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Halloween
Por Luis Aceituno - Guatemala, 2 de noviembre de 2004
laceituno@elperiodico.com.gt

Bailar vestido de gato o del Hombre Araña

“Regáleme para mi Halloween”, me dice un niño vestido de Batman que toca insistentemente a la puerta. Me dan ganas de contestarle “¿y qué diablos querés que te regale: una gallina para que te la comás cruda en una misa negra, ojos de gato para alguna asquerosa pócima o una escoba para que tu hermana salga volando?” Pero en realidad lo que quiere son dulces, “o dinero”, enfatiza.

Le pregunto si sabe qué es lo que está celebrando. “Halloween”, responde sorprendido, “uno se disfraza y sale a pedir dulces a las casas”. “¿Y si no te dan?”, le digo retándolo. Me mira con desconfianza y contesta: “Pues uno raya las paredes o se orina en las puertas, pero eso sólo lo hacen los niños malcriados ¿me va a dar entonces?”

La verdad es que me cae simpático, así que le doy una paleta y no lo jodo con eso del imperialismo yanqui, la aculturización y la dramática pérdida de sus raíces. Más tarde me pregunto para mis adentros qué es lo que hace que un país como Estados Unidos, que mira conjuros satánicos hasta en las cajas de Corn Flakes, celebre con tanto entusiasmo a las brujas y de paso nos involucre a nosotros en el asunto. Precisamente ellos, que hasta hace 100 años más bien las quemaban o les infligían torturas espantosas. Ahora visten a los pequeños de cuervos y decoran los pastelitos con motivos alegremente diabólicos.

Bueno, con tal de que no se mate, que la gente celebre lo que le dé la gana, a las brujas, a Drácula, a Gasparín, el fantasma. Aquí en Guatemala, ya que se instituyó el día de la calabaza, podría también celebrarse el de la cebolla, el del güisquil o el de la remolacha. No sería exactamente “lo nuestro”, como dicen los anuncios de cerveza, pero quizás evitaría que nos anduviéramos dando de balazos en las esquinas. Hacer la fiesta es bueno, cantar y bailar, mejor, aunque sea vestidos de cíclopes o del Hombre Araña.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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