Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Eduardo Stein, ¿demagogo falaz?
Po Mario Alberto Carrera. 22 de enero de 2005

En una entrevista concedida a Prensa Libre por el Vicepresidente de la República y publicada el 21 de enero de 2005 (p. 10) el Lic. Stein (aunque expresa ideas plausibles por democráticas) incurre en el principio lógico de "no contradicción" (Aristóteles), cuando afirma (en la mencionada entrevista) que "El Gobierno quiere hacer una reforma política del Estado" y más adelante dice que: "desde el Ejecutivo NO SE TIENEN PLANES DE PROMOVERLA". Entonces, ¿en qué quedamos? Es más: ve la necesidad impostergable de que se convoque a una Asamblea Nacional Constituyente.

Porque "Guatemala tiene un diseño de Estado que ya no sirve para lo que somos". Pero al mismo tiempo opina que tal reforma política --en una Constitución-- ES MUY PELIGROSA. Modestamente, en mi concepto, una cosa necesaria debe hacerse y consumarse. Sea o no peligrosa, porque más peligro se corre (políticamente hablando) difiriéndola.

También indica que tales reformas deben ser incluyentes, de cara a una Guatemala autoritaria.

Centralista, excluyente, racista y dispersa. Para mí, Guatemala asume tal perfil desde la conquista y la colonización hasta nuestros días. Así que no veo porqué si Stein lo comprende no provoca --con el presidente Berger-- su defunción histórica. Por ello digo que, en la entrevista que nos ocupa, cae en demagogia y en falacia. Si uno no es consciente de la insidia de una exclusión popular, no tiene culpa. Pero, si se es totalmente consciente (como en el caso del Vicepresidente) y no se renuncia o no se promueve radicalmente el cambio constitucional, entonces el hecho se llama COMPLICIDAD E INTERESES CREADOS, porque él es el segundo en el Gobierno y uno de los más importantes en el Estado.

Guatemala es "exclusionista" se puede decir que desde hace más de 500 años. Con este término queremos decir que el poder lo han ejercido un grupo tan minoritario que nos hace ver el hoy como en la época de los encomenderos o, bien, del aycinenismo del siglo XVIII cuya vigencia es pavorosamente vigente. Sin embargo y aunque creo que una puesta al día (totalmente democrática) de la Constitución, mediante una Constituyente, hace muchísimos años que se debió hacer, ello no es todo. Ello no significa que el pluralismo va ascender al poder. Una Constituyente puede redactar --para Guatemala-- la Constitución política más acorde con unas legítimas demandas populares (que llevan un retraso de siglos) y sin embargo que todo quede en "palabras, palabras, palabras" como dice la célebre obra de Shakespeare. No sólo debe convocarse a una constituyente que modernice democráticamente al Estado guatemalteco, sino que haya la voluntad política de que ese "aggiornamento" se lleve a la práctica. Es el caso de los Acuerdos de Paz (mal incorporados a la Constitución vigente) cuyos contenidos son plausibles, incluyentes y pluralistas. Pero Acuerdos ante los que, el poder, la política del Gobierno y del Estado de Berger y compañía, se ríen: Hecha la ley, hecha la trampa. De cara a un hecho tan claro históricamente, sólo quedaría el recurso de una revolución o de una guerra civil, pese a los treintitantos años de enfrentamiento armado interno. Parece que este no fue suficiente.

Y de hecho hay otra suerte de enfrentamiento armado interno que se traduce en ataques a convoyes de compañías transnacionales que conculcan los intereses de grandes colectivos "mayas" en el área de Sololá o la guerra que las maras sostienen contra el "establishment" y que no se justifica pero se comprende. La implosión violenta que vivimos no es más que el efecto de la exclusión ambiente.

Las pequeñas minorías poderosamente económicas que nos subyugan creen ser las dueñas y poseedoras de "la verdad". Esto no es cierto. Porque, como decía Ortega y Gasset, la verdad es la suma de varias o muchas verdades; la mía, la tuya, la de ellos… Estas minorías que ejercen la política y el poder porque tienen las armas y el dinero, imponen SU verdad que, en Guatemala, se ha traducido por exclusión. En Guatemala el poder y la política (que vienen siendo lo mismo) lo ejercen los paraencomenderos aycinenistas. Y todo aquel que no esté o no pertenezca a ese pequeño grupo (apoyado por el Ejército) no tiene casa ni ropa ni comida (modestas) y le toca trabajar como bestia --ganando un salario misérrimo-- o se ve impulsado a integrar una mara o un "sicariato" donde la muerte es el futuro sin esperanza. Pero en países como el nuestro no queda más recurso.

Retornando a la lectura de la entrevista del Vicepresidente, y pese a mi opinión que una nueva Constituyente puede quedar tan en "letra muerta" como los Acuerdos de Paz, el Lic. Stein --como ya lo mencioné-- opina que profundas reformas al Estado de Guatemala pueden ser peligrosas en estos momentos (¿peligrosas para quien?) y que lo más sensato para su gobierno (Berger-Stein) es sólo dejar la plataforma para que el próximo Gobierno-Estado guatemaltecos convoquen a una Constituyente. ¿Qué cómodo, no? Por eso digo que en la entrevista que estoy comentando don Eduardo Stein va de demagogo y de falaz. Pero creo que hasta el menos iniciado en la ciencia política cae en la cuenta de la doble moral que practica el señor Vicepresidente de la República: por un lado quiere dar la impresión de demócrata pero, por otro, dice que es peligrosito eso de las reformas y los cambios.


Fuente: www.lahora.com.gt

 

Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.