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Fútbol
Por Luis Aceituno - Guatemala, 7 de junio de 2005
laceituno@elperiodico.com.gt

Así de simples eran las cosas.

Siempre me pareció extraño que uno de mis tíos abuelos no fuera aficionado al fútbol. “¿Usted es rojo o es crema?”, le pregunté un día. “Verde”, me contestó. Y yo, sin entender la ironía, me quede totalmente desconcertado. Ningún equipo conocido reivindicaba ese color. Así que, o mi tío era un neófito ignorante o sabía un secreto que yo no alcanzaba ni siquiera a intuir.

Y es en que aquellos años 60, para mí Guatemala se dividía alegremente en rojos y cremas. Una división que en tiempos anteriores a los hooligans y al deporte convertido en acto de fe, tenía algo de simpático y de divertido. Me encantaba, por ejemplo, el chiste aquel de mediacuta se la pasa a patacuta, y el locutor que grita: “Otro gol por la gran…”.

Así de simples eran las cosas. Y yo lo que realmente deseaba, era ser Nixon García, el ídolo de mis seis años, mezcla perfecta de inteligencia, pericia, talento, astucia e intuición. Un porterazo, el cabrón. Lo más cerca que llegué de mi sueño dorado, fue cuando el equipo del colegio me integró a la banca, es decir para hacer bulto -extrañamente había escasez de vocaciones deportivas-. El día fatal en que los dos porteros oficiales cayeron enfermos, yo tuve que hacerles el paro. Me acribillaron a goles, pero me divertí como loco.

Hay días, como el sábado pasado, en que me pregunto cuándo fue que el fútbol dejó de tener para mí alguna gracia, algún sentido. Es posible que haya sido el mismo día en que comprendí que este país no se dividía exactamente en rojos y cremas, y que no era la Selección Nacional la que iba a sacarnos del atolladero. O la vez en que me di cuenta que las diferencias de colores ya no se solucionaban a trompadas, sino a balazos. En fin, las cosas habían dejado de ser divertidas, demasiada tontería disfrazada de ardor patrio, demasiada frustración en juego. Lástima.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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