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La Consulta Popular
Por la redacción de La Hora - Guatemala,22 de junio de 2005

Cuando los constituyentes establecieron el mecanismo de la Consulta Popular para asuntos de trascendencia, no establecieron que ese procedimiento no se podría usar cuando hay autoridades que tienen dentro de sus facultades conocer de los asuntos que inquietan a la población. Realmente en nuestro ordenamiento constitucional se establecen competencias y jurisdicciones con bastante claridad, pero obviamente la misma Constitución deja abierta la puerta a la realización de consultas dependiendo de la trascendencia de los asuntos.

Y nada más trascendente que el daño irreparable al medio ambiente, por lo que en el tema de la minería es justificada la consulta popular. Tanto así que quienes defienden a capa y espada a las empresas mineras, ahora critican la consulta porque saben que tienen perdida la batalla entre la gente y por tal razón pretenden que las consultas no sean de ninguna manera vinculantes. Si estuvieran gozando de respaldo de la población y pudieran ganar las consultas, seguramente que hoy nos dirían otra cosa.

Constitucionalmente para cada hecho administrativo existe un basamento legal y siempre se invoca cuando se redactan decretos, acuerdos o reglamentos. Pero lo que es obvio es que los constituyentes pretendieron introducir un elemento novedoso que nos permita a los ciudadanos expresar nuestro punto de vista cuando se trata de asuntos trascendentales. Creemos que, por ejemplo, en cuestiones como la realización de ciertas obras y el otorgamiento de concesiones y hasta la fijación de nuevos impuestos, debiera de acudirse a una consulta popular que obligaría a los funcionarios a explicar sus políticas, a convencer a la gente de la necesidad de sus proyectos. No como ahora, que todo es por capricho y sin que la gente pueda siquiera chistar.

Obviamente no se puede caer en un extremo asambleísmo que reduzca todo a consultas populares. Pero la minería es rechazada manifiestamente por mucha gente y hasta generó ya violencia y muerte, lo que es razón más que suficiente para que, en busca de la paz social, se consulte al público. Los defensores de la minería decían que eran grupúsculos los que se oponían y que la mayoría estaba a favor. Gastaron dinero a manos llenas para convencer a la gente y ahora, cuando pierden la consulta popular, simplemente dicen que no debe ser vinculante porque no se trata de asuntos de popularidad. Pamplinas y más pamplinas de quienes siempre juegan con dados cargados y, como dice la canción de los de Jalisco, cuando pierden arrebatan.

Ojalá se entienda que no se puede jugar con la voluntad de la gente. Democracia no es un cheque en blanco para que durante 4 años un rey haga lo que quiera (hasta regalar terrenos a universidades), sino un mandato para que actúe en nombre del pueblo.

Fuente: www.lahora.com.gt - Editorial del 210605

 

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