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Autodestrucción
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 1 de septiembre de 2005

No es cuestión de histerias ecológicas, sino de elemental uso de la razón para entender que estamos en un proceso de autodestrucción.

El descuido de los humanos por el medio ambiente está pasando ya una gran factura a la humanidad y lo demuestra el catastrófico huracán Katrina que causó daños en parte del sur de La Florida y luego devastó la costa norte del Golfo de México y especialmente la ciudad de Nueva Orleans. El aumento de las tormentas tropicales en los últimos años ha sido vinculado por los científicos con el calentamiento global del planeta, pero no es lo mismo que nos digan que se está deteriorando el ambiente a que de la noche a la mañana una catástrofe como la que sepultó bajo el agua a una de las más pintorescas ciudades de Estados Unidos quede y produjo daños dantescos a decenas de otros centros urbanos, nos evidencie la magnitud del deterioro climático.

Hemos visto en películas de ficción situaciones que podrían ocurrir como resultado del deterioro ambiental y muchas de las dramáticas escenas que se proyectaron como parte de la fantasía cinematográfica parecen quedar cortas cuando se observan las noticias que se generan en el sur de los Estados Unidos, un país con enorme riqueza y desarrollo que, sin embargo, ve con impotencia cómo una de sus ciudades importantes queda totalmente inhabitable.

“Parecemos una ciudad del tercer mundo” dijo una enfermera de Nueva Orleans a los periodistas cuando les contó que tenía que activar manualmente el respirador para ayudar a uno de sus pacientes ante la falta de energía eléctrica. Y, efectivamente, en nuestros países muchas veces ante la falta de recursos como respiradores artificiales automáticos, nuestro personal médico y paramédico tiene que activar manualmente respiradores para ayudar a sus pacientes. De nada sirve ahora el desarrollo tecnológico y la abundancia que caracteriza la vida en ese escaparate de la sociedad de consumo porque un funesto y tremendo huracán acabó con todo vestigio de esa majestuosidad y riqueza.

Es oportuno reflexionar ahora, ante las dramáticas escenas que nos proyecta la televisión mundial, sobre nuestra responsabilidad para proteger el ambiente y utilizar con racionalidad los recursos de la naturaleza. No podemos seguir actuando de manera irresponsable, sin pensar ya no sólo en el mundo que heredaremos a nuestros hijos sino en el mundo que nos tocará sufrir a nosotros. Estados Unidos puede levantarse de esta catástrofe con esfuerzo y mucha inversión, pero los países de ese menospreciado y vilipendiado tercer mundo, donde la voracidad hace estragos en el ambiente, no estarán en capacidad de recuperarse. No es cuestión de histerias ecológicas, sino de elemental uso de la razón para entender que estamos en un proceso de autodestrucción.

Fuente: www.lahora.com.gt - Nota editorial - 310805


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