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Belleza
Por Luis Aceituno - Guatemala, 14 de febrerro de 2007
laceituno@elperiodico.com.gt

La ciencia política y el sentido de lo estético.

El alboroto preelectoral empieza a caldear los ánimos de los comentaristas y a despertar pasiones fuertemente encontradas. Si se toma esto por el lado amable, hay que reconocer que por falta de diversión es difícil que pueda quejarse uno. Opiniones y juicios radicales, esperpénticos, fieles reflejos de ese componente delirante y escabroso de nuestro subdesarrollo.

Me llamó la atención, por ejemplo, un comentario leído al azar en donde alguien le reprocha a una posible aspirante presidencial su fealdad. Desde entonces me quiebro la cabeza tratando de encontrar una relación lógica entre capacidad política y belleza física, y me confieso incapaz de encontrarla.

Me faltan estudios, profundidad analítica, qué sé yo.

De todas maneras sería difícil ponernos de acuerdo sobre lo que consideramos feo o bonito en estos confusos tiempos que corren. Comenzando porque, para lo que nos interesa, estos calificativos únicamente tienen una connotación política en el caso de las mujeres. Hasta el momento, a ningún candidato masculino se le ha reprochado la falta de prestancia, de elegancia o de encanto. En realidad, en estos santos lugares, uno se conforma con cuestiones más bien básicas. Que sepan expresarse correctamente, por ejemplo.

Es curioso, pero a los candidatos a cualquier cargo público le pedimos de todo: hermosura, moralidad, carisma… todo, menos instrucción e inteligencia. Cualquier persona que se sienta lo suficientemente astuta para recolectar la plata de la campaña, se adjudica el derecho de imponernos su presencia durante cuatro años. La política ya dejó de ser parte de las ciencias sociales y humanas, para convertirse en una serie de artimañas mercadológicas y publicitarias que le permiten obtener
poder a cualquier baboso con delirio de grandeza. La belleza, por cierto, es lo de menos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 130207


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