Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Pobre adulto mayor
Por la dirección editorial de La Hora - Guatemala, 2 de diciembre de 2005

El veto a la Ley de protección al Adulto Mayor, que establecía beneficios para quienes no gozan de ninguna cobertura social, era algo que se veía venir porque el Gobierno dijo desde el principio que no existía fuente de recursos para cubrir esa obligación. Llama la atención, de entrada, que el Estado sea tan insensible ante el problema de los ancianos y que, en cambio, esté siempre tan dispuesto para cumplirles a los que formaron las Patrullas de Autodefensa Civil de tan ingrata recordación.

Porque no tiene sentido que el Estado sí tenga recursos para asignarlos a indemnizar a los ex PAC y que, en cambio, no tenga para permitir una migaja de dignidad a los ancianos del país; duele ver que diputados, magistrados y procuradores se embolsan millones en indemnizaciones inmorales, mientras que no hay ni un centavo para atender las necesidades de los ancianos que han dejado su vida en un país desinteresado por su futuro.

Los argumentos del Gobierno pueden ser técnicamente correctos, pero son moralmente incorrectos porque mientras se derrochan recursos en gastos que son repudiables, no se destina dinero a lo esencial que es, en este caso, una mínima pensión para quienes están desprotegidos porque el país no se ha ocupado nunca de tomar en cuenta la condición de vida de sus viejos.

Por ello no podemos sino decir que pobre nuestro adulto mayor, porque el dinero del Estado que no se usa en inversión no está para atender sus penurias. Si acaso, sirve para que los funcionarios públicos puedan vivir a cuerpo de rey y retirarse a cuerpo de emperador, lo cual es ingrato desde todo punto de vista. En las sociedades más desarrolladas, el anciano recibe un trato especial y preferente porque se le reconocen sus aportes para la construcción de la riqueza nacional. En nuestro caso esa consideración no existe ni de manera remota y el viejo es condenado a vivir de la caridad.

Ante esa situación, nacionalmente tendríamos que percibir un sentimiento de indignación no sólo porque eventualmente todos queremos llegar a viejos, sino porque todos tenemos padres que en la edad mayor merecen un trato digno. Merecen que su vida de esfuerzo sea compensada con elementales condiciones que les permitan vivir sus últimos años sin sobresaltos ni penas.

Pero resulta que aquí no sólo trabajaron sin recibir la compensación más justa, sino que ahora, cuando están en la vejez y el retiro, la mayoría no tienen ningún ingreso ni para la compra de las carísimas medicinas que se hacen más necesarias cuando el paso del tiempo ha minando los órganos vitales. Es una tristeza y una pena lo que vemos y este veto demuestra que para Guatemala, su recurso humano no vale y es desechable.

Fuente: www.lahora.com.gt - Nota editorial


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.