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Pobreza y democracia
Editorial de La hora - Guatemala, 2 de junio de 2005

Hablando ante los más poderosos empresarios del país, el presidente Óscar Berger dijo que para asegurar la democracia hay que ganar la batalla contra la pobreza porque ésta se convierte en la principal amenaza para la convivencia pacífica en las sociedades. La afirmación no por axiomática es asumida por los grupos de poder económico en su justa dimensión, porque se piensa muchas veces que la única forma de combatir la pobreza es reduciendo el tamaño del Estado y dejando más recursos para la inversión privada de manera que, por efecto de cascada, el bienestar de los más ricos se vaya traduciendo paulatinamente en el bienestar de los más pobres.

Aunque esa teoría fuera cierta y se pudiera comprobar en la práctica, es indiscutible que las sociedades democráticas de Latinoamérica no tienen tiempo para esperar a la corroboración de la doctrina que pregona el bienestar por efecto de cascada, es decir, que en la medida en que el más rico hace más dinero, "salpica" a los de abajo y ello va multiplicando el bienestar para todos.

Por ello es que si el presidente Berger está tan seguro de su posición y convencido de la validez del axioma que expuso ante los empresarios del país, su preocupación se tiene que reflejar en la elaboración del presupuesto que tiene que privilegiar la inversión social para compensar las deficiencias que afectan a la población de menos recursos económicos. No es posible que en un país en el que ni siquiera se quiere admitir la necesidad de hablar de mínimo vital en materia de salarios, se diga que el bienestar y la lucha a la pobreza serán efecto de la cascada de la mayor acumulación de bienes y capitales por los grandes empresarios.

Las democracias de la región latinoamericana tienen dos grandes enemigos que están íntimamente ligados entre sí: por un lado la pobreza y desesperanza de los pueblos y por el otro la corrupción que se generaliza en el sector público y privado. Cuando existen niveles tan altos de voracidad que producen un sistema basado en el tráfico de influencias y la acumulación de ganancias excesivas, es natural que el problema de la pobreza se vea exacerbado a niveles que comprometen la vida democrática y la misma paz social.
Hoy en día no estamos presenciando ningún tipo de sublevación revolucionaria, sino que estamos a las puertas de una sublevación totalmente anárquica dirigida por una juventud que encontró en el crimen organizado la respuesta a sus insatisfacciones en la vida social. Pero en todo caso la estabilidad democrática y la gobernabilidad, están en serio riesgo por efecto de la pobreza.


Fuente: www.lahora.com.gt

 

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