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Que lo devuelvan
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 6 de octubre de 2007

Cuando algunos empresarios hablan del "milagro chileno" en alusión a los cambios económicos impuestos por la dictadura de Augusto Pinochet, pasan por alto el costo que tuvo ese pretendido fenómeno sobrenatural que permitió al país sudamericano presentar mejores indicadores que el resto de una región que se debate en la miseria, pero que no llega, ni por asomo, a colocarse aún a la altura del primer mundo.

Sin embargo, ahora sí podemos hablar de un auténtico milagro chileno, con la captura de la parentela y de los cómplices que sirvieron a Augusto Pinochet para saquear al Estado porque con ello sí que Chile está dando un ejemplo digno de imitar, al proceder sin contemplaciones contra la viuda, los hijos y quienes desde puestos de gobierno facilitaron el saqueo millonario que se produjo a la par de las transformaciones que los Chicago Boys impulsaban aprovechando la represión del gobierno, porque muchas de esas medidas tuvieron un altísimo costo social que hubiera provocado muchas convulsiones si se hubieran intentado en democracia.

En otras palabras, la dictadura chilena sirvió para realizar los cambios de ajuste estructural que eliminaron políticas sociales y privilegiaron el mercado, pero también para que nadie se atreviera a cuestionar los manejos financieros del general que, como la mayoría de los dictadores, iba haciendo sus "ahorros" mediante el envío de millonarias sumas a bancos del extranjero donde fue amasando la fortuna mal habida. Y tras su muerte, sus herederos pensaron que no sólo Pinochet había pasado a mejor vida sino que también ellos porque la justicia dejaría de fastidiarlos y al mejor estilo latinoamericano, con toda impunidad podrían gozar del dinero saqueado al erario público.

No deja de ser paradójico que al final el juicio de la historia terminó siendo severo con Pinochet pero no por asesino sino por ladrón. Como mató en nombre de una ideología y, mal que bien, el suyo fue el bando de los triunfadores, el apartado de su brutalidad no cobra mucho relieve. Pero su corrupción fue la mancha indeleble que marca para siempre al apellido que algunos pronunciaban como el del salvador de Chile. Ser Pinochet ya no es motivo de orgullo sino de vergüenza porque el apellido está ligado a la corrupta actitud del viejo que supo engañar con su hipocresía al pueblo chileno durante buen tiempo. Y ahora, para que el milagro sea total, sólo falta que se despoje a sus herederos del dinero mal habido. Entonces sí que podremos hablar del milagro chileno y admirarlos con toda justicia porque esto deberá ser ejemplo para que otros pueblos sepan exigir a los ladrones que paguen su culpa penal y que, además, reintegren al pueblo el dinero mal habido.

Fuente: www.lahora.com.gt - 051007


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