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Crisis
Por Luis Aceituno - Guatemala, 23 de agosto de 2005
laceituno@elperiodico.com.gt

Cómoda, amplia, y a todas luces ilógica

La ostentación del poder y de la riqueza se ha vuelto casi un requisito indispensable para sobrevivir en esta ciudad. En una sociedad de la representación, no basta con ser afortunado, se necesita pregonarlo a los cuatro vientos.

Esta mañana hablábamos en una reunión sobre la crisis energética que se nos avecina a causa del alza de los precios del petróleo. Somos un país tan desprotegido que cualquier desequilibrio mundial, por leve que sea, nos tira la economía por los suelos.

Pero por otra parte, somos el país de las paradojas. Sólo en Guatemala miramos esa cantidad exuberante de vehículos agrícolas circulando por las calles. Conducir una máquina de estas se ha vuelto una obsesión para un buen número de ciudadanos: es cómoda, amplia, pero, sobre todo, da prestigio, y frente a esto no importa que sea a todas luces ilógica en una ciudad que se caracteriza por la falta de espacio y por lo infernal del tráfico.

Pero decía que junto al prestigio está el poder: Tener la oportunidad de amedrentar con un animal de estos al tipo aquel del toyotía mil modelo setenta, supongo que no tiene precio.

Las ciudades modernas y civilizadas comienzan a caracterizarse por el tamaño de sus autos. Esto, por supuesto, nos dice mucho de la sensatez de sus habitantes. Es curioso, pero hace algunos años, cuando estuve en Tokio, una ciudad donde se concentran más de 35 millones de personas, no vi un solo congestionamiento de tráfico ni oí un solo bocinazo. La gente se desplaza en automóviles minúsculos. Casi me quedo con la boca abierta cuando supe que un alto funcionario que me habían presentado, para evitarse problemas, regresaba todas las noches a su casa en metro. Igualito que en Guate, me dije, en donde alguien de su rango necesitaría para igual propósito, al menos seis camionetas ranger. Una para él y cinco para los guardaespaldas.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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