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Mega
Por Luis Aceituno - Guatemala, 29 de mayo de 2007
laceituno@elperiodico.com.gt

El poder de Dios es infinito, un “mega poder”.

Guatemala es un país en donde siempre se ha confundido la grandeza con lo grandote. Lo desmesurado nos deslumbra, nos hace olvidar por un momento, supongo, que no somos más que un infinito punto en el universo, apartados de todo, de la modernidad, del desarrollo, del “progreso”, como se decía antes.

Hasta hace unos años, los países centroamericanos competían entre sí por tener, por ejemplo, el centro comercial más grande, luego vinieron los supermercados, los cines, las pantallas de los mismos, las discotecas y -¿por qué no?- los templos. Basta de todas maneras con ponerle a cualquier cosa el prefijo “mega”, para que la gente abra la boca y corra a cerciorarse de la proeza, digna –lo soñamos- del Récord Guiness.

El pasado domingo se inauguró la “Mega Frater”, templo evangélico capaz de congregar, según los diarios, 12 mil 500 fieles sin que estos sufran problemas de estacionamiento. El poder de Dios es infinito, aunque esto depende, de acuerdo con la óptica de los guías espirituales, del tamaño de los recintos donde se dedican a adorarlo. Cash Luna, pastor de la iglesia Casa de Dios, ya anunció, según Prensa Libre, que no construiría un mega templo, sino “una ciudad”, chiquitita esta, supongo, pero con un auditórium para 18 mil almas.

Para el presidente Berger la “megaobra” inaugurada el domingo podría ayudar a resolver los “megaproblemas” de Guatemala “¿De qué manera?”, me pregunto. Posiblemente, los conflictos de un país disminuyen en relación con la cantidad de sacos de cemento que se invierten en él. Para Jorge López, cerebro detrás del megatemplo, la cosa es menos complicada. Todo se reduce a que los candidatos a las próximas elecciones “incluyan en su campaña a Dios”. Pienso en Jorge Serrano y en Ríos Montt, y la petición no deja de causarme cierta inquietud.

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