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El huracán permanente
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 25 de octubre de 2005

Al comentar la situación de violencia que se vive en el país, el Cardenal Rodolfo Quezada Toruño dijo ayer que eso es peor que los huracanes que nos han afectado, en alusión sin duda al carácter permanente de la inseguridad que afecta a todos los guatemaltecos. El escandaloso hecho de la fuga de los reos más peligrosos de la “cárcel de alta seguridad” conocida como El Infiernito, viene a ser una especie de guinda más para un pastel atiborrado por la persistencia de hechos de sangre de todo tipo y calibre, sin que las autoridades hayan logrado contrarrestar de manera efectiva la ola delincuencial.

Cierto es que el problema tiene profundas raíces y que viene de mucho tiempo atrás, pero lo cierto del caso es que existe una puntual obligación del Estado para garantizar la vida de los habitantes del país y su seguridad que no se cumple ni por asomo porque, tristemente, en las condiciones que actualmente vivimos no se tiene ninguna certeza de que uno no será víctima de alguna de las tantas manifestaciones del crimen, sea éste organizado o anárquico.

El problema no tiene visos de solución porque el Estado no puede implementar acciones preventivas ni acciones represivas en el marco de la ley. Si acaso, existen ejecuciones extrajudiciales que pretenden eliminar a los delincuentes mediante la implementación de escuadrones de la muerte que operan con tanta impunidad como lo hacen los otros criminales, pero todos sabemos por experiencia que ello nos hunde más en una espiral de violencia sin que el tema sea debidamente resuelto.

No existe una autoridad capaz de investigar los crímenes con eficiencia para lograr que los delincuentes sean debidamente sancionados ni tenemos un Organismo Judicial capaz de aplicar sanciones de acuerdo con lo que la ley establece, en parte porque los entes encargados de formular la acusación nunca aportan suficientes pruebas. Y por si fuera poco tan grave falla por el lado del castigo y la represión al delincuente, tampoco existen políticas sociales que tiendan a evitar la incorporación de los jóvenes a las pandillas que constituyen uno de los mayores factores para incrementar la inseguridad generalizada.

Si sumamos la cantidad de muertos que semanalmente deja la violencia, tenemos que entender que el Cardenal Quezada tiene toda la razón cuando dice que la violencia es peor que los huracanes porque su daño es tremendo y persistente. Al menos la temporada de lluvias y huracanes ha de terminar en pocas semanas, mientras que la temporada de violencia parece ser tan eterna como solía ser antes nuestra afamada primavera.

Fuente: www.lahora.com.gt - Nota editorial - 241005


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