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Acto de venganza
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 15 de julio de 2005

Karl Rove es uno de los personajes más influyentes en el entorno del presidente Bush y como tal tiene acceso a informes confidenciales de inteligencia. La administración actual de los Estados Unidos no se ha distinguido precisamente por un ejercicio ético de la política y lo demuestra la forma en que engañaron a su propia opinión pública y al mundo entero con los alterados informes sobre las armas de destrucción masiva en Irak que nunca aparecieron, pero termina de pintar de cuerpo entero al equipo republicano en la Casa Blanca el acto de venganza con tinte criminal que emprendió Rove.

En efecto, uno de los críticos de las acusaciones infundadas que hacía la Casa Blanca sobre los arsenales de Irak fue un diplomático norteamericano que por su trabajo tuvo conocimiento preciso sobre la falsedad del cargo relacionado con la compra de material nuclear a un país africano. Esa crítica, certera y contundente, molestó tanto a Bush y su equipo, que en un acto de suprema maldad hizo a Karl Rove filtrar la noticia a los periodistas de que la esposa de ese diplomático era una agente encubierta de la CIA que había realizado peligrosas misiones en el extranjero. Al descubrir su identidad como agente de la CIA, puso en serio peligro la vida de ella y de mucha gente con la que trabajó en los distintos lugares donde realizó sus actividades.

Cuando uno piensa en el manejo tenebroso del poder en los Estados Unidos lo primero que reluce es el recuerdo de Nixon y sus delincuentes en el caso Watergate. Pero indudablemente que es más tenebroso y peligroso el ejercicio poco ético del poder en esta administración porque la sofisticación con que actúan es peligrosa. En primer lugar, no tienen escrúpulo alguno para poner en peligro la vida de una ciudadana que con lealtad sirvió a su país como agente secreta de los servicios de inteligencia. En segundo lugar, no tuvieron ningún reparo para comprometer la vida de muchos ciudadanos extranjeros que tuvieron trato con esa agente en años anteriores y que, al conocerse el trabajo que hacía su vínculo, quedaron al descubierto como informantes, por lo menos, de una espía.

Pero la realidad es que no puede sorprender esa actitud, puesto que si fueron capaces de mentir descaradamente para provocar una guerra que ha costado miles de muertos, simplemente por satisfacer el capricho de Bush, Chenney y Rumsfeld, no puede causar extrañeza el acto de venganza de quien es reputado como el cerebro de la administración. Cerebro del mal, indudablemente, pero es que un gobierno tan malévolo tiene que tener también su malévolo y criminal inspirador.

Fuente: www.lahora.com.gt - Editorial


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