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Rechazo manifiesto
Por la dirección editorial de La Hora - Guatemala, 5 de noviembre de 2005

El viaje a la América Latina del presidente George Bush de los Estados Unidos ha provocado una ola de reacciones violentas en Argentina que apenas tienen parangón con las que hace muchas décadas causó un viaje del entonces vicepresidente Richard Nixon, durante la presidencia de Eisenhower. Y se puede afirmar que Bush está cosechando lo que sembró en América Latina durante todo su mandato, puesto que el descuido hacia esta región y la utilización de algunos gobiernos que actúan como verdaderos títeres de Washington, le está pasando una costosa factura.

En efecto, de todos los gobernantes que han actuado alineados con Bush y sus propuestas para manipular el ALCA a favor de Estados Unidos, sólo el de Colombia puede considerarse como relativamente popular, mientras que el resto son Jefes de Estado que, como el mismo Bush, están mal calificados por sus mismos electores.

Cierto es que siempre el Imperio genera ese tipo de reacciones en los países que son víctimas de las variadas formas de imperialismo y que en ese contexto no puede considerarse que las protestas contra Bush sean algo del otro mundo. Pero hay que ver que Estados Unidos, desde la desaparición de la Unión Soviética, ha asumido un papel hegemónico absoluto y que bajo la administración del actual presidente se ha erigido en gendarme de la humanidad, con derecho a calificar o descalificar a los gobiernos y pueblos de todo el mundo. La guerra contra el terrorismo ha demostrado al mundo que el cacareado régimen de legalidad de Estados Unidos no se aplica ni tiene vigencia para ciudadanos de otras naciones que no sólo pueden ser torturados impunemente, sino hasta asesinados si así lo decide la Casa Blanca.

Y el tono grosero que ha usado el Gobierno de Estados Unidos para gobiernos constitucionales como el de Venezuela, abona para que los pueblos y gentes con vocación de libertad y sentido de la dignidad, rechacen con energía la presencia del Cónsul Imperial en la parte más grande y más olvidada de América. La parte que para muchos norteamericanos no es América sino que, en todo caso, el traspatio de su propia América.

El gobierno de Clinton, que si bien no se distinguió por privilegiar la relación con el resto de América, no generó esos niveles de repudio y rechazo que despierta Bush. Y es que indudablemente que si hay un prototipo del Americano Feo magistralmente descrito en la literatura, es obviamente el actual inquilino de la Casa Blanca, quien no tiene empacho en actuar con prepotente arrogancia como si no sólo fuera Presidente de Estados Unidos, sino amo y señor del mundo entero.


Fuente: www.lahora.com.gt - Nota editorial


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