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Colombianización
Por la dirección editorial de La Hora - Guatemala, 23 de noviembre de 2005

De los giros idiomáticos impuestos por la realidad, el de colombianización de un país es el que se refiere al tránsito hacia el Narcoestado marcado por la violencia y tristemente el nuestro está en esa ruta si no es que ya se encuentra en los estadios más peligrosos del fenómeno. Porque parte de la colombianización es la cooptación del Estado que hacen los carteles del narcotráfico para asegurar su impune operatividad y casos recientes, como el de la captura de los jefes de la sección de policía encargada de la lucha antinarcótica y los señalados vínculos entre jefes militares y los traficantes, indican que esa situación se da y con creces en nuestro país.

A ello debe sumarse que no disponemos de legislación adecuada para enfrentar el problema de la droga porque nuestra ley penal no incluye muchas de las sofisticadas formas de asociación que ha ido generando el tráfico de estupefacientes. En Guatemala existe un serio problema político adicional, puesto que tenemos instituciones partidarias débiles en organización y para ganar elecciones en este país lo que hace falta es una fuerte inversión económica.

Eso abre las puertas para que el crimen organizado en general y la corrupción política y el narcotráfico en particular, puedan entrar con poder en influencia en las campañas políticas, asegurando desde antes de la elección del Presidente la impunidad necesaria. Y por supuesto que los partidos políticos y sus diputados no están interesados en legislar para transparentar el origen de los fondos de campaña y se puede pensar que por la misma razón tampoco endurecen las leyes sobre el narcotráfico.

Lo cierto del caso es que la existencia de sicarios es evidente, que el tráfico de drogas se ha extendido y generalizado haciendo del país el puente perfecto para llegar al Norte y que la sociedad se está terminando de prostituir por la existencia de ese flujo de dinero fácil que trasciende los límites del crimen organizado y termina atrapando a las mismas instituciones públicas.

Es urgente que como sociedad reparemos en la difícil situación que se vive y que principie una fuerte presión para obligar a los legisladores a tomar en cuenta la experiencia ajena para tipificar como corresponde aquellos delitos "novedosos" asociados con el tráfico de estupefacientes. Lo peor que podemos hacer es resignarnos a que Guatemala sea un Narcoestado, porque si como Estado ha fallado y es incapaz, como Narcoestado es obvio que está cumpliendo con los fines específicos que se trazaron quienes escogieron a nuestro país como puente para lanzar sus operaciones de trasiego de estupefacientes.

Fuente: www.lahora.com.gt - Nota editorial


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