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A pegar más botones
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 20 de septiembre de 2005

Ayer, saliendo al paso de las organizaciones que pedían aumento de salario para paliar la crisis económica, el Gobierno dijo que un incremento al salario mínimo por decreto no resuelve el problema. La tesis oficial es que ello provocará desempleo y por lo tanto, en palabras del mismo Presidente, todo aumento tiene que ser resultado de la mayor productividad del trabajador. El que pega más botones tiene que ganar más y el trabajador ambicioso de mejorar, lo que tiene que hacer, según la tesis oficial, es pegar más botones que sus compañeros para tener derecho a un incremento de salario.

Pero qué hace, por ejemplo, el empleado de una gasolinera que atiende al público que demanda los servicios de la empresa. Ni modo que se va a poner en la calle a obligar a los automovilistas a que entren al establecimiento para que él pueda despachar más galones y con ello mejorar su productividad. O será que el empleado de una telefónica para mejorar su sueldo tiene que ingeniárselas para embaucar a los clientes y estafarlos con servicios no requeridos ni prestados, de manera que el empleador sienta que ese trabajador sí está incrementando su producción.

No se puede gobernar al país con mentalidad de maquileros y eso es lo que estamos viendo en la gestión oficial. Las maquilas pagan a los trabajadores sobre la base de productividad y muchos de los empleados tienen que trabajar más de doce horas diarias para obtener un salario decoroso. El descuido a la familia, no digamos los problemas de salud, salen sobrando porque el trabajo es, ni más ni menos, que una mercancía y quien lo ejecuta no es visto sino como una máquina que tiene que rendir al máximo y consumiendo el menor combustible, es decir, comiendo lo menos y satisfaciendo el mínimo de sus necesidades.

No todo trabajo se puede hacer a destajo y por lo tanto tienen que existir mecanismos de protección, sobre todo en épocas de crisis, para compensar la pérdida de poder adquisitivo de las personas. No podemos ser indolentes frente a la realidad de que el guatemalteco está viendo menoscabada su calidad de vida porque cada vez puede adquirir menos con sus ingresos. Tampoco podemos pasar por alto que el nuestro es, de por sí, un pueblo empobrecido que ya se mantiene en niveles de subsistencia y cualquier disminución de su capacidad para satisfacer necesidades significa que ni siquiera esos precarios niveles puede mantener.

El éxito del estadista depende de su capacidad para entender y comprender la realidad social y por lo visto en Guatemala, al preferir empresarios a estadistas en la gestión pública, nos hicimos el haraquiri.


Fuente: www.lahora.com.gt - Nota editorial


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