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El brutal terrorismo
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 8 de julio de 2005

Hoy el mundo volvió a conmoverse por la sucesión de atentados terroristas con un saldo trágico; esta vez ha sido Londres la ciudad afectada y sus habitantes, que apenas ayer festejaban su elección como sede olímpica para el año 2012, hoy viven aterrorizados por el impacto brutal de las explosiones que coincidieron con la presencia en el Reino Unido de los líderes de los llamados países más ricos del mundo, el Grupo de los 8.

El eje Washington - Madrid - Londres, vital en la política dirigida por Bush contra Al Qaeda y, sobre todo, en la decisión de invadir Irak, ha recibido la represalia de los grupos terroristas islámicos y miles de personas inocentes pagan las consecuencias de un conflicto en el que el ciudadano común y corriente de una y otra región mundial no tiene ni arte ni parte, más que el actuar como carne de cañón mientras los estrategas de esta nueva guerra mueven sus piezas con absoluta sangre fría. El ataque contra personas inocentes es algo que no se puede justificar de ninguna manera, tanto si lo hace un grupo terrorista como en el caso de Londres o si lo ejecuta una fuerza militar regular como lo que ocurrió recientemente en Afganistán o como lo que cotidianamente sucede en Irak.

La guerra terrorista no puede ser ganada por nadie y sí puede ser perdida por todos. En efecto, la movilidad de los blancos y la vulnerabilidad de la población civil que se convierte en objetivo de los ataques coloca al mundo en una situación terrible porque se trata de un conflicto sin solución. Ninguna de las partes puede imponerse y triunfar en esta guerra porque ni los grupos clandestinos podrán acabar con los Estados ni los ejércitos regulares pueden controlar a pequeños grupos que se encargan de sembrar el terror. Y como no se pelea por posiciones sino en busca del total exterminio del adversario, la solución es entonces imposible.

Los que dirigen desde uno y otro ámbito la guerra mueven sus piezas con absoluta frialdad, sin que el costo en vidas humanas sea relevante más que para lograr sus fines. Para los terroristas islámicos la muerte de un puñado, decenas, centenas o miles de infieles no tiene mucha importancia; para los gobernantes occidentales, la muerte de los habitantes de remotos y atrasados países es irrelevante. Es más, hasta el sacrificio de sus conciudadanos resulta poco importante en el marco de esa guerra brutal cuyo fin no se puede siquiera vislumbrar y que ha de marcar el futuro en una guerra prolongada y sin visos de solución.

Fuente: www.lahora.com.gt - Editorial - 070705


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