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Admiraciones
Por Luis Aceituno - Guatemala, 1 de febrero de 2005
laceituno@elperiodico.com.gt

Admirar a Lady D y a John Travolta.

Los cultos y las admiraciones cambian demasiado con los años. Hace más o menos tres décadas todo el mundo quería parecerse a John Travolta y a Olivia Newton John, por razones que, más allá de la moda, sería demasiado complicado explicar coherentemente.

Hoy casi todo cuestionario o entrevista para definir el perfil de una persona, incluye una pregunta del tipo: “¿A qué personaje admira usted más en el mundo?” Algo así como “dime a quién admiras y te diré quién eres”. Las respuestas de lo repetido se vuelven predecibles y rutinarias. Todos admiran o quieren parecerse al Papa, a la Madre Teresa o a Lady Di, aunque esta última, conforme pasan los años, compite con mayor desventaja. Como Olivia Newton John, de la que a decir verdad ya nadie se acuerda.

Durante mucho tiempo, el que estuvo de moda fue Albert Einstein. El sólo mencionar su nombre daba lustre de enterado, de interesado en cosas tan complicadas como la ciencia y, por supuesto, de inteligente. Es decir, daba mucho más prestigio que mencionar a Pedro Infante, ejemplo de un encanto chabacano que en el fondo todos querían para si mismos.

Wiston Churchill también tuvo sus días de gloria, cuando la Segunda Guerra Mundial aún estaba fresca y la gente fantaseaba con ser el cerebro oculto, la inteligencia privilegiada, que había salvado al mundo. Hoy sólo los presidentes del subdesarrollo lo mencionan al pobre. Culpa de algun asesor de imagen al que se debe de haber ocurrido el nombre, luego de varias noches de insomnio.

Pablo Neruda fue otro ejemplo a seguir la pasada centuria, sobre todo para aquellos que se las daban de poetas. Era el hombre que le cantó al amor y a los pueblos americanos, incluyendo a Guatemala, país al que no se le cantaba mayor cosa. Actualmente se le admira muy poco, sobre todo porque antes hay que pasar por el engorroso trámite de leerlo.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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