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¿Qué será peor?
Por la dirección editorial de La Hora - Guatemala, 27 de octubre de 2005

Cuando vino el huracán Stan, fue evidente que destapó para mucha gente la vulnerabilidad del país causada por la pobreza extrema que afecta a la población, hecho que no por conocido ha llegado a calar hondo en la conciencia de todos los guatemaltecos. Y vimos, además, la fragilidad institucional para responder con eficiencia ante la catástrofe, al punto de que ni siquiera el Ejército que antaño tenía la logística para reaccionar en forma inmediata ante situaciones de emergencia, pudo hacer algo en los primeros días porque ni la Fuerza Aérea ni el cuerpo de ingenieros pudieron desplazarse por las mismas condiciones climáticas.

Pero no sabe uno si es peor esa evidencia sobre la debilidad estructural e institucional del Estado guatemalteco o la que magnifica el sistema carcelario que se encuentra en verdaderos trapos de cucaracha. Se ha hablado mucho en los últimos tiempos de la condición de Estado Fallido de nuestro país, pero posiblemente nada sirve para ilustrar de manera tan gráfica y dramática la situación como esos dos hechos recientes: tanto el huracán y sus devastadores efectos sobre la gente más pobre como la fuga de los presos, fueron hechos suficientes para destacar de manera brutal la crisis de las instituciones.

Y es bueno reflexionar sobre el tema, porque la verdad es que por desprestigiado y vituperado que esté el Estado, necesitamos de él y en las condiciones en que está el nuestro, prácticamente ha sido inutilizado. Porque no es una cuestión de deterioro natural, sino que obedece a todo un esfuerzo que se ha venido haciendo para reducirlo a su mínima expresión en aras de privilegiar a lo privado frente a lo público y la consecuencia es ese debilitamiento tan abultado que lo hizo del todo inoperante.

Creemos que es tiempo de hacer un esfuerzo por repensar el Estado de Guatemala para superar esa etapa de Estado Fallido y pasar a la de un Estado que sin necesidad de ser grande, sea lo suficientemente vigoroso como para ser eficiente en el cumplimiento de sus fines esenciales que podríamos centrar en dos grandes áreas: procurar el bien común y garantizar la vida y la seguridad de las personas. Cierto que en ambos casos se trata de rubros demasiado amplios que requieren puntualizar cómo concretarlos, pero cabalmente en ello estriba el éxito de la redefinición de nuestro modelo de Nación.

Honestamente creemos que tanto la crisis de seguridad como el escándalo de la pobreza que desnudó Stan y que, inexplicablemente, sorprendió a muchos guatemaltecos, son producto de la inexistencia, para efectos prácticos, del Estado de Guatemala. No hay que darle muchas vueltas al asunto para entender que no vamos a ningún lado y que el cambio tiene que ser profundo.

Fuente: www.lahora.com.gt - Nota editorial - 261005


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