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Precios y salarios
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 11 de julio de 2005

El informe del Instituto Nacional de Estadística sobre el comportamiento de los precios de la canasta básica es preocupante, sobre todo si lo comparamos con la actitud que se ha tenido en el mismo tiempo respecto al salario, porque la conclusión es que hay una pérdida de poder adquisitivo y, por lo tanto, disminución de la calidad de vida de los guatemaltecos.

Hay que recordar que las instancias legales acogieron un recurso en contra del aumento al salario mínimo aprobado por el gobierno anterior poco antes de entregar el mando y que el nuevo gobierno pactó con los empresarios un criterio nuevo para fijar salarios con base en productividad, lo que en otras palabras significa que cuestiones como la inflación y el aumento de precios en la canasta básica no produce ningún efecto en materia de salarios mínimos y los trabajadores que los perciben no tienen otro remedio que el de aguantar.

Hay varios factores que incidieron en el aumento de precios tan marcado, puesto que a los factores externos que están dominados por el precio de los combustibles, se sumaron aumentos como el que se dio al azúcar y a otros bienes inmediatamente después de producirse el cambio de gobierno. Todo ello significa un incremento en el índice de inflación mucho mayor de lo que se venía observando en los últimos diez años y el resultado, como explicamos, es contrario a la calidad de vida de los guatemaltecos porque éstos tienen que gastar más sin disponer de mayores ingresos.

La lógica elemental indica que si en un país se produce una escalada de precios, la presión por mejores salarios debe provocar, por lo menos, incremento en el salario mínimo que se supone es el que cobran quienes están en peores condiciones. Sin embargo, Guatemala cambió por completo su patrón para el establecimiento de salario mínimo y ahora todo responde a los criterios de productividad que maneja el sector empresarial.

Creemos que es justo y oportuno que se haga un planteamiento serio sobre la indexación de los salarios tomando en cuenta el índice de inflación que se maneja oficialmente y que, a juicio de cualquier ama de casa, es mucho menor del impacto que sienten diariamente en el bolsillo. Porque una cosa son las cifras oficiales y otra muy distinta lo que percibe directamente el consumidor cuando tiene que llenar (o tratar de llenar, para ser más precisos) la canasta básica. Si el aumento fuera de conformidad con los indicadores del INE, posiblemente el drama sería menor, pero lo que es indudable es que en cuestión de salarios prevalece aquella vieja frase: "No se oye, padre".

Fuente: www.lahora.com.gt - Editorial


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