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¿Hace falta más prueba?
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 20 de octubre de 2007

La existencia de un régimen de impunidad en Guatemala, país que se ha convertido en paraíso para que cualquier delincuente sienta que puede actuar con la mayor libertad porque nadie paga por lo que hace, es algo que no demanda mayor prueba porque de manera cotidiana lo vemos y corroboramos. Pero por si hacía falta alguna prueba, el caso del Banco del Café viene a ser ilustrativo, porque en ese caso es evidente que los socios accionistas de la entidad que defraudó a muchos clientes que les confiaron sus ahorros en la entidad fuera de plaza, no sólo se benefician de la inercia de la impunidad que podemos considerar como "normal", sino que además gozan de la protección de las estructuras del Estado que no mueven un dedo para capturarlos.

El sufrimiento de miles de personas que confiaron en las expresiones del entonces Presidente del Banco de Guatemala, Lizardo Sosa, y en el Superintendente de Bancos, Willy Zapata, en el sentido de que el Banco del Café era una entidad sólida y que no debían temer absolutamente nada, es impresionante y ahora vemos que tanto esos dos funcionarios como los socios de los bancos viven tranquilos, gozando unos de jugosa pensión, otros de jugoso sueldo y otros de jugosas ganancias producto de la estafa. En otras palabras, hay víctimas pero no hay victimarios porque nuestro sistema no deduce responsabilidades ni a los hechores materiales e intelectuales de un crimen, ni a las autoridades que tenían el deber moral y la obligación de velar por la seguridad de los depósitos.

Es más, hay que decir con absoluta y rotunda franqueza que Sosa y Zapata indujeron a muchas de las víctimas al afirmar que no había nada que temer y eso sirvió para que los clientes mantuvieran su confianza en una entidad que, como se comprobó pocos meses más tarde, no podía solventar sus obligaciones con la cliente y hubo de ser intervenida y salvada con la utilización del FOPA.

Un año después el caso judicial no avanza porque no hay sujetos a los cuales deducir la responsabilidad. Se capturó, como siempre pasa, a unos cuantos gatos que no eran los peces gordos y éstos, mientras tanto, se gastan tranquilamente el dinero mal habido sin que les inmute el sufrimiento y las penas de aquellos que se atuvieron ante las explicaciones de los funcionarios de la banca central y de la Superintendencia de Bancos.

¿Duda alguien del régimen de impunidad existente en el país y de las desgracias derivadas de esa falta de justicia? Un año de calvario para los clientes de la entidad fuera de plaza que fueron estafados es la mejor prueba de que aquí el crimen paga, y paga muy bien si quienes lo cometen son de cuello blanco y gozan de la amistad de los influyentes personajes de la política, de la prensa y de la contaminada sociedad del jet set.

Fuente: www.lahora.com.gt - 191007


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