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Pensamientos
Por Luis Aceituno - Guatemala, 8 de noviembre de 2005
laceituno@elperiodico.com.gt

Cada cabeza es un mundo.

Todos los lunes, cuando digo que necesito un rato para pensar mi columna, la gente a mi alrededor me mira de manera un poco extraña, como preguntándose si realmente es necesario pensar las cosas que uno dice, escribe, publica.

Pensar, por otra parte, es considerado, en sociedades que han convertido la actividad en valor supremo, como un ejercicio de ociosos. “No hace absolutamente nada. Se la pasa pensando”, decían en mi familia de un tío que fue capaz de convertir la holgazanería en un estado de gracia. Pensó y pensó toda su vida. Hasta que, como decía la abuela, “ya no le dio la cabeza”. ¿En qué pensaba?, fue uno de los misterios que se llevó a la tumba.

Cada cabeza es un mundo y todo el mundo tiene su manera particular de ejercitar el pensamiento. La mía, por ejemplo, es quedarme quieto, casi paralizado, con la mirada perdida en algún punto impreciso del infinito. Un típico semblante de idiota, que intriga y preocupa a los que me rodean. “¿Estás bien?”, “¿te pasa algo?”, “¿te sentís triste, cansado, preocupado, enfermo?”, me preguntan. “Nada, simplemente estoy pensando”, respondo a veces de mala gana. “¿Y te cuesta mucho?”, me preguntó alguna vez una amiga con todo el veneno posible.

Pues sí, pensar cuesta, es relacionar cosas para tratar de comprender el mundo, pero el mundo cada vez más se vuelve complicadísimo. Es como tratar de armar un rompecabezas tortuoso y demencial. De todas maneras, a nadie lo respetan por pensar en estos tiempos que corren. La última vez que me recompensaron por pensar fue en la escuela primaria. Teníamos un periódico mural que se llamaba “Pensamientos”. Escribí dos o tres tonterías más parecidas a las leyendas de las tarjetas Hallmark que a los aforismos de Nietzsche. Me gané un libro con “las mejores frases del pensamiento universal” que, por supuesto, nunca leí.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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