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Menosprecio generalizado
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 10 de septiembre de 2005

Si un grupo de indígenas decide realizar una protesta por temas puntuales como el proyecto de la Ley de Aguas, la reacción generalizada de la sociedad es que se trata de alguna manipulación, lo que demuestra un menosprecio a la capacidad de la población del país para razonar y actuar con base en su propia iniciativa. Es obvio que cuando ocurre una movilización de protesta como la que hemos visto en Totonicapán, hay personas más informadas que otras, pero eso ocurre con todos los grupos sociales.

Los ladinos guatemaltecos tenemos un desconocimiento de la cosmovisión de los pueblos descendientes de los Mayas y por lo tanto nos cuesta comprender la relación tan directa que hay entre la vida y el agua. Acostumbrados, como estamos, a que en el país las decisiones se toman con mentalidad de ladinos y con base en los criterios generalmente aceptados en el mundo occidental, que además considera atrasada la visión que se le contrapone, no llegamos a tomar conciencia de los conflictos que pueden generarse cuando no se discute ampliamente con los pueblos afectados.

La primera reacción es pensar que hay manipulación y la más benévola apunta a falta de información, equivalente a ignorancia. Ni una ni otra cosa son ciertas, puesto que si de falta de información hablamos, hay que empezar por la que tenemos nosotros respecto a la concepción de la vida misma que tiene la población indígena que es mayoría en el país. Y suponer que nuestros indígenas no pueden actuar por iniciativa propia sino sólo cuando son manipulados maliciosamente por alguien (que según esa mentalidad debe ser ladino) es una falta de respeto absoluta a esa importante parte del pueblo de Guatemala.

Debemos aprender a respetarnos mutuamente y a entender que existe una actitud muy diferente de los pueblos indígenas que ya no asumen la postura de sumisión que les impuso la sociedad durante tantos años; antes era impensable que los indígenas realizaran una protesta de la envergadura de la que hemos visto en Totonicapán porque históricamente los habíamos condenado a que agacharan la cabeza y “respetaran” al ladino y a la autoridad por éste constituida. Esos tiempos, se quiera o no, han pasado a la historia y cada vez es mayor la nueva actitud que, de no ser respetada, provocará enfrentamientos terribles.

Basta ya de menospreciar de esa forma al indígena, asegurando que es objeto de manipulación maliciosa. El indígena protesta por dignidad y convicción, en defensa de sus valores que pueden ser distintos a los del ladino aunque la autoridad se resista a entenderlo.


Fuente: www.lahora.com.gt - Nota editorial


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