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Causas
Por Luis Aceituno - Guatemala, 16 de noviembre de 2005
laceituno@elperiodico.com.gt

“Hippies”, guerrilleros y predicadores.

Encauzar el malestar, la rabia, la rebeldía fue una de las mayores preocupaciones de lo que podría llamar mi generación; es decir, una serie de personas que en la actualidad estamos por llegar a los 50 años y que crecimos en una Guatemala marcada por las dictaduras militares, el miedo, el desmoronamiento de los valores y la falta de libertad de expresión.

Las causas de mis años de adolescencia generalmente tenían una fuerte carga religiosa, había que darle de comer al hambriento, vestir al desnudo, y cosas por el estilo. En realidad, nos sentíamos asfixiados y queríamos un mundo –un país- más respirable, menos determinado por la violencia o por la muerte; darle sentido a nuestras vidas en medio de un entorno social que nos anulaba.

Tener ideales, causas, sueños imposibles hacía parte del folclor de ser jóvenes en la década de los 60. Hasta los mismos anuncios de gaseosas y cigarrillos te lo recordaban. Y así vi a mis amigos convertirse en hippies, en guerrilleros, en seminaristas, en miembros de los Niños de Dios, en bochincheros, en cristianos renacidos, en macrobióticos, en consumidores de sustancias sicotrópicas, en predicadores… Era una especie de furor colectivo, una solución desesperada al vacío propio de las clases medias, o qué sé yo. La verdad es que hasta una conocida mía, reina de belleza, justificaba su ambición de atrapar a un extranjero millonario, por una noble razón: poder así ayudar a todos los pobres de Guatemala.

En qué momento todo este fervor “causístico” se fue al carajo y empezamos poco a poco a convertirnos en todo aquello que detestábamos. Ni idea. Tal vez el día en que encontré a mi cuate, “el olístico”, buscado como narcotraficante en el periódico; al humilde defensor de todas las causas justas haciendo shopping en Miami o al apasionado militante de la dieta vegetariana comiendo choripanes.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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