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La cuna vacía
Por la redacción de La Hora - Guatemala, 21 de noviembre de 2007

La presión de los cabilderos en contra de una ley de adopciones que impida el negocio de la venta de niños y, por consecuencia el robo de menores de edad para ser traficados, ha sido de tal magnitud que pese a la condena unánime, los diputados se han revestido de un cuero enorme para no aprobar esa legislación que sería una salvaguarda para nuestra niñez y que daría más consistencia y peso a la adopción como un noble procedimiento para ayudar a los niños sin hogar y a los padres que no tienen hijos o que quieren cobijar a hijos adoptivos.

Ayer se produjo una peculiar protesta en la que una cuna vacía fue el elemento dominante para destacar el drama que viven muchos hogares a los que les han robado a sus hijos. Todos los padres de familia, incluyendo a los inhumanos diputados que van a recibir su indemnización antes de aprobar la ley de adopciones, tienen que entender el drama que significa para cualquiera el robo de uno de sus hijos. Posiblemente no hay crimen más cruel que este porque siempre hemos considerado que el secuestro es terrible por las secuelas emocionales que deja en la víctima y sus familiares, pero en el caso del robo de un hijo se sabe que es de carácter definitivo, que el niño será vendido y trasladado a otro país donde sus padres adoptivos nunca sabrán que ellos también fueron víctimas del engaño al hacerles creer que se trataba de un menor abandonado o sin padres.

Es cierto que existe una gran demanda de niños para adopción y que ello hace que los menores se conviertan en una mercancía apreciada y realmente cara. Por ello es que muchos en Guatemala viven del negocio de las adopciones que algunos fervorosos defensores del mercado señalan como algo lógico y hasta encomiable en la forma en que ocurre porque es una muestra de cómo es que el mercado es el gran factor y no faltan los que se oponen a regulaciones que normen el proceso de la adopción porque consideran que es atentar contra esas, para ellos, sacrosantas normas del mercado.

Y es absolutamente cierto que los niños dados en adopción, en su gran mayoría, viven en condiciones que para sus compatriotas se convierten en envidiables, porque tienen garantizado su futuro con acceso a niveles de vida muy superiores a la media nacional, educación de primer orden y bienestar de primer mundo. Pero aun sabiendo que un niño robado puede llevar una vida así, separarlo de sus padres para permitir que algún notario cobre elevados honorarios en dólares es un crimen que merece el mayor castigo y los diputados no pueden, si tienen un ápice de decencia, postergar por más tiempo una ley que será impedimento para esos negocios ilícitos.

Fuente:www.lahora.com.gt - 201107


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