas y estos puntos, son los que nos dividen. Por qué no dejamos a un lado, estos puntos y comas y nos aventuramos a caminar juntos sin anteponer nuestros proyectos organizativos, cargados de ismos, que en vez de liberarnos nos atan. Ya no estamos en el tiempo de las lamentaciones y las victimizaciones, llegó el tiempo de actuar y tomar decisiones revolucionarias como sujetos políticos-históricos. Es el tiempo de la rebeldía profunda, para refundar el Estado-nación de los criollos y construir el Estado Plurinacional para los pueblos pobres y marginados.

En los territorios, están pidiendo a gritos que los movimientos y los partidos se unan y dejen a un lado sus intereses personales y/o grupales. Una unidad que no implica perder su identidad, porque cada uno tiene su propia función, por eso la unidad no significa suplantar funciones o roles. Si de verdad los movimientos sociales y los partidos políticos de izquierda o progresistas, en sus discursos dicen que están por las causas de los pueblos, entonces que lo demuestren con un mínimo proyecto de unidad.

(1) Familia en Q’eqchi’

(2) Lugar donde se siembra, hoy conocido como aldea en Q’eqchi’.

(3) Pueblo o gran pueblo en Q’eqchi’

(4) Hijo o hija de la tierra en Q’eqchi’

(5) Hijo o hija de la tierra en Poqomchi’

(6) Q’eqchi’

(7) Kiche’

(8) Poqomchi

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. En donde todos juntos nos tomemos de la mano, sin distinción de ninguna clase.

Este proceso que estamos viviendo hoy, no debe concluir en una mesa de diálogo entre mudos y sordos, por eso no al diálogo, este debe terminar con que todos y todas, nos propongamos a avanzar hacia nuestra emancipación. Se respira y se siente que algo nuevo puede pasar, pero necesita de todos y de todas nosotros y que los otros y otras, deben que los demás se unan. Decimos con Benedetti, “lento pero viene, el futuro se acerca despacio, pero viene”.

(1) Tomado del poema de Mario Benedetti.