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Emigrar o enrolarse
Por la dirección editorial de La Hora - Guatemala, 15 de noviembre de 2005

Para muchos jóvenes guatemaltecos la falta de oportunidades es patética y los coloca en una terrible disyuntiva: son demasiados los que tienen que decidir entre viajar de mojados a Estados Unidos en busca de su futuro o enrolarse en una de las tantas pandillas que proliferan como respuesta a ese frustrante clima de desesperanza que es tan generalizado en un país que fracasa al no poderles ofrecer a sus habitantes siquiera la ilusión de un futuro mejor que es posible mediante el esfuerzo y el trabajo.

El ideal en toda sociedad es que sus miembros tengan acceso a mejores condiciones de vida como producto del esfuerzo y la capacitación. Ha sido el eterno sueño del hombre y todos queremos ver a nuestros hijos viviendo mejor que nosotros, por lo que es frustrante un sistema en el que el pobre parece condenado a morir pobre porque los privilegios se acumulan para unos pocos y la mayoría de la gente no tiene siquiera la esperanza de mejorar con el trabajo. Salvo muy contadas y raras excepciones, quienes nacen dentro de los sectores marginados no pueden superarse y por ello no extraña que nos hayamos convertido en un país exportador de su mejor recurso, el recurso humano, ni que seamos un país plagado por pandillas.

Porque quien se queda en Guatemala encuentra que el crimen ofrece acaso la única oportunidad. Cierto que es riesgosa y que la vida puede ser muy corta para quienes escogen ese terrible camino, pero según el testimonio de muchos de los que se enrolan en las pandillas, prefieren una breve existencia cargada de emociones y con el poder que dan las armas, a una larga vida languideciendo en esa eterna pobreza que ha marcado a sus padres.

Es tiempo de que los guatemaltecos nos detengamos a pensar qué país hemos ido construyendo (o destruyendo, según se quiera ver), al punto de que coloquemos a nuestros jóvenes en tan terrible disyuntiva. Y especialmente quienes gozamos de los privilegios y quienes vivimos en condiciones que pueden considerarse como ajenas a esa generalidad de carencia de oportunidades, hagamos un esfuerzo por entender que es inviable un país como el nuestro y que hace falta un serio esfuerzo de solidaridad y compromiso para cambiar las cosas.

Nos quejamos de la inseguridad, de la violencia y del crimen organizado, pero si no ofrecemos a nuestra juventud una ilusión y oportunidades para alcanzar una vida digna como producto del trabajo y el esfuerzo, imposible esperar que las pandillas desaparezcan o disminuyan. La represión puede contener el problema, pero el caldo de cultivo está allí y tarde o temprano hemos de cosechar las tempestades.

Fuente: www.lahora.com.gt - Nota editorial


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