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Plan de Sánchez
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 18 de julio de 2005

Hace 23 años, 268 personas eran masacradas por fuerzas militares en Plan de Sánchez, Rabinal, Baja Verapaz y hoy el Estado asume su responsabilidad en ese macabro hecho que es uno de los tantos ocurridos en el marco de la guerra interna. Siempre hemos creído que la construcción de la paz firme y duradera y, sobre todo, articular la reconciliación en la sociedad guatemalteca, pasa por el reconocimiento de los hechos por atroces que hayan sido.

Durante años, la sociedad guatemalteca permaneció con los ojos cerrados ante la realidad de una violenta y sucia guerra que se libró a lo largo de décadas enteras con un elevado costo de vidas humanas. Hemos salido de esa negra noche, pero los riesgos de volver están latentes porque no hemos sido capaces de admitir la profundidad del conflicto ni, mucho menos, sus causas inmediatas. Hay todavía demasiada gente que no entiende la guerra sino en el marco de la confrontación Este - Oeste, ignorando u ocultando las condiciones internas que dieron lugar a esa lucha.

Los pobladores de Plan de Sánchez, masacrados por el Ejército en tiempos de Ríos Montt, son un ejemplo de lo brutal que fue la guerra y de cómo los campesinos más pobres fueron, por enésima vez, los que más sufrieron. La lucha contra el terrorismo tiene ese enorme riesgo de volverse brutal y salvaje, de violentar los derechos humanos y de eliminar a gente inocente. La supresión de toda garantía constitucional y del debido proceso deja a los ciudadanos en manos de autoridades que abusan de su poder y que implementan acciones deleznables que pretenden ser justificadas por la existencia de un conflicto armado, pero que no tienen explicación posible cuando se ve que el ejecutor no repara ni en niños, mujeres o ancianos, sino que simplemente proceden a diezmar poblaciones enteras.

Hablar de nuestra guerra es necesario e importante. Ocultar los hechos y ocultar sus causas es el obstáculo mayor para la construcción de la paz que permita reconciliar a la familia guatemalteca. Hubo excesos tanto del lado del Ejército como del de la guerrilla y lo peor de todo es que al final del día, el conflicto apenas si sirvió para evidenciar una dramática realidad que, sin embargo, no está siendo enfrentada ni corregida.

El reconocimiento que hace el Estado de su responsabilidad en la masacre hay que verlo como algo mucho más trascendente que la simple declaración formal o aún la aceptación del deber a resarcir. Debemos verlo como un importante paso hacia la aceptación de una terrible culpa colectiva que persiste por la indiferencia ante la miseria y marginación de miles de compatriotas.

Fuente: www.lahora.com.gt - Editorial


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